Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Ni caso: usted a lo suyo que es llenar la barriga, hacerse con un buen dinero y sonreír. Eso sí, sonreír siempre, porque la sonrisa es buena y con ella pueden conseguirse muchas de las cosas de este mundo. Vaya a por todas, hombre, no me sea tímido ¿No es esto lo que esperaba? La honradez, vale, la honradez es una gran cosa y nadie, ¿lo oye?, nadie, va a dudar de su buena voluntad. Es usted un hombre con grandes ideas y eso se cotiza y por esto le votaron, y seguir con ellas, y digo seguir con ellas pese a lo difícil que es ponerlas en práctica. ¿No vio cómo se echaron a la calle los partidarios de conservar la naturaleza? Los verdes, o los azules o los amarillos, que tanto monta, monta tanto. Usted propuso la creación de una nueva carretera para dar mayores posibilidades a su pueblo. ¡Puñetas! ¿Qué sucedió? Pues lo de siempre: que salieron los verdes o los azules o los amarillos diciendo que una nueva carretera es una barbaridad, pues los conejos y los caracoles perderían la senda, tantos años conseguida o consentida, que a lo mejor es lo mismo. Y allegaron que los pinos y los alcornoques dejarían de respirar el profundo aire del mar para quedar raquíticos con el olor del asfalto, y lo de la carretera quedó en suspenso y aunque hubo sus más y sus menos, todos tan contentos. Los pocos que suspiraban por una nueva carretera tuvieron que conformarse y dejar olvidados sus sueños de sobrevalorar sus tierras para dedicarlas a la construcción de posibles urbanizaciones.

Algunos se negaron a pagar las contribuciones, pero la mayoría entendió que seguir en el rincón oscuro de la geografía valoraba su espíritu de independencia. Y se quedó sin la nueva carretera, para felicidad de caracoles y conejos.

El pueblo no sabe nunca lo que es bueno y necesario y lo que no lo es. Pongamos por ejemplo lo de la piscina. Los indígenas del lugar clamaban por una piscina donde quitarse el calor. Pero cuando se tomó el acuerdo de construirla llegaron los problemas. ¿Cuáles problemas? ¡Todos los problemas del mundo! ¿De dónde se sacaría tanta agua? ¿Del riego? ¡Sólo faltaría que porque cuatro niñatos se refrescasen el trasero, las huertas quedasen sin ser regadas! ¿Por cuatro niñatos iban a morirse los tomates y las acelgas? ¡Por todos los santos del cielo, no! Si los niñatos tenían calor, que comprasen un ventilador o alquilasen un negro para que les diese aire con un abanico, como se había hecho siempre!

Y lo de la piscina quedó en el olvido.

¿Y lo de crear guarderías? ¡Una guardería que era siempre como una prisión para los niños de las últimas hornadas! ¡Jamás una guardería! ¡Que se guardasen los niños donde les cupiera a los desdichados padres!

Tampoco lo de la nueva urbanización dio resultado. Aquí se opuso todo el mundo. Nada de urbanizaciones, que era cosa tercermundista. Y quedó el asunto postergado definitivamente.

¿Y en qué quedó lo del servicio de correos? ¡Crear un servicio de correos si nadie en el pueblo recibía una carta jamás!

Y el asunto del arreglo de las calles, ¿tuvo éxito? ¡Pues, no! No sólo los azules, los verdes o los amarillos se opusieron a pavimentar las calles. ¡Caer sobre una calle asfaltada sería darle facilidades a la muerte, pues en ese pueblo caía la gente casi por nada, con sólo un soplo de viento. Y quedaron sin pavimentar las calles.

Entonces usted se preguntó: ¿Vale la pena esforzarse en hacer nada? Y pronto se dio la respuesta: lo mejor era no hacer nada, dejarlo todo como se había cogido, con las calles de barro, el pueblo escondido en la geografía. No hacer nada era estar a bien con todo el mundo.

Y así consiguió usted al precio de sus conciudadanos, que le respetaron por lo que no hizo.

Y es de grandes hombres no hacer nada. Así se lo indicaron los suyos, los conejos, los algarrobos y las aguas pestilentes del riachuelo. La naturaleza se lo agradeció y ese pueblo suyo le ama a usted y sabe que en las próximas elecciones le van a votar. Porque nunca tuvieron un alcalde mejor y más conservador.

Por esto hace bien el prodigarse en buenos banquetes y en descubrir el mundo, con o sin su esposa, para gastar los ingresos. Es este un consejo de deberían tener en cuenta no pocos de los bienaventurados.


 






 

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