Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Quizás la primera estación debería ser el Otoño. Con cada final de verano siempre he sentido que algo moría. La alegría de un amor de esos intensos y fugaces, como un olor a mar y un sabor a caramelo de visita breve por nuestros sentidos. Alguno de esos amores que llamamos de verano sin saber muy bien porqué ha de ser tan corto lo que durante algunas lunas pareció profundo. Sí, siempre he sentido que con el verano culmina algo importante, y que la nostalgia del otoño no es más que el eco externo de nuestra propia melancolía.

Hoy, un día de primeros de septiembre, sentada en una estancia que fue mi nido durante el pasado invierno y que seguirá siéndolo en el próximo, miro hacia atrás y veo mis olas muriendo en la orilla de otro verano. La playa muerta bajo las huellas talla 28 de mi hijo, irrecuperables, congeladas en el desfallecimiento del tiempo que nunca vuelve. Su risa estrellándose con el rugir del mar, ese mar irrevocable y permanente que volverá a recordarnos lo fugaz que es el estallido de una risa, lo leve que es la boca de cuatro años de la que surgió.

Siempre empieza algo en septiembre. La vuelta al colegio de nuestros hijos, la suscripción a un curso de inglés por correspondencia, los nuevos coleccionables del quiosco de la esquina, el talante bronceado y jovial de nuestro jefe, síntoma de su propio y renovado buen propósito. Hemos pasado todo un año luchando, desgastando la clavija del despertador, viviendo ese lunes que espera al viernes, agarrando el viernes que teme al lunes. Después, vino la recompensa, el descanso, nuestro reflejo en un espejo de ocio que siempre parece devolvernos juventud. Apresamos los días como si nos pertenecieran y nos llenamos de sol, de montaña, de aire, de playa… Nos envolvimos en lunas cálidas y salimos a pasear por las horas desveladas del disfrute.

Y ahora algo comienza de nuevo. El verano es como un fin de semana muy largo y septiembre es el primero de los lunes. En realidad el año debería empezar ahora, y no en enero. Porque cuando tomamos las uvas del 31 de diciembre, aún queda mucho invierno por delante. En pocos días tiramos a la basura el papel arrugado de los regalos, volvemos a meternos en los atascos de enero, y parece que nada hubiera cambiado. Las mismas prendas en los armarios, la misma estación, las mismas caras, con los mismos gestos. Porque la luz y el sol ejercen sobre nosotros un mayor efecto que el ya obsoleto espíritu navideño, que casi nadie se cree…

Pero no quisiera dejaros con el sentimiento de nostalgia que hoy fluye de las teclas de mi ordenador; quisiera recordaros y recordarme, que todo fin marca un comienzo, y que todo lo que empieza es nuevo y, por lo tanto, tiene la capacidad de ser atractivo… ¿Recordáis lo bien que olían nuestros libros del colegio cuando acababan de llegar de la tienda?

Intentemos sacarle un agradable aroma a este nuevo septiembre.







 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep