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La idea central del artículo anterior era la de que teníamos que distinguir el cuento del relato o narración. También decíamos que el cuento de hoy representa todo un reto para el que se meta en sus linderos. Precisábamos a su vez que el cuento, entendido tradicionalmente, se contentaba con un desarrollo plano y rectilíneo, mientras que el que se escribe ahora constituye por su conjunto de rasgos una pequeña joya literaria, enormemente estimada en los concursos más competentes. Si tuviésemos que echar mano a teorías sobre el cuento, no nos daría abasto para citas y ejemplos. Sin embargo, como yo no invento nada, me es grato, además, apoyarme en consumados maestros de este género para exponer ligeramente ideas acerca de él.

Sáinz de Robles dice que el cuento es, de los géneros literarios, el más difícil y selecto. Añade que no admite divagaciones, ni la pincelada ni el auxilio de los detalles ni los preciosismos del estilo. Para él constituye el cuento una síntesis de todos los valores narrativos. El cuento debe agradar en conjunto. No hay cuentos con aciertos parciales, según Sáinz de Robles, sino que existen cuentos buenos o malos, y ya está.

También J.M. Sánchez Silva considera que el cuento es fundamentalmente síntesis, y mientras la novela es una sucesión de escenas, el cuento sería una que justifica todas las demás.

Pero llegamos a Carlos Mastrángelo, cuya teoría es mucho más precisa y convincente.

Para él el cuento es una serie breve y escrita de incidentes; de ciclo acabado y perfecto como un círculo: esos incidentes han de estar trabados en una única e ininterrumpida hilación; no tiene grandes intervalos de espacio y tiempo; los incidentes están rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.

Generalmente, entre los narradores experimentados, el cuento, tal como lo estamos analizando aquí, tendría un comienzo insinuador de lo que trataría en adelante, pero no revelado y sí menudeado en un proceso mediante una tensión gradual cuyo desenlace es imprevisto generalmente. Así que introducción expositiva, a modo de pista inicial, desenvolvimiento de la idea con un aire de suspense y un cierre sorprendente constituirían ese maravilloso conjunto que pone a prueba el talento de un aspirante a cuentista.

Si el cuento ha alcanzado actualmente la significación que tiene es porque se ha convertido en una piedra de toque de una aventura literaria, una pequeña odisea en la que el Ulises de turno tiene que ser muy astuto si quiere sortear los peligros de las descripciones y reflexiones inútiles hasta llegar a su Ítaca como a una clave con la que el lector no contaba. Para una idea elemental, pero suficiente, remito al lector interesado a Géneros literarios, de la Editorial Playor.






 

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