Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Quizás todas las páginas de esta digna revista sean ridículas. Tan enorme es la cantidad de cosas que se escriben a diario, tan enorme es la cantidad de literatura publicada anualmente, tan inconmensurable es el volumen de obras que se han escrito en el pasado sobre todos los temas imaginables y desde todos los puntos de vista que se le ocurran, que llego a dudar de la utilidad de las pocas páginas que componen este librito que usted tiene en sus manos. Visto así puede que sea ridículo incluso que usted pierda el tiempo leyéndome, ¿no cree? Puede ser. Lo principal que había de decirse a propósito de cualquier cosa ya está dicho. Son muy pocos los libros que podemos encontrar en una librería que merezcan la pena. La mayor parte de ellos carecen de la menor originalidad y quizás no merecían haber sido publicados. Los pensamientos, las pasiones, las imágenes que en ellos aparecen fueron ideados hace mucho tiempo por los maestros de este oficio. Incluso esto que yo digo ahora tiene su original precedente, al menos, que yo recuerde, en las palabras de Hume y Nietzsche. Hay incluso quien piensa que, en filosofía, nada nuevo se ha dicho desde Platón, y que en literatura española nada nuevo se ha añadido desde el Siglo de Oro.

Es posible que la única literatura que merezca ser publicada sea la que realmente diga algo nuevo o lo diga de un modo nuevo y mejor. Puede que no sea admisible la repetición de viejos errores ni el olvido viejos hallazgos. Puede ser que vayamos para atrás en vez de para delante. Por tanto, quizás esta página y las que me preceden y las que me siguen, como no dicen nada nuevo, carezcan de valor y no merezcan ser publicadas. También puede que no merezcan la publicación casi nada de lo que se vende en las librerías. Según este criterio se salvaría sólo (sólo merecería publicarse) lo que bien pueda ser llamado "obra maestra", es decir, lo que tenga un valor ejemplar, lo que innove, lo que cree algo nuevo. Vamos, sólo lo que pudiera incluirse en un manual de bachillerato de historia de la literatura, en la sección última de "nuevas tendencias".

Y sin embargo, en un presente sin autores, siempre vuelto a la tradición, repleto de maestros y no de mediocres, bien podría decirse que la literatura, que el genio, que el pensamiento, estaría muerto. Imagínese usted que nadie se atreviera a escribir nada por miedo a la grandiosidad de la tradición: sería como dejar de cocinar porque no podemos hacer mejor que nuestras madres la comida diaria; sería como dejar de hablar porque no tenemos discursos que superen a los ya dichos por nuestros ancestros; sería, en definitiva, la desaparición de todo aquello que el pasado nos ha legado, el fin de la cultura.

En efecto, el pasado no existe por sí solo. Su única existencia le viene del presente, que lo actualiza. Quevedo, Cervantes o Platón estarían definitivamente muertos si este librito que tiene usted en las manos no pudiera ser publicado. Pero se publica de hecho. No hay miedo a escribir. El presente no teme al pasado, sino que lo asume, lo retoma, lo revive, dándole una existencia de la que carecería si no fuera por nosotros. Usted mismo, querido lector, debería leer y escribir. Todo el mundo debería hacerlo. Cuanta más gente lo haga, más vivo estará el pasado.

No puede ser, en cambio, que todo el mundo deba leerlo todo, pues eso es imposible. La publicación es la primera barrera que dejará pasar a unos y no a otros, barrera que en teoría discrimina en función de la calidad, aunque suelen importar también mucho la suerte y la disponibilidad de contactos adecuados, siendo esto último, probablemente, lo más importante. La segunda barrera la ponemos nosotros, los lectores, que premiamos con nuestra actividad el trabajo de unos y condenamos con nuestra indiferencia el trabajo de otros.

Pero una cosa es el éxito comercial y otra la cultura. Cultura tiene quien ha leído mucho. Ha leído a los clásicos. Ha leído a los nuevos. Ha leído mediocridades incluso, aunque las evita siempre que puede. Y finalmente ha pensado en lo leído y se ha puesto a escribir algo. Ha retomado el pasado, ha vivido en el presente y ha contribuido a su definitiva conformación. Este personaje tan leído, tan pensante y tan dado a la creación de nueva literatura es, en propiedad, el responsable de que la cadena que iniciaron los primeros sabios de la antigüedad no se haya roto en el presente, sino que continúe en el futuro. Y esta descripción que hago, pareciendo excesiva y reservada a mentes privilegiadas, debería ser una ocupación popular, pues la gente común es la que da sentido a todo lo que se escribe, todo lo que se piensa, todo lo que el hombre culto hace.

Evidentemente, se trata de una utopía creer que todo el mundo debería ser culto. Pero las utopías no son malas, sino irrealizables, o sea, que este planteamiento que hago se refiere a un estado óptimo de civilización que, evidentemente, nunca verá la luz. ¿Por qué no? Pues porque tantísimos son los sabios que nos precedieron, tan enorme es su legado, tanto hay que leer de lo nuevo, tanto hay que pensar y tanto talento hace falta para asimilar todo esto y construir un pensamiento propio que reviva el pasado y construya el futuro, en definitiva, tantísimo tiempo, voluntad e inteligencia nos hacen falta que sólo unos pocos, verdaderos benefactores de la humanidad, reúnen las condiciones para atreverse con semejante tarea. Por otro lado, precisan de una cierta suficiencia económica y una cierta disponibilidad de medios que les permita tamaña ocupación. A esta gente las llamamos "intelectuales" y ellos dan la medida de civilización de una sociedad. Allí donde abundan, el legado del pasado se incrementa y se actualiza para el futuro. Allí donde no están, la vida se convierte en el embrutecido oficio de sobrevivir a la amenaza de una muerte temprana venida de manos de un guerrero o por la indigna miseria (que los pobres, antes que bienaventurados, están bien-jodidos).

Nota final: Me he perdido pensando en un montón de cosas y me parece que el lector querrá una respuesta a la pregunta del principio. Bueno, la respuesta está en todo lo que he dicho antes, creo yo. Si no la encuentra, quizás este artículo no ha servido para nada.

Ojalá que no sea así.
 






 

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