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Los datos contenidos en este breve trabajo sobre la vida de Don Pedro Téllez Girón, tercer Duque de Osuna, han sido extraídos en su mayor parte, de la obra «El Gran Duque de Osuna y su Marina», del capitán de navío e historiador naval Don Cesáreo Fernández Duro, miembro de la Real Academia de la Historia. Este destacado marino, autor de muchas obras, como veremos más adelante, escribió también la «Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón», tratado de nueve tomos; una obra de gran interés tanto para los marinos como para toda persona amante de las cosas del mar.

Debió ser para Fernández Duro tan interesante la vida del tercer Duque de Osuna que, dedicándole un capítulo en la obra anteriormente citada, y pareciéndole escasa la referencia, investigó más prolijamente sobre la vida de Don Pedro Téllez Girón, formando la mencionada al principio que abarca prácticamente toda la vida del Duque desde su primera acción militar hasta su muerte.

A continuación expongo la biografía de Don Cesáreo Fernández Duro.

Nace en Zamora el 25 de Febrero de 1830. En 1 de marzo de 1845 ingresa en el Colegio Naval de San Fernando como aspirante de la primera promoción del recién inaugurado centro. Guardiamarina en 1848, estuvo embarcado en el bergantín «Ligero», a bordo del cual asistió al combate contra los piratas de Joló. En 1856, aún de alférez de navío, es designado profesor del colegio. Como teniente de navío a bordo del vapor «Ferrolano», tomó parte en la guerra de África dc 1859-l860. En 1862 formó parte de la expedición de Prim a México. Por sus servicios en Cuba, se le concedió en 1869, la graduación de coronel del Ejército. Destinado a Canarias para el levantamiento de cartas hidrográficas, su tarea alcanzó idénticos éxitos que las realizadas por sus predecesores Fernández Navarrete y Vargas Ponce.

Entre sus obras se cuentan cerca dc cuatrocientas memorias, biográficas, obras náuticas, de derecho marítimo descripciones, etc. De muchas de ellas manifestó Novo y Colson -otro marino e historiador naval de prestigio- que eran monumentos literarios de la historia. A manera de ejemplo citaremos algunas: «Gran Duque de Osuna y su Marina» «Conquista de las Azores» (1583), «Viajes regios por mar en el transcurso de quinientos años» «La carta de Juan de la Cosa», «Buques coraceros antiguos y españoles» «Armada Invencible», «Colón y Pinzón» «Arte Naval» «Naufragios de la Armada Española» «Disquisiciones náuticas» que fue traducida al alemán. La obra de más actualidad para consulta de historiadores navales es «Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón» en nueve tomos, vulgarmente conocida por «Armada Española»

Como capitán de navío fue ayudante de Alfonso XIII. Entre las academias a que pertenecía se cuentan la de Historia y Nobles Artes de San Fernando, la de la Habana, etc. En 1892, cuando se celebró el cuarto centenario del descubrimiento de América, se utilizaron sus investigaciones para hacer una reconstrucción de la Nao «Santa María» Falleció en Madrid el 5 de junio de 1908. Su nombre figura en el Panteón de Marinos Ilustres


LA MARINA DEL TERCER DUQUE DE OSUNA

Don Pedro Téllez Girón, Tercer Duque de Osuna, conocido por «El Grande», nace en dicha ciudad el 17 de Diciembre de 1574 (según partida de bautismo obrante en el archivo de la colegiata). Fueron sus padres Don Juan Téllez Girón y su prima Doña Ana María Velasco, hija de un Condestable de Castilla. El entonces Virrey de Nápoles, su abuelo, el primer Duque de Osuna, lo llevó consigo a Nápoles siendo aún un niño. Cuando regresa a España domina el italiano y el latín, que le había enseñado el docto humanista Andrés Savone. Entre sus naturales disposiciones sobresalía por poseer una prodigiosa memoria como acredita el siguiente hecho: En 1585, todavía en Nápoles, cuando aún no contaba once años oyó un sermón a un fraile franciscano. Al día siguiente el predicador fue invitado a comer a casa de su abuelo. Pedro le repitió el sermón íntegra y literalmente. En Salamanca siguió los estudios de matemáticas elementos de Arquitectura y Mecánica, Fortificaciones, Humanidades, Geografía e Historia, al mismo tiempo que ejercitaba en las armas, equitación y otros ejercicios corporales, más estimados entonces que las letras por la nobleza. El abuelo deseaba que el joven saliese «caballero de capa y espada». Las aspiraciones de Pedro se dirigían a la vida militar y de campaña, que inauguró cuando sólo contaba dieciséis años de edad, marchando de su casa para unirse a las fuerzas con destino a sofocar el levantamiento de Aragón de 1591.

