Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Hoy es el día, ella me ha citado en su casa después de tanta insistencia de mi parte, hoy permanecerá sola, sus padres debieron salir de la ciudad para asistir a un matrimonio y al parecer pasarán toda la tarde y mucha parte de la noche allá en esa ceremonia. Que paradoja, se celebra una boda y sus padres elogian a la pareja que espera su primera noche y en su ausencia nosotros esperando celebrar nuestra primera noche sin necesidad de que haya boda; y sin esperar que nos elogien. Al fin ha llegado el día esperado... para las dos parejas de novios.

Lo hemos planeado todo con el mayor de los cuidados y con tanta anticipación, que creemos no se nos ha escapado ningún factor, que todo estará bajo control; excepto claro, nuestras hormonas.

Normalmente nada me gusta mas que levantarme tarde, permanecer un rato en la cama observando las formas de la madera en el techo, contando las tablas que van de viga a viga, recordando lo hecho el día anterior, planeando el día, pensando, soñando despierto, pero hoy es el día. He dormido tan profundamente que me siento muy vital, tanto que me levanto de la cama con firmeza pero estudiando cada movimiento, camino con paso de vencedor y busco con insistencia la forma de encender la luz, doy palmadas a tientas hasta que desisto y abro presuroso la cortina para convencerme que ya en verdad amaneció, que en realidad sí estoy despierto y que la alcoba tiene desde donde encender la luz, aunque en la oscuridad no la encuentre.

Todo a mi lado parece tomar una nueva connotación, cada objeto de mi habitación lo siento mas mío que ayer, como irradiando una vitalidad que me contagia; son los mismos objetos, con los mismos colores, las mismas texturas, las mismas formas, pero siento que emanan de ellos unas nuevas energías; debe ser porque hace solo dos días nos hemos mudado a esta casa.

Aún no me acostumbro a esta nueva disposición de los objetos, y todavía tengo algunas cosas empacadas en cajas. Cuando los empaqué me trajeron recuerdos y sensaciones, con una intensidad extraña. Dependiendo de los recuerdos que me proporcionaron los fui seleccionando; dejé abandonados en el basurero de la anterior casa muchos objetos y papeles que guardaba no sé para qué, que no me traían nada a la memoria o que me hacían evocar malos momentos.

De los que empaqué en estas cajas algunos no sobrevivieron al traslado y llegaron deteriorados o inservibles, así que mientras desempacaba debí hacer una nueva selección. Ubiqué los objetos tratando de dejarlos en el mismo sitio que tenían en la anterior habitación, pero sin embargo me era difícil encontrar algo.

Me dirijo al baño y resulto entrando en la cocina. Me veo como perdido en un espacio tan reducido y me causa risa sentirme desorientado, el refrigerador parece que me mirara impasible desde su rincón, tiene una fría mirada, me digo.

Salgo de la cocina, camino por un pasillo y por fin siento un alivio después de entrar al escurridizo baño; ahora puedo retornar a mi habitación para escoger cada prenda que me he de poner de manera cuidadosa: el pantalón que mas me gusta, la mejor camisa, los zapatos mas elegantes, la ropa interior mas nueva y las medias sin agujeros.

Me meto en la ducha y me quito la pijama como estudiando cada movimiento, como si estuviera practicando como quitarme la ropa, me veo desnudo y me digo que no estoy mal, que tengo buena figura a pesar de ser tan delgado; veo en el espejo mi rostro y me miro a los ojos para cerciorarme que allí radicará mi éxito, en la forma sugestiva como maneje mi mirada. Mi novia siempre me ha dicho que la cautivan mis ojos y yo me he repetido insistentemente que debo aprovechar esa cualidad... o será debilidad?, no estoy ahora para discusiones semánticas... o serán románticas?

Me paso la mano por el cabello desordenado tratando de peinarme, pero es muy rebelde y vuelve a su desorden natural, tal vez los jóvenes tengamos también en el cabello una manera de ser. Entro a la ducha y cae sobre mi cuerpo el agua fría que ayuda a calmar mi ansiedad reprimida, cuanto no daría por estar ahora en su compañía, el agua y los pensamientos me hacen sentir con mas energías.

