Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Qué de besos se repartirán dentro de unos pocos días, cuando la noche nochera se convierta por arte de magia en la más buena del año, cuando los zumba, zumba, pam, pam de zambombas, matracas y panderetas se suban a los aires mientras el arbolito nos hace sus guiños de luces al fondo del salón y el olor a pavo se va extendiendo por todos los rincones de la casa. Qué de besos y buenas intenciones se repartirán entre los niños, la santa esposa, la mamá política, el abuelito, la cuñada solterona y los parientes llegados de allende las distancias. Qué de besos y qué de felicidades repartidas con el corazón rebosante de buenos deseos y propósitos.

¡Feliz Navidad! ¡Joyeux Noël! ¡Merry christmas!

Qué de besos y buenas intenciones mientras, allá afuera, pasados los montes y los ríos, e incluso los océanos, otros ruidos sin ritmo ni compás, como el de las zambombas y panderetas, pero más gordos y terroríficos, siguen sonando y haciendo bailar su jolgorio de muerte a unos cuantos millones de seres que tuvieron la desgracia de nacer con turbante a la cabeza. Qué de muertes... Pero... ¡Un momento!

Si a toda la bondad y buenos deseos de esa noche le añadimos un poco de imaginación, podremos ver sentados alrededor de la gran mesa a unos sonrientes comensales que departen amistosamente conmemorando la gran fiesta de la Humanidad.

Miren... Allá vemos a un jovial y festivo Sharon echando un pitillo con un no menos sonriente Arafat mientras le dan los últimos toques al acuerdo del reparto de tierras y poder que hará convivir como dos buenos vecinos a palestinos e israelitas. Sólo tuvieron que meter en un hondo saco la Torá y el Corán (junto con la libra y el dólar) y mirarse cara a cara a los ojos como dos hombres. Y algo más allá, brindando por la paz en el mundo, vemos a un eufórico Bush que choca su copa con la de un árabe tímido y casi lloroso, pero rebosante de alegría, que celebra con auténtica felicidad que la razón volviera al corazón de los hombres. Aún recuerda aquel día, pocas fechas atrás, en que apareció a las puertas del Congreso para pedir perdón y poner su vida y la de toda su familia a disposición de los hombres. Ben Laden sólo pedía que acabara para siempre el horror de la guerra entre los pueblos. Aquel día, el pueblo, sorprendido, miró hacia dentro, comprendió y perdonó. Y el odio se hizo abrazo... Y más allá, presidiendo la mesa ...nadie, ningún hombre. Sólo dos palabras escritas sobre la esperanza con letras de ilusión: Paz y Amor.

¿Un sueño? Claro. Pero... Qué bonito es soñar... ¡Felicidades a todos!








 

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