Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Esta mañana, sábado siete de abril, me desperezaba, aún en la cama, sin prisa por levantarme. Mi mujer, extraordinariamente activa y diligente, había corrido las cortinas y se movía por la casa limpiando y poniendo orden.

Arremolinado entre las sábanas, me proponía, como algo nuevo en mí, alargar la pereza para permanecer un rato más tumbado contemplando el bosque y las montañas enmarcadas en la ventana de mi habitación; el cielo, luminoso unos minutos antes, iba tornándose gris y el viento, invisible e impetuoso, balanceaba los cedros que bailaban sin sentir mi mirada.

Al verme así, vago y perezoso, acroquetado en la cama, sin compromisos para el día y sin tareas importantes que acometer, me pareció ser como uno de los hermanos menores de «El Gran Hermano» y pensé: mala cosa, para empezar el día, verme como uno de ellos. Pero, recuperando mi ser natural, llegó el consuelo. Salté de la cama, bajé a la cocina y, mientras tomaba el primer café del día, hojeaba el ABC. (En otra ocasión contaré las aventuras del ABC para llegar a mis manos en este pequeño pueblo de la Cataluña profunda).

En las primeras páginas encontré, como siempre, las columnas de Carlos Herrera, Ignacio Sánchez Cámara, Juan Manuel de Prada, y escribían, todos ellos, sobre lo mismo, así que supuse que en los días siguientes lo harían también Alfonso Ussía, Antonio Burgos, Jaime Campmany y todas las lúcidas plumas de Iberia. Ellos, sólo ellos, me hicieron desistir de mi propósito, por lo que no escribiré sobre «Gran Hermano» y, en lo sucesivo, me negaré a hablar del programita incluso en las reuniones con familiares y amigos.

Lo que sí quiero es dejar constancia de mi total desacuerdo con el sentido de la frase "Tenemos lo que merecemos", con la que se concluye al hablar de bodrios o de políticos.

Falso. Lo niego. No tenemos lo que queremos, sino lo que nos dan y lo que nos dan, desde hace mucho, es la grosería, la violencia, el sexo burdo y barato, la impertinencia, lo vulgar, lo soez, la mala educación. ¿Quién contesta a un "buenos días"? ¿Quién da las gracias cuando se le cede el paso ante una puerta o al entrar en un ascensor? ¿Quién dispensa un trato respetuoso a los mayores en edad, dignidad o gobierno?

«Gran Hermano» es lo de menos. Si la educación de las gentes fuese otra, su audiencia y la de programas similares, sería cero. 






 

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