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LIBROS E INVESTIGACIÓN

Seat 600
La década de los 50 significó un período de dinamización, de cambio. En el panorama literario de la época surgió una nueva generación, de hombres y mujeres nacidos entre los años 20 y 30, que dio una interpretación del mundo y de la vida distinta a la de los lustros anteriores. Así, la guerra se convirtió en el telón de fondo de algunos de estos escritores (Antonio Ferres, Juan Goytisolo, Ana Mª Matute, Rafael Sánchez Ferlosio...); pero no les preocupaba directamente, porque ellos no la sufrieron como sus antepasados. Les interesaban, sobre todo, los problemas económicos y políticos de la posguerra.

el coyoteMuchos escritores de la época cultivaron un tipo de literatura que podemos llamar de urgencia, porque se acercaba y denunciaba la realidad en sus aspectos más negativos.

La literatura asumió el papel de la radio y de la prensa. Había muchos problemas en ese momento de los que, por razones de censura, la prensa o la radio no podían hablar, pero sí la novela o la poesía, que podían plantear estos problemas, porque los lectores eran pocos, y a los autores se les permitía que dijesen ciertas cosas, vedadas a los medios de comunicación de masas y al teatro.

corin telladoLas novelas -sus autores- se comprometieron moral y políticamente. A esta corriente literaria se la ha llamado "Realismo Social" y ocupa, en límites cronológicos, desde 1951, fecha de la publicación de La Colmena, de Camilo José Cela, hasta 1962, en que Luis Martín-Santos publicó Tiempo de silencio.

Por otro lado, la pobreza de medios existentes en España llevó a muchos investigadores a emigrar a otros países más preparados, especialmente Estados Unidos.

El ejemplo clarísimo de ello lo tenemos en Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina en 1959 por sus investigaciones en Bioquímica.


CINE, RADIO Y HUMOR

Las necesidades del pueblo español se habían ampliado sustancialmente porque ahora ya era posible comer, aunque no fuese el magnífico bocadillo de jamón serrano que hacía palidecer de envidia a cualquier Carpanta español, mientras leía las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín.

La década de los 50 supone el triunfo del cine en tecnicolor. Los domingos por la tarde, las buenas gentes, que no iban al fútbol, se agolpaban en los cines de barrio para, entre calores y olores, asistir al NO-DO de turno y deleitarse-identificarse con las dos horas de película protagonizadas por Mario Cabré o Alfredo Mayo, los galanes españoles más guapos, o por las folclóricas españolas de más prestigio, Paquita Rico a la cabeza, o fabular -los más atrevidos- sobre los posibles cortes de Gilda, o llorar y enternecerse con un Pablito Calvo bueno y candoroso en Marcelino Pan y Vino.

rmadridLa España de charanga, pandereta y toros -el malogrado Manolete, los Vázquez, Domingo Ortega y el joven Luis Miguel Dominguín- daba la alternativa a otro espectáculo de masas: el fútbol. Las ondas radiofónicas vibraban de emoción cuando Matías Prats, padre, retransmitía un partido de fútbol -nunca cuajó el término balompié-. Él, como nadie supo hacerlo nunca jamás, elevó a la categoría de mitos o de dioses a los jugadores del momento, Gaínza, Gonzalvo y Zarra, entre otros. Aún hoy se recuerda el maravilloso gol de Zarra que batió récords en el Mundial de 1950.

La radio, pues, seguía siendo el principal medio de comunicación de masas y no sólo en lo que al fútbol se refiere; sino en otros muchos ámbitos. Por ejemplo, la Cadena SER, la de más audiencia, lanzó los seriales de la tarde de Guillermo Sautier Casaseca, interpretados por Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Juana Ginzo, Teófilo Martínez, etc... y precedidos por la sintonía amiga de la marca patrocinadora, Cola-Cao:

Yo soy aquel negrito
del África tropical,
que cultivando cantaba
la canción del Cola-Cao.

miguel gilaY, para toda la familia, en forma de hada madrina, de liberadora de pobrezas, Cabalgata, con Bobby Deglané como presentador y figura singular que revolucionó el mundo de las ondas, del espectáculo radiofónico. Por el programa pasaron toda clase de invitados, folclóricas, deportistas y cómicos. Cómicos tan relevantes como Miguel Gila, el Gila. Gila, serio, con su teléfono y su tristeza tan española fue el representante de toda una clase media agobiada por el incipiente consumo, fue el representante de un amplio sector de la sociedad española de posguerra.

valderramaLa música también se filtraba por la radio. El mambo y la raspa se bailaban, se cantaban, producían alegría y nostalgia a la vez. Las canciones seguían en pie para denunciar que aún había diferencias sociales, para clamar sobre amores trágicos e ilícitos, para reproducir la tristeza de los emigrados o para recordar que "madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle", como entonaba Juanito Valderrama.

Entre todas las voces, una voz masculina ocupó esta década y se retiró en los 60. Es Antonio Molina, el joven moreno de pelo ensortijado y ojos oscuros que, con sus canciones y películas reflejó una época de la historia de España. Su voz llena de modulaciones traspasó a toda una antonio molinageneración de españoles que sufrieron con él por penas de amor, por vaivenes de la vida, por injusticias sociales, por muerte de hijos en películas como Soy minero, La hija de Juan Simón, El Cristo de los faroles o El pescador de coplas.

