Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Lo afirma quien no quiere ofender. Es el pensamiento políticamente correcto. Casi todo el mundo lo dice. Sostienen que cada uno tiene su punto de vista y que todo depende del cristal con que se mire. Las frases que comienzan con el "para mí" o el "yo creo que" están como blindadas, son como castillos inexpugnables en los que cada cual se guarece de los ataques dialécticos del vecino. Es como si cualquier barbaridad o cualquier sandez fueran perfectamente sostenibles con tal que alguien diga estas palabras mágicas. El modo de pensar que defiende la inexpugnabilidad del "punto de vista" no es nuevo en absoluto. Ya hubo un tal Pirrón de Élide (360-270 a.C.) que aconsejaba no decir nunca "esto es así", sino "esto parece así". Razonaba este sabio griego que, cuando las personas se encuentran ante un mismo hecho, se producen distintas opiniones, algunas, incluso, contradictorias. De aquí deducía que la razón no es capaz de conocer la esencia de las cosas, sino solo sus apariencias, las cuales dependen de quién sea el sujeto y de cuáles sean sus particularidades (grupo social, cultura, época, intereses, personalidad, gustos, valores, etc.). En filosofía se denomina a este modo de pensar "escepticismo radical", y es una postura universalmente refutada por los filósofos, científicos, creyentes de cualquier religión, artistas, legisladores, técnicos, padres, artesanos... de todos los tiempos. Baste para mostrarlo el caso particular de los padres: un hijo, pongamos de 13 años, puede tener la opinión de que el mejor alimento del mundo es una hamburguesa y de que sería muy aconsejable establecerle una asignación semanal de 15.000 pesetas, a lo cual los padres contraponen su propia opinión desde el riguroso convencimiento de que el hijo está equivocado y de que ellos tienen razón. ¿Será que estos padres son unos dogmáticos, esto es, unos tiranos de pensamiento? No lo parece, como diría Pirrón. Yo, en cambio, digo simplemente que no.

¿Estamos locos o qué? ¿De cuándo todas las opiniones son igualmente válidas? ¿Qué hay de sensato o insensato en esta filosofía que me atrevería a calificar de "feudalismo del pensamiento"? ¿Será sólo un punto de vista el que voy a exponer aquí? Entonces ¿por qué escribo? ¿Por qué iba nadie a leerme a mí o a cualquier otro que le dé por exponer su particular punto de vista, ya sea de gastronomía, medicina, arte, religión o lo que sea? Lo que aquí se plantea es la capacidad de los seres humanos para razonar colectivamente en busca de la verdad, una verdad que está por encima de los particularismos de cada cual, una verdad que no es un mero "punto de vista privado" sino una luz con la que iluminar el tiempo y la vida de nuestra sociedad. ¿Existe de veras esa luz comunitaria o cada persona tiene una razón privada que ilumina exclusivamente la vida privada de cada cual?

La primera aclaración es que una sociedad libre se distingue de una represiva en que nadie tiene derecho a imponer su particular visión de las cosas sobre los demás. No puede haber dictaduras de ningún tipo, o sea, que nadie puede "dictarnos" como si fuéramos incapaces de componer por nosotros mismos. Ya sea en el terreno religioso como en el científico, el artístico o el filosófico, no podrá "decretarse" la obediencia a opiniones particulares de nadie. Cuando vayamos a escuchar lecciones, sermones, dictámenes o conferencias, nos podremos quitar el sombrero, pero nunca la cabeza. En filosofía se denomina "dogmatismo" a esta actitud que hemos negado y que se puede definir como la creencia inamovible en que nuestras opiniones son absolutamente ciertas. La persona dogmática es incapaz de cualquier crítica, sea propia o de otro, y considera absolutamente falsas todas las opiniones que no coinciden con las suyas. El dogmatismo es la base de los fundamentalismos y fanatismos que tanto daño han hecho a los hombres. En el ejemplo de los padres y su reivindicativo hijo, no es correcto imponer sin dar explicaciones el punto de vista más sensato de los padres con frases del tipo "porque lo ordeno yo" o "porque sí y basta". Por trabajosa que sea la tarea, los padres deberán exponer sus argumentos y hacer ver al hijo lo inapropiado de su opinión. De lo contrario se estará educando en el dogmatismo y en la irresponsabilidad, lo cual es quizá más grave incluso que ceder a las insensatas pretensiones de este hijo del ejemplo.

La segunda aclaración es que no basta con eliminar los dogmatismos para ser libres en sociedad. La existencia de la democracia, la ciencia, la ética, el arte, la religión y todas las demás facetas de la cultura es igual de imposible donde cada opinión es el terreno infranqueable en el que cada cual habita como donde cada cual trata de imponer por la fuerza su criterio a los demás. Por el contrario, la esencia de las sociedades libres consiste, negativamente, en poder debatir, dudar, cuestionar y hasta rechazar las opiniones privadas de cada cual que resulten insensatas o dañinas; positivamente consiste en que cada opinión es legítima, o sea, que nada impide su publicidad y su defensa ante un foro público, y, sobre todo, que nada impide que los debatientes se rindan ante la calidad de las razones que son expuestas. En democracia, por tanto, no vencerán las opiniones que obtengan su fuerza de la autoridad de quien las sostienen, sea o no legítima, sino que vencerán, o mejor dicho, con-vencerán ("vencer en comunidad") las opiniones que muestren mejores fundamentos, las que mejor resistan la prueba de las objeciones, las que más ayuden a clarificar los asuntos de la vida de cada cual y, muy especialmente, la con-vivencia ("vida en común") de todos nosotros. En filosofía esta actitud se denomina "escepticismo moderado" y es, sin ninguna duda, la única postura ética, política, científica, dialéctica y epistemológica en general aceptable. Baste el ejemplo científico: el avance y progreso de las teorías científicas exige, por un lado, la posibilidad de cuestionar los postulados de la ciencia; por otro lado, exige la creencia en que es posible encontrar nuevos postulados que se ajusten más a la realidad objetiva.

Así que recuerden: no sean dogmáticos, no sean escépticos. Hay que vivir en la inseguridad y hay que progresar hacia la verdad. Ni autoridades ni tradiciones. Tampoco puntos de vista inexpugnables. La virtud se esconde en este difícil término medio que hoy hemos buscado. 






 

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