Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Llega el verano y la posibilidad de viajar me llena de inquietud. ¿Dónde iré?, ¿qué me será posible conocer? Nos dice el diccionario que el viaje "ha obedecido siempre a necesidades materiales o espirituales"; yo, rápidamente, me pongo a pensar e intuyo que este año mi destino viajero ha respondido a ambas premisas. Fui buscando materia tangible en la forma de los conocimientos que se iban a impartir en un curso de la universidad alemana de Ulm, y fui a llenar mi persona como obligación incesante de esa asignatura siempre pendiente que es el vivir y como deber indispensable del buen viajar. Este enriquecimiento personal se produjo por algo que me pareció a mí, en un principio, se debía más a motivos económicos, fue el alojamiento de los asistentes al curso en casa de familias alemanas y por la intención de la universidad de hacernos participar en la marcha normal de su sociedad. Esta circunstancia ha contribuido a derribar uno de los grandes tópicos que permanecen alojados en el subconsciente colectivo y que hizo que algunos me avisaran, días antes de mi marcha, de que tres semanas eran muchos días para convivir con la frialdad de los alemanes.

Transcurrida la estancia en el país europeo me reafirmo en mi idea de que es posible encontrar gente de todos los caracteres y gustos "aquí y en Pekín", porque tampoco es mi intención aseverar que allí todo el mundo es bueno, aunque debí tener la suerte de haber encontrado de lo mejor. Me invitaron a compartir sus mesas, me hicieron partícipe del curso diario de sus vidas y sus hogares, y me hicieron sentir como en mi propia casa.

También ratifico el juicio de que el clima, aparte de dar distintas tonalidades a cada raza, es un gran determinante de nuestra manera de ser y forma de vivir. No podemos pedir nuestro mismo genio y costumbres a personas un tanto introvertidas y hogareñas a causa del duro y largo invierno que azota sus vidas y que los obliga a estar la mayor parte del día en sus viviendas. Nosotros, pasamos gran parte de nuestro tiempo en la calle o desarrollando actividades de convivencia con los demás, lo cual no nos limpia de toda mancha, pues muchos nos achacan cierta inclinación al "falserío" o hipocresía. Por esta razón, los hogares germanos son la residencia acogedora donde se han de cobijar durante casi todo el día; la decoración, las flores y los tonos cálidos son comunes en casi todas las casas.

Y la afición musical me pareció una genial manera de llenar su tiempo. Por otra parte, el clima los hace moverse con más desenvoltura y a las tres de la tarde, en pleno mes de julio, marchan a ritmo alemán (fíjense que éste se mueve con mucha celeridad, pues en la autopista no tienen límite de velocidad, debe ser para probar las cilindradas de los motores que fabrican). Los españoles que estábamos allí, para nuestro horror, demandábamos un corto intervalo de sobremesa o de siesta, porque, aunque allí no sufríamos nuestro calor, son costumbres que tenemos enraizadas en nuestra forma de ser.

Me impactó también la honda huella que dejó en los ciudadanos la cruenta Segunda Guerra Mundial, y que yo, al tener la suerte de conocerla sólo de películas, pensaba que era algo del recuerdo, como aquí nuestra Guerra Civil. Los alemanes que la vivieron se han convertido en perfectos guardadores de los valores de la tolerancia. Ignorante de mí, desconocía la existencia de un órgano, el Landeszentrale, al cuidado del mantenimiento de la democracia en la construcción política de los estados federales. Como siempre, advierto que el peligro se cuela de manos de una juventud ajena al dolor y sufrimiento que un día el pueblo alemán vivió.

Estas son las impresiones más humanas que me ha causado el pueblo alemán y que justifican la existencia, pese a todos los caracteres distintivos, de una única especie humana. Han sido mi verdadero descubrimiento personal; hermosos y verdes paisajes, preciosos pueblos del más típico sabor alemán y grandes ciudades casi carentes de personalidad propia, sabía yo que me iba a encontrar, me gusta verlos en libros, documentales y, por supuesto, al natural, pero han sido estos pequeños hallazgos los que han dado a mi viaje un color y un sabor muy especiales.






 

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