Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Hay placeres que te marcan para toda la vida, aunque también reconozca que lo que a mí me apasiona, a otros «ni le enfría ni le calienta». Pero bueno, una es como es y no hay por qué darle más vueltas. Lo verdaderamente importante es saber gozar a «pleno pulmón» de lo que te seduce. La vida es tan corta, que considero del «género tonto» desaprovechar los momentos felices. Quién me iba a decir hace unos años que hoy me haría estos razonamientos -para mí tan sensatos- sobre mis actuales impulsos, y es que los añitos te hacen ver las cosas de distinta manera.

Tengo que reconocer que la pura verdad no es más que ésta: que cuando podía gozar de él diariamente, no le concedía la menor importancia, pero amigos, llegó el momento que lo perdí -aunque por fortuna solamente de una forma parcial-, es entonces -podéis creerme- cuando supe verdaderamente valorar el río de placer que en mi cuerpo inyectaba...

Y hoy, que sólo se sacia mi mórbido apetito una vez a la semana, os juro, que espero el gran momento con infinitas ansias... Como había que dedicarle a este maravilloso placer un día del semanario, elegí uno que no fuese precisamente el sábado..., por lo que ¡«el miércoles es mi día»!

Y este espacio que espero con infinito anhelo ¡lo gozo plenamente! Para que os vayáis haciendo una idea, antes de «disfrutarlo», lo sostengo en mis pecadoras manos, calibrando el «pedazo»...

Con ojos de deseo me digo al contemplarlo: «qué bacanal me espera, hoy eres sólo mío, ¡con nadie, con nadie te comparto!

Evidentemente, con desmedido esmero empiezo a «prepararlo», y con entrañable mimo lo limpio -pues la higiene para mí es fundamental-, lo realzo cariñosamente, le doy mágicos toques que, como podéis imaginar, aumenta considerablemente su volumen, y al extasiarse mis ojos en tan incomparable panorámica, el corazón me late con tal fuerza, que parece querer salirse de su «órbita». Con lujuriosa gula, admiro enardecida su color sonrosado, que el «fuego» va tornando en rojo casi amoratado...

Cuando lo tengo lo que se dice a punto, iniciamos la orgía... ¡Hay en mí tal codicia de hambre contenida, que su olor me deleita -vamos, que me pone fuera de sí-. Igual que una piraña, con avidez me lanzo sobre el rico «manjar».

En frenético impulso me lo llevo a la boca; aunque de aspecto duro, ¡qué tierno, qué jugoso!, me está volviendo irremisiblemente ¡loca! Comienzo a degustarlo despacio, muy despacio, para que no se acabe nunca este placer de dioses.

Si vierais con cuanta intensidad lo saborea mi ardiente boca, lo acaricia mi traviesa lengua, y por supuesto, mi mente lo recrea al 100%, por lo que va de un extremo a otro por mi afilada hilera de dientes, hasta que ¡al fin!..., sin poder evitarlo, me como... ¡el sabroso FILETE!

A la exquisita degustación proteínica, le aplico la siguiente moraleja, para disipar los pérfidos pensamientos que posiblemente habrán tenido algunos morbosos... Es la siguiente:

¡Oh, dieta adelgazante!,
qué caro estoy pagando
mejorar mi silueta,
seis días interminables
de lechuga y uno solo
de ¡carne!
¡Qué manera más tonta
de hacerme, por capricho,
la puñeta!







 

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