Al terminar la represión, que fue breve, marchó a París en compañía del Duque de Feria, embajador extraordinario. Allí reunió una extensa biblioteca sobre temas de historia, que trajo a España. Después pasó a Portugal, desde donde escribió a Don Fernando Velasco una extensa carta de impresiones y juicios. Este es el primer escrito suyo conocido.

Con dieciocho años de edad era popular en Sevilla por los desórdenes y alborotos que cometía en unión de otros jóvenes de su edad. Su padre a pesar de las amonestaciones y reprimendas, no lograba frenarle. De genio muy vivo, amigo de bromas y francachelas, era sin embargo valiente «hasta más allá del arrojo», como le había calificado uno de sus biógrafos. Tanto es así que Cristóbal Monroy Silva, basándose en la turbulenta juventud del Duque, publicó después de la muerte, una obra titulada «Las mocedades del Duque de Osuna».

En las postrimerías del siglo XVI, fallecidos Felipe II y su padre, entra Don Pedro en posesión de la grandeza de España con los títulos de Tercer Duque de Osuna, Segundo Marqués de Peñafiel, Séptimo Conde de Ureña y otros señoríos. La vida licenciosa que lleva en esta época le dio fama de liberal y aun de libertino. Por su conducta había sido desterrado de Sevilla y había sufrido prisión en Arévalo y en Peñafiel.

En 1593 contrae matrimonio con Doña Catalina Enríquez de Rivera, hija del Duque de Alcalá y de Doña Juana Cortés, que lo era del conquistador de México.

Como simple soldado se enrola en los famosos Tercios de Flandes, con cuatro escudos de paga al mes. Era generoso con sus compañeros, quedando a las ordenes del capitán Diego Rodríguez, del tercio del maestre de campo Simón Antúnez, hasta que el marqués Ambrosio Spínola le encomienda el mando de dos compañías de caballos que había de sostener a su costa. Para esta acción se le había conferido el empleo de coronel general.

También estuvo el duque a las órdenes del general Federico Spínola, hermano del marqués, general de la escuadra que había zarpado de Lisboa el 9 de Agosto de 1602, y a quién el rey había encargado fuese con seis galeras y un tercio de infantería española a enfrentarse con los rebeldes de Holanda que pretendían ser dueños de aquellos mares. Durante la navegación apresó un bajel inglés que dejó en la Coruña y continuando al canal de la Mancha, encontró a la armada enemiga muy superior en unidades; trató de forzar el paso y le hundieron las galeras «San Felipe» y «Lucero», ahogándose la mayor parte de sus dotaciones; las otras cuatro, pudieron alcanzar los puertos de Flandes, donde rehízo y reforzó la escuadra con otras cuatro galeras, quedando así formada: la «Capitana», en que iba por segundo Aurelio Spínola; la «Patrona», que mandaba Cristóbal Valenzuela, la «Española», con Pedro Ordóñez; la «Fama» al mando de Juan Martínez de Gendola; la «Ventura», con Bartolomé Ripolí; la «San Juan» con Hernando de Vargas; la «Santa Margarita» de Lesa de la Rocha, y la «Doncella», de Cristóbal de Menguía. Las fuerzas embarcadas de infantería ascendían a 1.130 hombres.

El 5 de Mayo de 1603 zarpó la escuadra en busca de la armada enemiga, que estaba a la boca del puerto, cañoneándose por espacio de dos horas, con perdidas humanas por ambos bandos. Para despedir el combate abordó Spínola a la nave capitana enemiga y, teniéndola casi rendida y muerto el almirante holandés, le sorprendieron en medio dos navíos adversarios cañoneándole a una y otra banda. Una bala le llevó la mano derecha, otro proyectil le dio en el estómago. Con el rostro completamente destrozado vivió cerca de una hora. La galera logró desasirse y reunirse con las otras. Hubo 414 muertos y muchos heridos, pues las tropas apiñadas ofrecían buenos blancos al adversario. Un bajel resultó incendiado. Los holandeses sufrieron la perdida de 720 hombres y el hundimiento de una nave. La perdida mas sensible por parte española fue la del general Federico Spínola.

(Continúa el próximo número)







 

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