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LA VOZ DEL PENSAMIENTO POÉTICO

«Si la libertad tuviera una vida continua seríamos
seres idénticos, pero la libertad, como toda
aparición, se revela por instantes y se pierde. No
podemos olvidarla ni vivir constantemente con ella.
De ahí sus violentas apariciones, sus paroxismos y
también las instituciones que tratan de sostenerla».
María Zambrano


María Zambrano

El pensamiento de María Zambrano es un pensamiento poético no sólo por ser discurso de lo poético y sobre lo poético, sino, ante todo, porque se produce como toda la razón que elige la poesía como forma, es decir, avanza en imágenes. No es casual que el poeta José Ángel Valente dedique a María Zambrano el poema Palabra: «Palabra / hecha de nada. / Rama / en el aire vacío».

Para María Zambrano, toda historia, es, en último término, poesía: «La poesía y la historia todo puede ser uno», afirmaba nuestro Lope.«Entre nuestras maravillosas catedrales -escribía nuestra pensadora-, ninguna de conceptos; entre tanto formidable castillo de nuestra Castilla, ninguno de pensamientos». María Zambrano insiste en esta característica de nuestra cultura: la ausencia de grandes sistemas filosóficos. Al preguntarse por el origen de esta singular peculiaridad, analiza dos sentimientos aparentemente contrarios: la admiración y la violencia, que están en el origen de la filosofía; de estos dos ingredientes nos faltó el de la violencia. El pensador español se dejó vencer del lado de la admiración, dando carácter específico al llamado «realismo español». Es éste un peculiar enamoramiento del mundo. Este desasimiento se ha manifestado bajo las formas de popularidad y dispersión; ambos han producido lo más típico del pensamiento español, que es inaprensible por los métodos propios de la filosofía tradicional. Y así surge un peculiar modo de conocimiento que es la «razón poética». Afirmando como lo «propio de lo español, de la vida española y del hombre que la vive: el imposible, el imposible como único posible horizonte». Ahora bien, el acceso al conocimiento de un pueblo que tiene como meta lo imposible no puede ser otro que la poesía. Y esta razón poética es la que encarna en nuestro pueblo y se manifiesta en su literatura y en su historia. He aquí por qué cuando un español se aparta de su pueblo comete el más grave pecado que puede cometer contra su esencia, cayendo en ser minoría: «En España -decia-, perder la comunidad con el pueblo no conduce a nada positivo, tan sólo a desviar la ruta o estancarse en el escepticismo».

María Zambrano Alarcón nace en Vélez-Málaga, el 22 de abril de 1904. Hija de maestros, la familia ha de trasladarse en 1909 a Segovia. Allí conoce María a Antonio Machado, amigo de su padre. En 1924 completa sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central. Asiste a los cursos de Ortega y Gasset, Xavier Zubiri y García Morente. En 1930, publica su primer libro Horizonte de liberalismo. Es profesora de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, hasta el año 1936. Antes de la fatal guerra civil había colaborado en Revista de Occidente y Cruz y Raya.Tras la rebelión militar del 36 viaja a Chile, donde publica Los intelectuales en el drama de España. Vuelve a España en 1937. En Valencia, se integra en el grupo de escritores de la revista Hora de España, y colabora activamente en defensa de la República.

El 28 de enero de 1939 se encamina al exilio. Como el de tantos otros exiliados españoles, su exilio fue también espiritual. La obra de María Zambrano se ha creado sobre todo en la ausencia. Y hay que señalar todo lo que de injusto silencio y oscurantismo ha rodeado la proyección literaria de María Zambrano y todo el valor cívico de la escritora malagueña en su largo exilio abrazada a su dignidad.

En México es nombrada profesora de la Universidad de Morelia. Publica Pensamiento y poesía en la vida española y Filosofía y poesía. En 1940 es nombrada profesora de la Universidad de la Habana. Dicta cursos en la Universidad de San Juan de Puerto Rico. En Buenos Aires aparecen El pensamiento vivo de Séneca y La agonía de Europa. En 1946 marcha a París donde reside hasta el 1949. De regreso a América, reside en la Habana. En 1953 se traslada a Roma donde vive hasta 1964. Obtiene el Premio Literario Europeo de Ginebra por su ensayo Delirio y Destino.

En 1964 se retira a vivir a una casa de campo junto a un bosque del Jura francés. Publica varios libros: España, sueño y verdad, El sueño creador, La tumba de Antígona y Claros del bosque. En 1978 se traslada a vivir a Ferney-Voltaire. En 1979 publica Homenaje a Pablo Iglesias. En 1981 le es concedido el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes en 1988. La escritora malagueña muere en Madrid en 1991.

Decir que María Zambrano es una escritora necesaria no es un elogio, sino una primera medida de valoración objetiva. Si María Zambrano se hubiera callado, algo profundo y esencial habría faltado, quizá para siempre a la literatura española.

«La síntesis personal de Ortega y Unamuno -decía José Luis Aranguren- es perfecta en María Zambrano». Jorge Guillén nos dijo: «Nadie más independiente que esta dama que no se deja proteger. No es rebeldía. Es libertad».






 

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