Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

caretaEs curioso observar la forma pintoresca en que se expresan algunas personas simpáticas (aunque no falta el clásico «malaje»), que dan a sus relatos cierto aire gráfico con el que definen, al momento, lo más notable de su personalidad. Los vemos, muchas veces, admirados y coreados por sus contertulios, que ponen sus cinco sentidos en los ademanes del orador, como hipnotizados por su pintoresca expresión. Si es un poeta el que habla, todo es finura y espiritualidad, aunque no faltan excepciones, ya que no es extraño ver a un iluminado de las musas que en su vocabulario privado deje mucho que desear. Más de un ejemplo podíamos citar.

Algunos futbolistas parece que hablan a patadas; los boxeadores a puñetazos; los maquinistas a gritos, con sus manos inquietas como buscando alguna válvula; no pocos marinos con movimientos basculantes como si se encontraran sobre la cubierta de los buques. Y los «ganapanes»... Bueno, de esos mejor no hablar.

Hay hombres que hablan de todo (por ejemplo Paquito Taleguilla), pues lo mismo nos coloca «rollos» de toros, fútbol, economía, subsistencia, cine, que de la misma bomba de cobalto. ¡Es mucho Paquito!..

Otros nos cuentan cosas imaginarias (lances, aventuras, grandezas) con una insistencia machacona para que los creamos, como ellos llegan a creérselas a fuerza de repetirlas, en muchos casos de forma ordinaria y soez.

Pero el prototipo de los hombres isleños, geniales en su expresión, es un buen amigo del que escribe, con desmedida afición por la fiesta brava. Cuando habla de «estocás» hay que dejarlo solo y colocarse a distancia prudencial «por si las moscas». Si por el contrario alude a otras suertes del toreo, su voz va acompañada de una mímica artística, suave, templada, maravillosa...

¡Es un hacha este simpático apoderado, que exterioriza las cosas que dice, poniendo su corazón y facultades a la vista de todos.

A este respecto recuerdo una conversación entre dos aficionados que se referían a un torero famoso: «Los que le vieron nasé -aseguraba uno de ellos- disen que vino al mundo trayendo orejas»...

-«¡Naturaca! -replicó con energía el otro-. Con las dos que tos traemos»...

-«¡No señor! -insistió con firmeza- que eran de toro y una en ca mano... Por eso digo, repito, porfío, discuto, afirmo, sostengo, que es fenomenal aquel que nasió torero como cosa de milagro.»

Así son las cosas, queridos amigos. Vamos a centrar nuestra atención en hechos agradables y no en problemas insolubles, sin complicarnos la vida en este pajolero mundo. Los rasgos de muchas personas son acusados, salientes y optimistas. Los que nada destacan, sin observárseles virtudes ni defectos, parece que están en el limbo.






 

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