Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
PETRA- (Sirviendo un refresco a la amiga) ¡Vaya sorpresa! ¿Quién iba a esperarte, después de tantos años de no verte? ¿Tal vez siete años? Ya no te acuerdas de las buenas amigas, tú. Pero no quiero que nos enfademos por ello. ¡No, que no! ¡Me hace tan feliz volver a verte! Loli, en este momento eres la persona que más me agrada ver. Tengo unas ganas locas de saber de ti, en qué te ocupas. ¡Seis años sin verte, malvada! ¡Ay, para mí han sido unos años difíciles, Loli. Pero bebe, chica. ¿Quieres unas gotas de vodka, tal vez? No. Tampoco a mí me gusta demasiado. De momento dan como una fuerza, pero después, nada. Nada como un buen vino, chica. Un buen vino catalán joven, suave y perfumado. ¡Perfumado! ¡Joven! Ya ves si estoy loca para hablarte de esas cosas, ahora. (Ríe) Perdona, Loli. No hagas caso de tu vieja amiga. A veces me asaltan deseos de reír y de llorar al mismo tiempo. Me acuerdo de Antonio. ¡Pobre! Le recuerdo mucho. Cada día más y más. Cada día... como si pudiese seguir abrazándome, como si no hubiese muerto. ¡Ya ves lo loca que estoy! (Pausa) Bien, hablemos de cosas más alegres. ¿Te casaste? Sí. Tendrás niños. ¿Dos? Un niño y una niña como es costumbre en nuestra tierra. Eres una mujer realizada. Ser madre. Yo, por más que puse todo mi empeño no lo conseguí. Antonio ya no es de este mundo y si él... ¡Estoy tan sola, Loli! ¡Si Antonio no se hubiese muerto! A él no le importaba no ser padre; me quería tal cual. Yo creo que los hijos le daban miedo. Ya sabes: la limpieza, el cambiar los dodotis, las noches rotas por el llanto de los niños... Y yo, como una tonta iba diciéndole que sí, que tenía razón y que me bastaba con solo su amor. ¡Pero le engañaba a mi Antonio! Los ojos se me iban observando a las criaturas de los demás. Pero no debo hablar mal de Antonio. Hace apenas un mes de su deceso y ya estoy encontrándole defectos a mi pobre. Pero un hijo sí valdría la pena haberlo tenido. Porque nuestro amor ha quedado en nada, en sólo un recuerdo que las noches van borrando poco a poco. Nada queda del amor, Loli. Nada queda de nuestro amor. Como si la vida con él no hubiese sido. ¡Cómo le recuerdo! ¡Y qué falta hace en casa! (Pausa) Porque una mujer sola... todavía de buen ver... Todos me miran como una manzana disponible. ¡Si vieses cómo me miran los hombres! ¡Como si en el mundo no existiesen más mujeres! El otro día Enrique... ¿Recuerdas a Enrique? En su día fue un pretendiente mío. ¡Pero has de recordarle, pues también te amaba a ti! Enrique ¿no?... aquel muchachote alto y delgado pariente de no sé quién. ¡Ah! ¡Ahora caes! ¡Enrique, mujer!... Pues como te decía: hace un par de días llaman al timbre y voy a abrir, y me lo encuentro con un ramo de flores. ¿Caramba, Enrique!, le dije. Iba elegantemente vestido. «Son para ti, Petra». Y dice si le dejo entrar, y yo le digo que vale, y le ofrezco una silla y le preparo un café. «¿Dónde vas tan elegante, Enrique?» -le pregunto. Y él dice que a verme a mí, pues ha de hablar de muchas, muchas cosas conmigo. Cosas serias, asegura. Cosas que pueden decirse a una viuda... Pero sólo a una viuda como yo, seria y formalita. El chico dice que cuente con él para lo que sea, para lo que necesite. Dice «todo» y a ese «todo» le da como un golpe de martillo, como para que no me olvide. Lo saqué del piso, no creas. Ni tiempo de tomar el café le dí. ¡Si todavía no hace un mes que soy viuda y ya!... ¡El sinvergüenza venía a buscarme los suspiros! ¡Ay, Loli, qué indefensas quedamos las mujeres cuando el hombre se nos va! ¡Todo el mundo se atreve con las viudas! (Se seca una lágrima) Nadie tiene caridad para las pobres viudas. Y Enrique me disgustó... Me disgustó Enrique, a quien siempre había considerado un buen amigo, un poco enamorado, claro, pero prudente y caballero. Pues sí, me dio el disgusto. Y aunque lo saqué del piso, no hay día en que no me llame por teléfono pidiendo disculpas. O me hace llevar un ramo de flores. ¡Flores a mí, pobre mujer de veintiocho años que ya no espera nada de la vida! (Pausa). Y es el caso que este hombre me matará, pues desde anteayer no duermo ni como ni doy pie con bola. ¡No puedo sacármelo del pensamiento, Loli. ¡Sueño con él como si se tratara de un vampiro que viene para sorber mi sangre. Y no se la bebe mi sangre, pero siento algo dentro de mí como... como... ¿Qué es lo que siento? Puedes imaginártelo. En fin. Esas cosas. Y es por esto que te digo que este hombre me llevará a la perdición. No más pensando con él siento que vivo. ¡Sueño con él, como si estuviera a mi lado, entre las sábanas! ¿Ríes, Loli? Pues no debes reírte, porque estas cosas son algo dramáticas. Pero hablaré con Enrique y pondré las cosas en su punto. Le diré que es un descortés y que a las viudas no se las sigue, que deben dejarse a su destino. Le hablaré y le diré cuatro cosas. ¡No importa si deja de traerme flores! (Llaman al timbre) Espera, Loli. Es la hora del ramo de flores. Permíteme que te deje sola un momento. (Petra sale y en breves segundos vuelve con un ramo de flores). Ya ves, el hombre insiste. Hoy las trajo él en persona. Quiere hablar, dice. Quiere que salgamos esta noche, el muy atrevido. Para dejar las cosas en su sitio, dice. ¿Qué cosas? ¿Escuchas, Loli? ¿Tú qué harías? ¿Salir con él a ver qué pasa? ¿Esto harías? Pues yo también lo haré, estimada amiga. Para desengañarle, claro. Porque hace tan poco que soy viuda... Le diré cuatro frescas. ¡Si hubiese pasado un par de semanas más la cosa cambiaría, claro! Pero tan pronto, ¿no te parece de mal gusto, Loli?

 






 

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