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Siempre deseó recibir un premio en cualquier cosa, pues nunca jamás le había caído en suerte nada. De hecho, estaba muy alerta a todos los números premiados que se efectuaban en toda clase de sorteos en que participaba, que no solían ser muchos. Aquel día salió temprano de su casa para dirigirse a resolver unos papeles en el Banco, sobre el crédito personal que le habían concedido; cuando se percató del voluminoso paquete que se hallaba sobre la acera de forma un tanto extraña.
Le vino a la memoria, instantáneamente, la recomendación por los medios de comunicación, del deber de poner en conocimiento de la autoridad todo paquete sospechoso de poder contener posibles explosivos o algo similar.

Quedó en la duda si debía hacerlo o no. Al fin sólo se trataba de un paquete un poco raro que, al parecer, alguien había dejado fuera del contenedor de basura cercano y que no había querido depositarlo donde debía. Pensó también que podía tratarse de basura, pero no, nadie tira a la basura un paquete envuelto en tela y en parte cosido. No creía hubiese sido fruto de un olvido al ser tan voluminoso, y al parecer pesado, más bien parecía haber sido abandonado por eso mismo, aunque ésto se hallaba fuera de toda lógica.

No deseaba que se diesen cuenta del interés despertado en ella por dicho paquete, por lo que hizo como si esperase uno de los autobuses de las dos líneas que por allí pasaban y observar detenidamente a su alrededor cuanto aconteciese.

Estando alerta de la suerte que correría el paquete -ya que su curiosidad e imaginación no tenían límites- tuvo la suerte de entablar conversación con varias personas que más tarde al llegar el autobús la dejaban, según ella, esperando el de la otra línea.

Una señora de cierta edad, con ganas de hablar de todo, le refirió que no se adaptaba a vivir en estos tiempos de despilfarro y desvergüenza; aunque comprendía que quienes han nacido en la época de abundancia no quieren oír de aquellos tiempos de escasez. Le comentó que había nacido en la postguerra y la vida resultaba muy dura entonces. Gracias a que llegó su autobús, subiendo y alejándose de ella sin darle tiempo a decirle donde se dirigía, pues de haber dispuesto de él seguro que le cuenta su vida.

Pasaba el tiempo, y un autobús tras otro, sin que ella se moviese de la parada. Cada persona que llegaba entablaba conversación con ella, teniendo ocasión de oír innumerables opiniones bajo diferentes puntos de vista. El tema más tocado se refería a la seguridad ciudadana, cosa que al parecer, todos cuantos esperaban el medio de transporte habían sufrido en alguna ocasión un incidente. Un hombre de mediana edad, que al parecer no tenía ninguna prisa, dejando pasar los autobuses sin tomarlos, le habló del extraño paquete dejado cerca de la parada y que le infundía sospechas de tratarse de algo peligroso, dudando si llamar a la policía, examinarlo, o echarlo dentro del contenedor con la basura, y que por ello no se había movido del sitio. Ella no dijo que estaba allí por el mismo motivo sino que esperaba a una amiga para resolver un asunto de suma importancia para las dos y que se estaba retrasando en demasía, que seguiría esperando cuanto tiempo fuese menester. El hombre se dirigió a un cercano bar, poniendo en conocimiento de la autoridad el abandono de dicho paquete, volviendo al lugar de donde partió, comentándole que esperaría el resultado de la llamada.

Sin mucha tardanza acudieron varios vehículos policiales con una gran parafernalia de sirenas y luces, desalojando a los vecinos de los edificios cercanos, acordonando el lugar y cerrando el tráfico rodado y el paso de personas. Acudieron gran número de periodistas y cadenas de televisión para informar del acontecimiento. Ella no perdía detalle de cuanto ocurría pero al mirar a su alrededor no consiguió ver al hombre que había efectuado la llamada.

Tras laborioso trabajo y paciencia, las fuerzas de seguridad se retiraron sin que nadie de los presentes pudiese ver el contenido del paquete pues al llegar lo ocultaron tras los vehículos para no ser visto por los curiosos, obligados a retirarse a cierta distancia por motivos de seguridad.

Nadie pudo informar de qué se trataba. No hubo comunicado oficial por parte de nadie siendo numerosas las protestas por todos los medios de comunicación desplazados al lugar, con los gastos que ésto conlleva, para no poder informar a la opinión pública como es su deber.

El lugar fue despejado y todo volvió a la normalidad.

Pasado un tiempo se dio de bruces con una amiga que hacia mucho tiempo que no veía y que la última vez que se vieron se hallaba muy ilusionada con los preparativos de su boda.

Le refirió la odisea del fin de sus relaciones; le comentó que no se llevó a cabo por el que iba a ser su suegro, un "bicho" sabes, me pidió relaciones sexuales, fíjate que barbaridad. Cuando me negué, tras amenazarme, juró que no me casaría con su hijo y que iba a ser "sonado".

No se sabe qué ocurrió con mi ropa, pues desapareció sin que nadie, hasta ahora, sepa a donde ha ido a parar.

¡Premio! Ella y sólo ella, más el "bicho" que iba a ser el suegro de su amiga, sabían el motivo de tanta alarma aquel día. El paquete contenía un vestido blanco de encaje y larga cola junto al velo, tocado, guantes, zapatos y demás complementos que pensaba lucir su amiga en el día de su boda.

Lo sabía, pero no podía revelar la fuente de su información.








 

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