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En la época que vivimos el agotamiento, la angustia y el stress pueden, si no sabemos controlarlo, sumirnos en un bajón de moral tan fuerte que muchas veces acaba en una depresión incontrolable de imprevisibles consecuencias. Parece ser que el mes de enero es el más propicio para tener un bajón de moral. Los días, todavía cortos y sin apenas horas de sol, ensombrecen nuestro espíritu propicio a la melancolía y falta de energía. Las razones para que este estado de animo pueden tener motivos concretos no se sabe a qué achacarlos. Se manifiestan en determinados momentos de nuestra existencia en el que nos sentimos más sensibles y vulnerables, quizás por falta de estima en nosotros mismos y de perspectiva en nuevos horizonte.

Estos comentarios los divulgaba la psicóloga Marie Haddou en una conferencia de cuarenta minutos que nos daba un esquema de cómo podía sentirse cualquier persona en determinada estación del año.

Todos conocemos los enormes avances de la ciencia en los últimos tiempos, y sin embargo los mismos psiquiatras confiesan que se avanzó muy poco sobre el desequilibrio y desmoralización del ser humano. Hay personas que a pesar de haber sufrido trances insuperables se mantienen con una mente ordenada y cuerda, sucediendo también lo contrario, el desequilibrado que por la menor cosa arma una trifulca sin que nadie comprenda el motivo de ese estado colérico repentino.

Entonces, ¿dónde encontrar el equilibrio para sentirnos bien con nuestro prójimo y qué hacer cuando nos sentimos inestables y en desacuerdo constante con nosotros mismos? ¿Dónde está el verdadero aplomo, la indulgencia, el saber reconocer nuestro errores? ¿Y por qué nos cuenta tanto respetar a los más débiles, catalogándolos como marginados y haciéndolos sentirse inferiores y fuera de la norma?

Y para acabar, en términos más prácticos y menos pesimistas, añade esta doctora, pensemos en tener un pensamiento positivo en los momentos cruciales de nuestra existencia. Si estamos pasando por un periodo difícil y los problemas nos agobian hasta no saber hacia donde tirar, si nuestra mente da vueltas y más vuelta y no sabemos salir del espiral en que todo lo vemos negativo y adverso, y sobre todo nos obsesiona la idea que en nuestro entorno no encontramos más que frialdad y no recibimos el suficiente calor humano para templar el frío que llevamos dentro, entonces es el momento de volver la vista atrás y pensar en aquellos que no tienen ni noche ni mañana ni invierno ni verano, sólo una continuación de horas y días que no les lleva a ninguna parte...

Si nos sentimos melancólicos y tristes en los días que sucedieron a las fiestas Navideñas y la euforia y la alegría se disiparon como por encanto, no hagamos que la monotonía de nuestras horas sea ya habitual, nuevas ideas y proyectos despejaran nuestra mente y nos sentiremos de nuevo ilusionados con otras perspectivas. Otros días como estos volverán al año siguiente, que todo es efímero y pasajero y sólo el recuerdo se mantendrá imperecedero en nuestra mente.

¿Por qué, y de una vez para siempre, el mes de enero, al que le achacamos nuestro pesimismo y bajón de moral, no lo borramos de esa lista negra y lo proclamamos el mes más feliz del año? Pensemos solamente lo maravilloso que es comenzar un nuevo año y seguir disfrutando de la vida de la que siempre estamos renegando. Por qué añorar tanto el que se fue si no nos dio más que preocupación e inquietud. Este que acaba de empezar está lleno de incógnitas y puede ser un año donde todo el mundo se quiera más, dónde todos seamos consciente de que el egoísmo y el pensar en nosotros mismos es mal camino para llegar a buen fin.

Sí, queridos lectores, seamos indulgentes y prodiguemos elogios a todos los que nos rodean. Y, sobre todo, seamos positivos, porque es la única manera de que todo lo que emprendamos nos salga como lo tenemos proyectado.




 

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