Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

muerte1En «Arena y Cal» del pasado febrero di a conocer hechos singulares y grandiosos ocurridos a personas en la Isla. Hoy voy a recordar otras circunstancias, también singulares, de las que se hizo eco la prensa local, referidas a «muertos resucitados», porque la antigua Villa de la Real Isla de León está siempre en la brecha sobre sucesos fuera de serie, algunos de tipo fúnebre que paso a reseñar:- El Padre Melitón, capellán de la Armada y párroco en la Casería de Ossio, se fue retirado a Burgos donde residía su familia. Allá por la década de los 60 dijeron al corresponsal de «Diario de Cádiz», entonces D. Gaspar Fernández de León, que dicho sacerdote había fallecido; y sin asegurarse de la veracidad de la noticia publicó el triste suceso, con frases muy elogiosas para el antiguo capellán castrense, que gozaba de muchos afectos en toda la Zona Marítima del Estrecho.

El envío de pésames a la familia burgalesa fue numeroso, dando origen a una llamada telefónica al corresponsal en los siguientes términos: «Don Gaspar... ¡Soy el Padre Melitón, que todavía vivo!» La rectificación fue inmediata.

-Otra noticia publicada por Don Gaspar (que le facilitó un alumno de la Escuela de Suboficiales recién llegado de Cartagena), fue la de la muerte de un isleño, Capitán de Sanidad de la Armada, que vivía retirado en aquella población. Al enterarse éste de tan fúnebre mensaje, me escribió una carta que decía: «Mi querido amigo Quintín, quisiera saber quién fue el hijo de la gran p. que facilitó a D. Gaspar la información»... Otra rectificación urgente del corresponsal.

Allá por la última veintena del pasado siglo desempeñaba el cargo de jefe del Arsenal de la Carraca un Almirante, que a su prestigio profesional unía dotes de simpatía singulares. Su apellido coincidía con el de otro marino residente en Cádiz. La escritora y poeta isleña Soledad Lozano leyó en la prensa la noticia del fallecimiento de una señora vinculada al apellido del Almirante y se apresuró a darle el pésame al Jefe del Arsenal, cuando en realidad la noticia se refería a la del almirante residente en Cádiz. Pasan los días y Soledad se encuentra con el residente en la Carraca, que iba acompañado de su mujer, y éste le dice con el empaque alegre que le caracterizaba: «Soledad, aquí te presento a mi difunta esposa»...

Cierto día tuvo lugar un entierro, que, con el coche fúnebre y sus cuatro bolicheros, iba recorriendo por una calle detrás de la Iglesia Mayor para emprender su marcha al cementerio. De pronto el supuesto muerto elevó al cielo una de sus manos, sembrando el desconcierto de los acompañantes, uno de los cuales, con aspecto agitanado, salió corriendo a la vez que gritaba descompuesto: «¡El muerto es un vivo!»

Y finalmente quiero recordar a los lectores el hecho ocurrido a un tripulante del «Juan Sebastián de Elcano», que llegó a oficial de la Armada y residió en la Isla. Durante un fuerte temporal del buque escuela, con olas que alcanzaban varios metros e impedían el desembarco de botes de auxilio, uno de sus hombres fue arrebatado por las aguas y arrojado al mar de forma violenta. Se le daba por desaparecido, cuando otro golpe de mar le devolvió al buque, donde pudo agarrarse fuertemente a una de las drizas, salvando así su vida milagrosamente.

Esto es todo, amigos, y que el Señor nos libre durante muchos años del tránsito definitivo hacia el último destino de nuestras vidas.







 

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