En cuanto a la cultura infantil es inevitable hablar de Walt Disney. El cine, los cromos, los libros, los álbumes hablaban de este mago del dibujo animado. Sus personajes desembarcaron en España a la vez que lo hiciera, ponemos por caso, Gary Cooper. Son seres que hicieron y hacen las delicias de niños y mayores: Dumbo, Mickey, Bambi, Donald, Pluto, las versiones de "Blancanieves" o "El libro de la selva". Todos ellos son creaciones almibaradas que nos hablan de un mundo afectuoso, amable e inexistente y que, pese a algunos detractores, siguen exhibiéndose en cines y televisiones. No hay ninguna Navidad que no cuente con alguna película de Walt Disney en la cartelera.

 
DE LOS 60 A LOS 70

la codornizLa década de los 60 supuso una etapa de prosperidad y optimismo a nivel europeo. En España fueron años de relativo bienestar social y económico. Los sucesivos gobiernos de signo tecnocrático trataron de dinamizar el desarrollo del país y, para ello, se apoyaron en el capital extranjero y en los beneficios que se obtenían por el turismo.

En cuanto a la política, se intentó dar al régimen una imagen menos autoritaria. El gobierno formado en 1962 fue el encargado del aparente cambio. Fraga Iribarne, ministro de Información, fue pieza indiscutible en la época. Se implantaron la Ley de Prensa de 1966, la Ley Orgánica del Estado de 1966, la Ley de libertad religiosa de 1967 y, en 1969, la proclamación del príncipe Juan Carlos como sucesor, a título de rey. Sin embargo, las diferencias entre los mismos miembros del sistema, puestas en evidencia con el "asunto Matesa", dieron lugar a un nuevo gobierno, constituido a finales de 1969, el "gobierno monocolor", integrado, entre otros, por Carrero Blanco y López Rodó. A finales de 1973, el régimen del general Franco entró en un irremediable declive, que culminó en diciembre de 1973, con el atentado de ETA que costaría la vida a Carrero Blanco. Dos años más tarde, en noviembre de 1975, moría, después de una lenta agonía, el caudillo.

 
LOS FELICES AÑOS 60

En los 60 culminan aportaciones o "inventos" fraguados a finales de los 50: el Seat 600, la televisión y el turismo. El 600 vino a sustituir al biscúter y, pronto, llenó las carreteras españolas y se convirtió en accesorio indispensable para todo español medio. La televisión también llegó, efectivamente, y, a los coros y danzas del primer programa en los estudios del paseo de La Habana, se sucedieron toda una serie de telefilms que prolongaban el "milagro americano": Perry Mason, Bonanza, Los Intocables, El Fugitivo, Los Invasores, etc. Ya no estaba de moda la autarquía, el autoabastecimiento. Ahora lo que importaba era la comunicación con el occidente europeo, atraer a todos los turistas que se pudiese para venderles la imagen de "Spain is diferent" a base de paseos en burro por la costa, sol -mucho sol-, corridas de toros, espectáculos flamencos, calamares fritos, paella y tortilla de patatas.

Es la década del "Contamos contigo". Había que animar en alguna empresa común a los jóvenes que no habían vivido la guerra y empezaban a educarse en la libertad. No podían ser soldados, pero sí sanos deportistas o célebres campeones. "Cesta y Puntos" encarnó este ideal. La libertad, no obstante, era otra cosa. Libertad era dejarse el pelo largo, al estilo de cuatro jóvenes de Liverpool -The Beatles- que causaron estragos entre las fans cuando llegaron a España. Libertad era cortarse la falda por encima de las rodilla y volver a casa cuando había expirado ya aquello de "a las diez en punto".

En algunos países europeos se fue mucho más lejos y se cuestionó todo un sistema de valores. En mayo del 68, se inició en las calles de París lo que ha dado en llamarse la "revolución de mayo". En la otra Europa, en Praga, casi estalló la primavera, sesgada violentamente. En ambos casos era mucho lo que se ponía en tela de juicio y hora era también de que a España llegasen los ecos de esas últimas oleadas de protesta. Los cantautores se las tuvieron que ver con la censura para poder decir lo que pensaban de la situación. Raimon, Serrat o Paco Ibáñez jugaron con aquello de que "a buen entendedor, pocas palabras bastan". En un tono menos trascendental, más frívolo, "Los Sírex" se atrevieron a cantar, todo lo fuerte que podían, aquello de:

masielSi yo tuviera una escoba,
si yo tuviera una escoba,
si yo tuviera una escoba,
cuántas cosas barrería.

Por su parte, Massiel causó una conmoción en el país al ganar el Festival de la Eurovisión en el 68. Era una manera de entrar en Europa, aunque fuera a ritmo de "La, la, la".

La España eterna no había desaparecido, al contrario, gozaba de buena salud. Manolo Escobar se convirtió en el ejemplo de toda una clase social que quería ascender, medrar como él. Demostró que la voluntad lo era todo y siguió cantando a la madre, a la novia, a la vida y a la Patria.

El Dúo DinámicoDécada provechosa en cuanto a música pop, todo un descubrimiento para los jóvenes del momento. Los cancioneros se multiplicaron y dos muchachos, con chaleco rojo, Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, se hicieron los reyes de los guateques. "El Dúo Dinámico", a ritmo de twist y casi de rock compartía las ilusiones de la juventud. Y, por si fuera poco, seguían los niños prodigios, Marisol, Ana Belén y Rocío Dúrcal llenaron las pantallas de historias dulces y tiernas, y otro prodigio, no tan niño, vino a representar al español de los 60: Raphael, que no sólo nos hablaba de él -"Yo soy aquel"-, sino que nos recordaba que la Navidad seguían siendo un periodo entrañable pese a la oleada consumista.






 

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