Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2001 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Al fin llegó la fecha de cumplirse el contrato laboral por el periodo de seis meses y le resultaba muy penoso tener que despedirse de los compañeros y volver a su ciudad. Claro que en otras circunstancias muy diferentes a las que le habían obligado a salir. Su ciudad constaba de no muchos habitantes, casi todos dedicados a las labores del campo, pero con maquinaria moderna y los más avanzados productos fertilizantes. Lo que hacia que la comarca fuese famosa por sus exquisitos frutos, dentro y fuera del país.

La mayor parte de la mano de obra provenía de la inmigración, generalmente jóvenes sin papeles que habiendo cruzado el Estrecho de Gibraltar, habían logrado eludir el cerco policial y llegar hasta allí para recoger las continuas cosechas que, gracias a la explotación de la tierra, se conseguían.

El lugar era un hervidero de fermentación donde nadie conocía a nadie, y a la menor ocasión las discusiones afloraban sin que nadie entendiese por qué. Aquel día amaneció más claro que nunca, un día brillante, cálido... que invitaba a respirar hondo y mirar al cielo, si no fuese por los plásticos que cubrían la espesa vegetación que guardaban celosamente.

Nunca quiso trabajar en los invernaderos recogiendo verdura a pesar de ser propiedad de su padre, que más que padre era patrón. Las continuas discusiones con él siempre le resultaban dolorosas, pues no comprendía que tenia otras aspiraciones en la vida que estar continuamente vigilando a los trabajadores y llevando su mismo ritmo de trabajo sin respirar aire limpio y contemplar el cielo de vez en cuando. Hasta que aquel día se reveló negándose a acudir al invernadero refugiándose entre las sabanas en aptitud pasiva ante los gritos e improperios de que era objeto por parte de su padre. El resultado fue un ultimátum. Si no quería trabajar, debía abandonar el hogar y todo cuanto poseía, ya que al mundo había venido sin nada, por lo que cuanto tenía no le pertenecía y lo debía dejar inmediatamente.

Una vez desahogada su furia, no sólo de palabra, desapareció para ir a ver el ritmo que llevaban los trabajadores, que para él siempre era muy lento, y obligarles a ser más activos y rápidos.

Sus ingresos aumentaban como la espuma día a día, sin darse tiempo para un respiro ni dejando respirar a nadie. Los sueldos eran míseros por las circunstancias que rodeaban a quienes trabajaban para él, pues casi todos se hallaban al borde de la ley al carecer de residencia legal.

Cuando su padre salió de la habitación, se vistió con la ropa y el calzado más usado que tenia y se dispuso a salir de la casa para no volver jamás.

No le amedrentaba enfrentarse a la vida y empezar desde cero, al contrario, se sentía libre y orgulloso ante el reto de buscar el sustento por sí mismo, que hasta entonces no había tenido ocasión de hacer.

Caminando sin rumbo se dio de bruces con una manifestación, y sin saber las reivindicaciones se unió a ella, le daba igual de lo que se tratase, el caso era poder gritar con aquellos trabajadores que se hallaban descontentos "por algo" encontrando unión y compañerismo entre ellos, tanto, que una vez arreglado el conflicto le ofrecieron un puesto de trabajo ante una máquina que llenaba latas de refresco, pues se trataba de una empresa de bebidas.

El sueldo le permitía llevar una vida austera, pero propia, y poder respirar y contemplar el cielo cuando le apetecía, cosa que, al parecer, nadie le da importancia.

Pasados los seis meses de que constaba el contrato, se debía despedir de sus compañeros y le resultaba muy doloroso porque fueron quienes le enseñaron a usar las alas que cada uno de nosotros poseemos sin saberlo. Entonces se planteó qué hacer. Volver a su ciudad no le apetecía por los malos recuerdos, pero a la vez deseaba ver cómo seguía el negocio de su padre sin interés material alguno, por lo que decidió volver, aunque fuese solamente por un día y desde lejos.

La sorpresa fue mayúscula al comprobar que los invernaderos no existían, y en su lugar habían montado todo un complejo cinematográfico donde se rodaban películas futuristas sin apenas calidad. Llegó a saber que casi todo el negocio de los invernaderos se vino abajo por el exceso de explotación de los manantiales subterráneos

De su padre supo que había tenido problemas con los trabajadores al rebelárseles por el trato que recibían, en vista de lo cual optó por vender el terreno cuando aún tenía agua, por lo que su fortuna aumentó considerablemente pero desde entonces nadie conocía su paradero.

Una vez conocidas todas las novedades acerca de su padre, optó por quedarse a vivir donde había nacido y así poder contemplar el brillo de su cielo y sentir el aire cálido de su tierra,

Ahora sí podía decir que tenía alas casi propias, pues, al trabajar como extra en el cine, a veces se veía obligado a usarlas al tener que hacer el papel de ángel.








 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep