Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
PETRA.- Nunca acabaré de entender a las mujeres. Somos difíciles, ¿vale? ¡Pues no debería valer! ¿O es que usted es también de las que cree que las mujeres somos retorcidas? ¡Ni que nos hubieran fabricado las brujas! ¡Que no! Pero algo... algo extrañas sí somos, tal vez. No. No cuentan la verdad los escritores que escriben sobre nosotras, que nos presentan como un espejo de misterios. ¡Si nadie es tan transparente como nosotras! ¡Si somos tan dulces y angelicales, las mujeres! ¿Eh, me siguen? ¡Pues no! ¡Los escritores que nos muestran como perversas y crueles están en su derecho! ¡Qué bien que nos conocen, los infelices! Nadie como ellos ha metido sus narices para interpretarnos! ¡Crueles somos, sí señores! Y por esto y porque confío en que están en lo cierto, digo que todavía no comprendo a las mujeres, ni nunca terminaré de entenderlas. Y no es porque yo sea una mujer difícil. Nada de esto. Al menos no me considero una mujer con problemas, ni quiero que los demás vean en mí a una mujer difícil. Pero difícil y crueles sí somos, amigos. (A una mujer del público) Crueles, repito, señora. ¿O es que usted no tiene la misma opinión de su suegra? ¡Las suegras, Dios, qué invento tan horrible! (Pausa) No hubiese querido tratar sobre este tema, pero me obliga ser generosa con quienes las padecemos. Las hay buenas, claro, pero yo jamás di con ninguna. Tuve tres, a lo largo de mi paseo por el matrimonio, y las tres fueron fieras y arrogantes. Y no es que fueran malas, sino que cumplían con su deber. Tenían algo de repulsivas, eso sí, pues mentiría si en ponerme en su ayuda no fuese clara y contundente. Pero las suegras han de ser repulsivas ¿vale? Y las torna así por aquello del amor que han tenido, y por la grandeza que les confiere ser las madres de los gorditos. Es la revancha que se toman por haber sido maltratadas en su día y esto las disculpa. Pero las disculpa muy poco. Sólo un poquito. O casi nada. (A la misma señora del público) ¿Es usted suegra o sufre de suegra? No es lo mismo ejercer de suegra que sufrir de suegra, repito. Al principio de los principios las futuras suegras son dulces como la miel, tienen dulces besos, palabras dulces y promesas dulces. «Tú y yo seremos buenas amigas» dicen. Y ríen, satisfechas. Hi, Hi, Hi, Hi. Y nosotras nos sentimos satisfechas y decimos, «sí, mamá». Y ellas replican sin compasión: «De mamá, nada, porque mamá lo soy del gordito de tu marido, el que te teclea buscando sinfonías». Y yo, perdida. Y tú, perdida. Y todas vosotras, perdidas, porque entre tú y la mamá de tu gordito se ha creado un muro de piedra de difícil demolición. «Seremos buenas amigas, repite la muy». Y eso te asusta, porque cuando una busca apoyo en las amigas sólo encuentra incomprensión, y te destruyen a la menor de las confianzas. Las amigas pueden echarte en cara todas tus flaquezas, pues para esto son tus amigas, y como la mamá de tu gordito ha dejado bien claro que de mamá, nada, el mundo se hunde a tus pies y te sientes perdida. Y por más que intentes y procures apoyar tus desdichas en su corazón, la suegra se mantiene en sus trece, rígida, pétrea. Porque ella no será ni quiere ser tu mamá, sino tu suegra, nombre maldecido por los siglos de los siglos. (Pausa) Y bien, pongámonos en lo mejor. Tú esperas que sea comprensiva e incluso bondadosa contigo. ¡Pero en nada vale tu buena disposición! ¡Como si contaran para algo tus buenas acciones! ¡Como si ser angelical y complaciente con la mamá de tu marido sirviera para algo! Aunque le ofrezcas la preferencia en la mesa y le pongas las más gustosas vituallas en el plato, ella lo tomará como una forma de hacerte perdonar tus pecados. Si la envuelves en papel de celofán para tenerla contenta, pensará que algo vas a pedirle o hacerte perdonar alguna pendejada. Se coloca a la defensiva. ¡Después de haber tenido a tres maridos, y algún desliz sin importancia, una conoce bien a las suegras. Y no valen tus deseos de tener en ella a una buena amiga. Seguro que desconfiará de mí y se preguntará qué cosa quiere esta desdichada. Si le ofreces los mejores manjares dirá que está desganada y que tiene náuseas, y que mejor no hubiera aceptado tu invitación a cenar. Siempre tiene problemas digestivos cuando viene a cenar en casa, y si, generosamente, le ofreces una manzanilla bien cargada para abrir paso entre su empobrecido estómago, te sale con que la manzanilla bien cargada sólo sirve para las plantas. Y dale. Y dale. Nunca acertarás y nunca te agradecerá que la mimes y te preocupes por ella, pues esa es nuestra obligación como queridas de sus gorditos. Y si le ofreces un ramo de flores o le compras un vestido, jamás acertarás ni con su talle ni con el color que prefiere. Y piensa que si lo haces no es por buena disposición, sino porque algo has de pedirle o hacerte perdonar. ¿Me siguen? ¿Soy cruel? ¿No entiendo a las suegras? Pues sí. Las entiendo. ¡Después de tener tres, ya puedo opinar sobre el tema! ¡Sólo faltaría! Las entiendo y me pongo en su piel para justificar sus celos, pues todas sus malquerencias son sólo celos por haberle arrebatado al hijo de sus entrañas a quien quiere ahora más que cuando no me tenía a mí. Somos las princesas del amor de su niño y no se nos perdona, pues ellas quieren seguir siendo quienes manden y dispongan. Pero, ¿por qué han de tenernos celos? ¿No somos amigas? ¿No complacemos -cada una a su modo- al niño de nuestro amor? (A la señora del público) No me negará usted que entre su suegra y una nuera no existe un muro de piedra, algo imposible de destruir. No basta con nuestro deseo de ser amables, de buscar su confianza. ¡Son tantos los siglos transcurridos en la incomprensible vida para cambiar estos sentimientos tan diferenciados! (Pausa) Yo también voy a ser suegra un día de esos. A mi niño le ha engatusado con malas artes una gordita de esas que tanto abundan, que son todas. A mi niño le han ofrecido la posibilidad de descubrir una sinfonía en el cuerpo de la gordita, y mi pobre niño ha corrido ante el placer de teclear un cuerpo distinto al suyo, y un día de estos va a decirme que se casa o se junta o lo que sea, que tanto da. Y yo me vengaré de todas las crueldades que me han ofrecido a lo largo del tiempo mis tres suegras, y seré más refinada y cruel. Le diré que voy a ser su amiga, hi, hi, hi, hi. ¡Su mamá, no! ¿Cómo voy a ser su mamá? ¡Ni loca! ¡A cada cual, lo suyo! ¡A cada cual, lo que le señale la vida!

 






 

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