Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
TruchoVilla Caballos, más que un pueblo era un pueblucho, pequeño y olvidado, encallado en un monte que sólo da flores en mayo. No hay que saber mucho para adivinar que en ese pueblo hay caballos, y tampoco hay que pensar mucho ni ser un talento, para saber, por el nombre del cuento, que Villa Caballos es el pueblo de Trucho. Cuando Trucho nació era un caballo corriente, uno de esos que la gente guarda en un establo. Cuando era sólo un potro se hizo amigo de Pablo, el nieto del dueño de Trucho, y llegaron a quererse mucho… Pablo lo dejaba libre en el monte, viéndolo correr hasta el horizonte. A veces el niño se iba y el caballo volvía solo al establo, y Trucho apreciaba mucho la confianza de Pablo, igual que el niño sabía que el caballo no le fallaría. Y esa era la forma en que Pablo y Trucho se querían y demostraban su cariño… aunque nadie en el pueblo entendía la gran amistad que había entre el caballo y el niño.

Un día, después de una tormenta más fuerte que ochenta lluvias y cuarenta vientos, el abuelo llegó a la casa muy serio y Pablo supo que tenía una pena por dentro.

- Abuelo ¿qué pasa? -Preguntó el niño- ¿Es por ese rayo que cayó en el huerto?

- Sí, es por el rayo que nos ha quemado lo que fuera nuestro… Vivimos de la venta de frutas y verduras, y por esa tormenta tan dura que nos trajo el rayo que acabó con todo tengo que vender el caballo, aunque sé que lo quieres mucho…

- ¿Vender a Trucho? -Preguntó el niño espantado- ¡A Trucho no! ¡No puedes! ¡No quiero!

- Pero es que necesitamos dinero… Aunque ese caballo no vale mucho, es todo lo que tenemos…

Pablo corrió hasta el establo… No cenó aquella noche, se echó junto a Trucho, lloró, y ninguno durmió…

- Trucho, amigo, caballo bueno… Le pediremos al cielo, que siempre nos ayudó, que le dé a mi abuelo el dinero por todo lo que perdió durante la tormenta, y que no te ponga en venta, para que estés conmigo, mi caballo bueno, mi amigo… -Le dijo el niño-.

El caballo entendió lo que a Pablo le entristecía, y cuando vio que amanecía, salió del establo y corrió y corrió, llegó hasta el monte, cruzó el horizonte, y aún más lejos, mucho más lejos llegó…"Le pediremos al cielo, que siempre nos ayudó", había dicho Pablo allá en el establo, y Trucho lo recordó…Él no sabía rezar pero conocía el cielo. Lo había visto brillar por las noches, tachonado de luceros. Y también durante el día, con ese color de luz que sabía que llamaban azul cielo.- Soy un caballo corriente, de esos que guarda la gente en un establo, pero soy amigo de Pablo y por eso soy diferente. ¿Puedes ayudarnos tú? -preguntó el caballo al cielo, y el cielo lo pintó de azul…

Cuando Trucho volvió al establo, hacía mucho que Pablo lo estaba buscando. Llegó hasta el niño trotando, y el niño lo reconoció, porque el amor nunca cambia aunque cambie de color.

El abuelo no lo vendió. Empezó a ir mucha gente para poder ver a Trucho, y aquel que fuera un pueblucho, todo el mundo visitó. Pagaban mucho dinero para verle por el monte llegar hasta el horizonte y luego volver al establo, donde le esperaba Pablo, dándole gracias a Dios.

Trucho era valioso, distinto, mágico, hermoso… pero no por su color. El cielo les ayudó porque el cariño, aunque sea entre un caballo y un niño, es lo que tiene valor.







 

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