Le he pedido las llaves del automóvil a mi hermano, pues habíamos quedado en que él lo tendría durante toda la semana para ir a la Universidad, siempre y cuando me garantizara que me lo entregaría anoche. Ayer mismo lo he lavado para ahorrarme un dinero y he usado el balde para ahorrar agua, es mi forma de evitar altercados con mis padres por cualquier tontería, sobretodo ahora que hay que ahorrar tanto debido a los gastos que acarreó el traslado.

Me ofrezco a llevarlos temprano a comprar el mercado, el tiempo se va volando y ya estamos de regreso; bajo las últimas bolsas del auto y las llevo a la cocina de la casa, veo a mi madre desempacar todo y llevarlo a la alacena o al refrigerador, con gran propiedad y armonía.

Almuerzo en la mesa en compañía de mis padres que se sorprenden al verme alejado del televisor por un buen rato, les comento de mis planes de regresar a visitar a algunos amigos del barrio en que vivíamos; lo cual en el fondo es cierto, lo que no les cuento es con quien exactamente voy a pasar la tarde y parte de la noche.

Enciendo el televisor buscando que las horas pasen mas rápido y paso de canal en canal buscando también un buen programa; difícilmente lograré ambas cosas, las horas van a un ritmo proporcionalmente inverso que el de mi nivel de impaciencia y ninguno de los programas logra cautivar mi atención. Sigo jugando con el control del televisor, veo todo y nada hasta que lo apago y enciendo el radio para escuchar mi emisora preferida; un par de canciones y luego una cantidad de publicidad que terminan por aburrirme, de nuevo me enfrento al televisor.

Suena el teléfono y corro a contestarlo, es un amigo del barrio que dice que va a venir a conocer la nueva casa, le digo que todo anda en un desorden bárbaro y entonces me invita para que cuando pueda vaya a pasar una tarde en su compañía; le digo que por supuesto, que iré mas seguido de lo que cree, pero que hoy no podré hacerlo.

Cuelgo el teléfono y me surge la idea de llamarla para concretar nuestro encuentro, mis dedos se saben de memoria el número que me comunica con mi "Café" ... le digo así porque es negra, dulce, caliente y me quita el sueño. Bueno, lo de caliente es solo una sospecha, aunque bien infundada. Al otro lado de la línea escucho su agradable voz y la cabeza me da vueltas. Quedamos en continuar con el plan.

Heme aquí, sentado en el asiento del conductor del automóvil de la familia, con el tanque lleno (el del auto), muy bien arreglado (yo); y pensando en darle encendido (a mi novia, que digo... al auto); una mirada a mis ojos reflejados en el espejo retrovisor, un leve giro de la llave y aquí vamos, en busca de disfrutar el gran día en el que he de retornar al barrio donde antes habitábamos, para encontrarme con mi novia que está esperándome ansiosa y nerviosa.

Acelero un poco, pero no llevo tanta prisa como la que parecen tener los autos que me adelantan a mayor velocidad, observo con nuevos ojos cada casa, cada almacén, cada farmacia, que voy dejando atrás. Es como si los viera desde otro nuevo ángulo, como si antes no hubiera percibido en ellos cada detalle.

Debo atravesar la ciudad para ir de mi nueva a mi anterior casa, el tráfico no está tan pesado como otros días y el día está precioso, un poco frío pero sin lluvia. Igual al día de la despedida, es como si estos días de separación no hubieran pasado y se tratara de un simple paréntesis. Ese día la noté muy triste, mas de lo que creí cuando dos semanas antes le comenté la noticia de la mudanza. En esas dos semanas la pasamos muy callados y en las pocas frases que surgían en nuestros encuentros diarios, ella insistía en que la distancia sería pesada carga para nuestra relación sentimental.

