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Nuevayork
A la Sala Dalmau de Barcelona, y en especial
a su directora, Mariana Draper, que me facilitó
el cuadro que me inspiró estas letras.

Carlos Robredo

* * * * *

Obra de Juan Alcalde, expuesta en la Sala Dalmau de Barcelona. Fue terminada en el verano de 2000 con la inclusión de la figura de mujer, pues, en su origen, tan sólo era un paisaje urbano.


Técnica: óleo sobre tela. medidas: 100x81
título: Nueva York


Veo manos alzarse hacia los cielos empujadas por sus brazos y, a dos de ellos, gemelos, erguirse como torres de cristal. Se estiran y gritan piedad, mendigan un perdón por su osadía. Claman a los dioses y con su brillo, en el amanecer de Manhattan, iluminan al que ha de ser su último sol.

New York no lo sabe pero hoy se gangrenarán sus miembros, sus brazos firmes e indelebles.

Desde el sofá veo luz, luz radiante que ilumina la bahía. El ventanal abre barreras y, tras él, la terraza avanza y domina a las riquezas.

Una barandilla, una simple y breve barandilla de latón, es frontera que separa mi hogar del infinito y, contra ella, ofreciéndome su espalda, se apoya una mujer.

¿Quién es? No la conozco. Está desnuda. La última oscuridad la pasó en mi cama, y sus brazos, carnosos y mestizos, ahora cruzados y apoyados sobre la barandilla de latón, buscaron el placer adentrándose por los recovecos de mis sábanas. Está desnuda y de espaldas. No sabe que mis ojos recorren su tersura, que pasean lentamente por sus carnes, por cada una de sus rayas y por cada uno de sus pliegues, y la veo tan lejana... Ajena a lo que ha de suceder, como aquellos brazos que, en el horizonte, se alzan para clamar misericordia.

Hoy explotará el mundo y todos sangraremos.

Hoy se doblarán los brazos y todos temblaremos. Cada explosión será un morir.

Lágrimas y sudor, sollozos y gritos desesperados.

Hoy todo serán preguntas y lamentos con rencor pero yo, mientras no llega el caos, relamo sensaciones de una noche de placer y, desde mi sofá, contemplo carnes suaves, suaves curvas y me fijo en los brazos abrazados sobre la barandilla de latón.

Al fondo, muy al fondo, otros brazos de cristal, de piedra y hierro se elevan desde Manhattan para reclamar piedad.



 

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