Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
A mi papá le van a nombrar Rey. Así lo ha dicho, apenas se levantó de la cama, porque está harto de ser un don nadie. Lo de don nadie siempre se lo dice él, pues es así de taciturno y mamá le quita esa idea de la cabeza y le dice que es el mejor hombre del mundo. Pero papá está cansado de ir como un trotamundos buscando ahí y allá un empleo que le confirme como todo un hombre.

Un hombre sin trabajo digno no es nada, asegura, y cuando se encuentra sin trabajo -que es casi siempre- se le entristece la mirada y de su boca salen las maldiciones como si fuesen lagartos de cola larga.

Mi mamá le calma siempre, con esa sonrisa tan dulce de miel, y le dice que no se haga mala sangre, que a un día le sigue otro y en cualquier momento puede encontrar un trabajo que lo dignifique.

Pero papá está hasta el moño de tan nefastas perspectivas y dice que ya, ya, pero que para él no se inventó nada bueno. Con todo esto en casa impera siempre el caos. Con el sueldo de mamá apenas si alcanza para que papá se tome una cerveza todos los domingos, cuando mamá le ofrece su mano con todo el amor del mundo. La bondad de mamá está ahí, ofreciéndose toda, sonriente siempre, confiando en papá y en su encuentro con la suerte.

Y es por esto que hoy, cuando papá ha dicho que le iban a hacer rey, le ha besado y le ha preguntado si se encontraba bien y si tenía fiebre; y ha sido papá quien le ha confirmado lo de ser rey y que de ahora en adelante nuestras cosas mejorarán y que podrá tomarse una cerveza todos los días, y por lo de la cerveza dijo que iba a ser rey, y mamá le respondió que bueno, que fuese lo que le diese la gana, pero sin importunar a los demás.

Porque para ser rey papa debía tener el apoyo de los vecinos además del nuestro con el que ya contaba, y para conseguir el apoyo de los vecinos empezaría hablando con Willy que era hombre historiado y con su apoyo iniciar conversaciones.

Ser rey entusiasmaba a papá; era como si de repente hubiese descubierto los misterios de la vida para colocárselos en la mano y mostrárselos a todo el mundo. Mamá y yo le escuchábamos como huidos, como un ignorante escucha las lecciones de los maestros. De todas formas ni mamá ni yo queríamos decirle a papa que la cosa no sería fácil y que eso de los reyes era algo desconocido en nuestro país de fábula, cosa de algunos leídos solamente.

Pero esas explicaciones importaban poco a papa, porque para él bastaba con proclamarse rey. Se le veía tan entusiasmado que incluso mamá llegó a creerse semejante inventiva.

Mamá, tan llena de seriedad, tan dada a la realidad en que estábamos sumergidos, dijo que bueno, que si quería ser rey que no se contuviera y que para ella ya era su rey desde que se conocieron.

Y le dio un beso en la frente y en los labios y papá dijo que para ser rey le bastaba con tan poco y que desde aquel instante nadie era más rey que él, ni nadie lo merecía tanto.

Y así se acabó con su manía de ser rey, y cuando al fin encontró un trabajo estable que le permitía tomarse una cerveza cada día, en casa sólo imperó la felicidad.

Y ya nunca más se volvió a hablar de ser rey, porque ya lo era.

 






 

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