Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Con un nudo en el estómago y las lágrimas brotando de sus ojos, se dispuso a cerrar la puerta de su casa sin saber si volvería a pisarla de nuevo. Al dar la segunda vuelta a la llave dentro de la cerradura sintió como si estuviese cerrando su corazón a tantos recuerdos.

El motivo de su viaje había surgido de pronto al recibir aquella llamada telefónica en la que le comunicaban que su marido había sufrido un accidente. No era la primera vez que esto ocurría ya que su trabajo se consideraba de alto riesgo, siendo uno de los más peligrosos y a la vez más excitantes.

Curtido en mil situaciones, cubriendo la información para aquella cadena de televisión allá donde se generase un conflicto bélico, siempre se hallaba en primera fila para enviar la noticia; Por lo cual, gracias a la rapidez y veracidad en transmitirlas, aquella cadena superaba mucho en audiencia, a otras.

Tantas situaciones de verdadero peligro había corrido y que no trascendían a la opinión pública, que decidió reflejarlas en un libro.

Ella lo guardaba bajo llave sabiendo que no lo podía publicar mientras estuviese vivo, aparte de estar segura, que aun le quedaba mucho que plasmar en él.

Una sola vez, cuando su marido había vuelto de la guerra del "Golfo" se atrevió a hojearlo, sin poder más tarde conciliar el suelo, al leer situaciones increíbles que había tenido ocasión de vivir y que jamás saldrían a la luz pública.

Le hacia pensar que en cualquier momento le darían la mala noticia de su muerte, y a pesar de tener ésta seguridad no sé hacia a la idea de perderle.

Opinaba que debía dejar el oficio de corresponsal de guerra y pasar a un departamento en donde no corriese peligro su vida. Al parecer, según ella, disfrutaba jugando al escondite con la muerte, que tantas veces había burlado, pero ahora, intuía, no se trataba de un accidente, sino de algo peor, por el tono de voz de quién se lo dijo. Disponía de veinte minutos para salir, lo que tardaría en llegar el coche que la llevaría al aeropuerto rápidamente para trasladarla hacia aquel país de Centroamérica donde se hallaba su marido.

El ruido formado por la llave en el interior de la cerradura al dar la segunda vuelta le hizo sobreponerse.

Secándose las lagrimas con el dorso de la mano izquierda, mientras con la derecha, asía el bolso de viaje que siempre tenía preparado para una emergencia, bajó por la escalera para no encontrarse con ningún vecino en el ascensor y le preguntase por su marido.

Una vez en la calle, aspiró hondo, dirigiéndose hacia el coche que la esperaba y que no era la primera vez que lo hacia.

¿Dónde?.... preguntó al chofer, sin obtener respuesta alguna.

El camino tampoco era la primera vez que lo recorría. Una de las veces que lo hizo, nunca lo olvidaría. Fue para acompañar a la mujer de un periodista a recoger el cadáver de su esposo, muerto por disparos a bocajarro en la frontera de Nicaragua, dando la vuelta al mundo dicha imagen.

Llegados al aeropuerto, ella se incorporó a la lista de embarque y en pocos minutos se halló en el interior del aparato. Aún no sabía qué motivo justificaba ése vuelo. Estaba casi segura que se trataba de un viaje como tantos otros. Pero... siempre la misma duda y el mismo temor a que algo fallase.

Viéndola tan normal, pasando desapercibida, nadie podía sospechar que su trabajo consistía en transportar información, que su marido, como periodista, acumulaba de todas partes donde iba y que no quería transmitir por otro medio.

La meteorología era favorable para aquel vuelo de línea regular. Dejó de pensar que ese vuelo se debía a circunstancias trágicas como creyó en un principio.

Una vez acomodada en el estrecho espacio del asiento, entornando los ojos, recordó la primera vez que viajó en aeronave; Tuvo la sensación de ser una "marioneta" a la que se le rompen los hilos que le dan una cierta seguridad.

Su compañero de viaje entabló conversación nada más tomar asiento a su lado. Le invadía el pánico sin poderlo disimular, comprensible, siendo la primera vez que se veía en esa situación, según le dijo más tarde.

Transcurría el vuelo plácidamente, cuando un pasajero, levantándose de su asiento dijo hallarse enfermo, golpeándose la cabeza en su caída sangrando abundantemente, siendo atendido de inmediato.

El comandante de la nave informó del accidente a la torre de control para que estuviesen disponibles los servicios sanitarios a su llegada.

Mientras tanto, el periodista, que esperaba la llegada de su mujer, al ver algunos movimientos extraños en la pista, informó que algo debía ocurrir dentro del aparato, pues se podía apreciar el despliegue de ambulancias y fuerzas de seguridad en espera del aterrizaje.

Inmediatamente surgieron los medios de comunicación de todo el mundo, sin saber a qué se debía tanta alerta.

Una vez dada la noticia e interpretada como si de un secuestro se tratase, formando el consiguiente revuelo, todas las agencias informativas tuvieron que desmentir tal hecho con la consiguiente pérdida de credibilidad.

El cuerpo diplomático tuvo mucho trabajo para que los dos países llegasen al convencimiento de que todo había sido un malentendido.

Entre tantas medidas de seguridad, le fue imposible pasarle a su mujer la información que tenía preparada y que tuvo que destruirla en los servicios del aeropuerto.

No le preocupaba gran cosa por tener la seguridad de poseer información privilegiada como se dice ahora. Esperaría mejores tiempos para destapar escándalos políticos y financieros, si antes no le segaban la vida como a tantos otros.








 

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