Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Es costumbre decir, año nuevo vida nueva, cosa imposible de llevar a cabo pues la vida nunca se renueva bajo la piel de cada uno de nosotros. Diferente es poder comenzar una nueva etapa en la vida, aunque casi nunca es por voluntad propia, siempre influidos por las circunstancias, opino por experiencia. Al acercarse estas fechas solemos, o suelo, recapacitar y hacer balance del año transcurrido y a pesar de no haber sufrido grandes seísmos en el plano familiar siempre siento un sabor agridulce sólo por el hecho de que los números del almanaque, aparte de los de mi edad, ya nunca serán los mismos.

Los calendarios cuando caducan, al tirarlos a la basura se siente un cierto alivio pues se hallan todos llenos de apuntes y tachaduras que sólo entendemos quienes en su día apuntamos en ellos lo que no deseamos olvidar en esa fecha. Para mí, el colgar tras una cortina uno nuevo tan limpio... con la incógnita de qué me aguardarán los días aún por vivir... Siento que poco a poco lo iré llenando de apuntes que sólo yo entenderé, y que si llego a poder renovarlo todo eso desaparecerá. Todo eso, y mucho más, lo llevo grabado en mi interior y que cada año nuevo quisiera poder tirar y empezar de cero, siendo imposible, pues queda en mi interior esculpido como en la piedra, con estrías más o menos profundas, aquello que guardo en la memoria.

En vista de que todo queda en buenos propósitos, como cada año por estas fechas, me puse a reflexionar como hago frecuentemente cuando deseo buscar una explicación a ciertos hechos de mi vida sin saber cómo y por qué se desarrollaron así.

Esto me ocurrió cuando cogí la agenda donde tengo apuntados los números de teléfono de mi familia y amigos dispuesta a felicitarles por el nuevo año, entonces me di cuenta que muchos de ellos por diferentes causas ya los podía romper pero no olvidar.

¿Como olvidar el teléfono de Pepa, si hasta hace poco era mi mejor amiga?, pues sí, esa amistad se la llevó el viento sin saber cómo.

Un número al que prefiero no llamar es el de la familia Benítez, de Jerez, que durante diez años nuestras parcelas sólo las separaba el alambrado y en todo ese tiempo nos unió una gran amistad hasta que las vendimos y desde entonces nunca nos hemos comunicado, de esto hace once años; mi temor es que después de tanto tiempo no se acuerden de nosotros, prefiero vivir con la duda a que me den una mala noticia.

Otro número y dirección es el del matrimonio formado por Álvaro y María Luisa, hace treinta y siete años que no sé de ellos, prefiero también no llamar por temor, pero en mi corazón están presentes y tan jóvenes como cuando nos separamos al trasladarme yo a ésta ciudad para contraer matrimonio y fijar aquí mi residencia. Su tarjeta de visita se encuentra entre las hojas de la agenda; no la rompo porque al hacerlo siento como si los enterrase y mientras la tenga ahí siguen existiendo a pesar de no saber de ellos, como digo. Tantos recuerdos hicieron que por mis mejillas rodasen lágrimas de nostalgia,

En una agenda de teléfonos no sólo se hallan números, también penas y alegrías, como cuando anoté el del hotel donde se hospedaban mi marido y mi hijo para pasar unos días de vacaciones, sintiéndome muy feliz al quedarme sola y así descansar yo también. Ya sé que se preguntaran por qué no me voy con ellos, pues porque a veces es buena la soledad.

Pena y grande sentí cuando tuve que anotar el número de aquel centro, que no quiero recordar y que nunca borré del papel, pero sí de mi memoria, éste año al fin lo he destruido con una tanta alegría como pena cuando lo tuve que anotar.

Una vez finalizado el recorrido por todas las letras del alfabeto, tachando los números que creo nunca volveré a llamar, como el del veterinario, el del albañil "chapucero", el de la modista, que cuando al fin me terminó el vestido, la tarde anterior al día de la boda de Mari Carmen y Jesús, nos dimos cuenta, mi hermana y yo, que la falda tenía una enorme mancha, con el consiguiente disgusto y la preocupación de que si se quitaría o no, saliendo pronto de dudas al lavarlo y secarlo en la automática, después perfectamente planchado nadie diría que había sido lavado, no por ello rebajó la factura. El mismo vestido lo usé al día siguiente de dicha boda en Jerez, donde se casaron Araceli y Juanma, no lo he vuelto a usar y creo que nunca más lo usaré. Lástima que no sirve para limpiar el polvo ni para paño de cocina por ser de encaje, o sea que no me sirve para nada pues con esto del video no puedes lucir un vestido más de dos veces.

Muchos números de los que tenía apuntados tuvieron su pequeña gloria en mi corazón y, como todo en la vida cumple su etapa, también ellos cumplieron su misión y yo la mía, como al llamarnos para quedar a charlar y cambiar impresiones sobre literatura o actos culturales que jamás olvidaré.

Ahora tengo la agenda al día y bien clara, mi propósito lo tengo más claro aún, antes de anotar un nuevo número voy a meditar si merece la pena ensuciar un papel blanco, y si no es así, lo apuntaré en un bloc pequeñito y al terminar el carpintero, el albañil, la modista, etc., etc., lo tiraré sin pena ni alegría, y si algún día tengo un animal de compañía, el número del veterinario lo apuntaré en la portada de la agenda, bien visible.

Ésto de "año nuevo vida nueva" para mí no es así, las deudas son las mismas, el coche es el mismo, la vida sigue igual... vida nueva cuando aciertes una "primitiva".








 

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