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Estoy muy triste. Sé de muchos escritores, o aficionados como yo, algunos con gran calidad para esto de la pluma -no como yo- que nunca conseguirán ver sus obras en las estanterías de los comercios del libro.

Muchos se pasean de editorial en editorial, pidiendo entrevistas, dejando originales y oyendo, una y otra vez, eso de «lo sentimos, no encaja en nuestra línea editorial». Pero, hete aquí, que sin saberse el por qué, sin conocer al quién y sin motivos aparentes, una editorial, Planeta para más señas, organiza ésta semana (mediados de junio cuando esto escribo) una campaña en pro de Ángela Becerra. Memoricen el nombre, quizá llegue a ser famosa y, tal vez, hasta buena escritora, pero no he conseguido de ella referencia alguna. Nadie, en el mundo literario, la conoce. Persona jamás hubo que la situase entre las poetisas de nuestro tiempo, pero llegó Planeta y llena los periódicos de reseñas. Hasta en mi correo electrónico aparece una carta, de un remitente desconocido, en la que me habla de ella (nota de prensa, claro)

«Ángela Becerra deja la publicidad para dedicarse a la poesía». Éste es el título de un recorte que hora tengo en mis manos. Decía que estoy triste y es cierto, pobre Ángela Becerra que va a dedicarse a la poesía, claro que de la mano de Planeta. Y sigue la nota: «Tuve un gran éxito profesional y llegué a ser vicepresidenta creativa, pero llevaba un traje en el que no estaba cómoda». Continúa: la colombiana Ángela Becerra (Cali 1957) cambió el mundo de la publicidad por el de la poesía para escribir «Alma abierta», un poemario con escritos que parten de la protesta hacia ese ritmo de vida que sufrió durante tanto tiempo. Empezó a escribir versos en las servilletas durante las comidas y afirma que su libro «enseña a vivir».

Entren en Internet, grupo Planeta, busquen el libro y deléitense con la reseña. En resumen, no hay citas de la autora, ni biografía, tan sólo una sinopsis del libro, el número de páginas (176) y su módico precio de dos mil seiscientas pesetas. Yo pediré dos por si me hacen un descuento.

Querida Ángela, creo que cambias un traje incómodo por la desnudez, un trabajo, seguramente rentable, a la vista del cargo alcanzado, por las miserias de la poesía y un gran éxito profesional por la incertidumbre de las letras, pero eso sí, estoy seguro de que tu libro, como tú afirmas, «nos enseñará a vivir». Es justo lo que estaba esperando.

No es por nada, pero, dime, ¿cómo entró Planeta en tu vida?






 

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