Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
No sé bien porqué me empeño en esta perpetua tarea de amarte y descubrirte, a ti que siempre te muestras callada y ausente, con esa frialdad tuya, inaccesible, que hiela mi semblante. Sin embargo, no me avergüenza admitir que vivo sometido a tus caprichos de amante esquiva, que te rendí mi culto y mi perseverancia hace ya tanto tiempo que ni siquiera puedo recordarlo.

Cuando me acerco a ti, con el cándido temor de un niño, tú, siempre imperturbable y altiva, me rechazas como si mis manos sólo pretendieran enturbiar la pulcritud de tu hábito. Si yo tan sólo quiero teñir tu soledad de novicia con los colores brillantes de la vida, y acunarla durante las noches azules de mi mundo. Si mi única voluntad es vestirte de mí para que seamos uno. Si recorrerte, que es darle un sentido a mi existir, también es dárselo al tuyo.

Me miro en el espejo de tu misterio para hallarme, y sólo veo un cofre cerrado, dentro del cual comulgan tus secretos y los míos. Te acaricio con el respeto del amor más puro, mientras sufro de tu indiferencia y espero, humildemente, algún vestigio de piedad... Sabes bien que atravesar el albor de tu cuerpo, lograr que mi amor viole tu entereza, es de las pocas dichas que para mí existen. Lo comprendes, y pareces disfrutar, una y otra vez, contemplando la impaciencia del anhelo que te aguarda.

Cuando al fin el tiempo y la pasión, mis cómplices y aliados, te rinden en mis manos, permites que te recorra con el febril afán de mi vehemencia, y veo cómo te entregas, lentamente, con el pudor de una amante virgen. Voluntariamente, te desvistes de tu vacío para llenarme, aún sabiendo que tu indulgencia es el final de tu vivir inmaculado…Cómo no iba yo a amar tu inimitable y extraña generosidad…

Algunos días, a solas contigo, te percibo aún más casta que otras veces, y me limito a contemplarte. Te imagino en un universo fantástico y lejano, más allá de la nada, luchando con magistral aguante contra ejércitos de musas que pretenden seducirte y reducirte, mientras tú te resistes a convertirte en su esclava. Nadie, y mucho menos yo, puede reprocharte tus huelgas de silencio, tu resistencia sin pecado… impecable. Porque ceder a la ardiente elocuencia de las castálidas, no sólo es perder tu libertad, sino que también significa tu suicidio. Por eso, impasible y firme en tu belleza, inmensa y blanca como un valle cubierto de nieve, tardas en rendirte bajo sus cálidos soles que quisieran también ser los míos. Aunque la lucha te lleve hasta la muerte, nadie te privará del innato don del renacimiento, y a veces pienso que quizás sea esa magia que te preserva inmaculada y guerrera, la que me somete, me reclama, y al mismo tiempo me estremece.

Quiero que sepas que, durante cada uno de nuestros encuentros, aunque maldiga tu magistral intransigencia, créeme que comprendo que te muestres hermética y arisca, porque siempre que logro que te sometas a mí, cuando al fin te rindes y te entregas, acabo pensando que no eras más que una simple hoja en blanco.







 

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