En verdad estaba convencido que no había razón para que la relación se viera afectada, pero su monólogo fue haciéndose cada vez más insistente; un día antes de la despedida me ofreció que rompiéramos de una vez y para siempre, en ese instante se me aceleró el corazón de tal manera que creí que esa sensación no podría ser superada. Me equivoqué.

Nunca pensé que fuera preciosamente el día de la despedida, cuando ella me diera el tan anhelado "tal vez", que sonó como un "sí"; y que me demostró cuan equivocado estaba en asuntos de taquicardias propiciadas por mi novia. Su dulce voz me dio un quizás y ahora me dirijo a cobrarlo de contado.

He llegado mas pronto de lo previsto y eso que conduje con precaución, ella abre la puerta y se asusta de verme tan temprano; nos damos un largo beso en la boca y me permite pasar a la sala, me siento mientras se aleja hacia el interior de la casa. Este sofá y esta sala han sido testigos de miles de caricias, de miles de besos, de miles de intentos fallidos. La casa está en un silencio no habitual, escucho mover algo en el interior de la casa y me acomodo bien en el sillón, en los minutos finales de la espera.

Ella regresa y camina como entre nubes, me sonríe intensamente y se va quitando la blusa mientras mis manos sudan, sus tiernos senos se ocultan pudorosos tras el brassier que estorba a mi vista; se acerca tan lenta y seductoramente hacia mí, que la veo como la protagonista de una película; mi mirada quiere ver mas allá de lo evidente y siento el pulso de la sangre en las sienes. Por fin llega hasta el sofá y se inclina, toma mis brazos y hace que la rodee por la cintura; me besa apasionadamente, mis torpes y sudorosas manos se demoran un infinito para retirar lo que ya no hace falta.

Mis manos sudorosas se resbalan de la dirección del auto, me las seco rozándolas sobre mi pantalón y espero ansioso el cambio del semáforo; dentro del auto el calor es casi insoportable, pero miro los transeúntes y los otros conductores y los veo tan frescos que concluyo que el calor no está afuera, me sonrío, en verdad el día está precioso, un poco frío pero sin lluvia; aprieto el timón y siento el pulso acelerado, abro la ventanilla y mientras lo hago el semáforo cambia a verde dándome vía libre para volver mis sueños realidad.

He llegado mas pronto de lo previsto y eso que conduje con precaución, ella abre la puerta y se asusta de verme tan temprano, nos damos un largo beso en la boca y me permite pasar a la sala, me siento mientras se aleja hacia el interior de la casa. Este sofá y esta sala han sido testigos de miles de caricias, de miles de besos, de miles de intentos fallidos.

Ella regresa y se sienta, mas bien se deja caer sobre el sofá. Me ofrece algo de tomar, y sale de nuevo hacia la cocina, yo me consumo por dentro en cada segundo que pasa, ella regresa con un vaso de jugo que tomo presuroso y bebo de un solo trago, suena el teléfono y sale a contestar mientras yo la sigo con la mirada y la imagino flotando desnuda, como entre nubes. Respiro profundo y la veo colgar el teléfono y regresar; camina como en cámara lenta, sus senos rebotan con cada paso que dá y mueve la cadera con un aire tan seductor que me siento como protagonista de una película, se sienta en el sofá y cuando trato de acercármele se levanta de repente con la excusa de que dejó olvidado algo; mientras se aleja puedo ver que su rostro denota preocupación, no parece estar tan segura y cómoda; tal vez sea mala idea insistirle en el tema, dejaré que sea ella quien tome la iniciativa.

Ante esa actitud mi energía vuelve a su estado normal y me siento mas tranquilo, hasta cuando la veo aparecer de nuevo con un pequeño paquete entre sus delicadas manos, me causa curiosidad ver que es lo que trata de rasgar con sus uñas, y lo descubro cuando se lo lleva la boca para apretar con los dientes y rasgar el envoltorio. Mis ojos se convierten en binoculares al ver que ha abierto un preservativo y me recorre un escalofrío por todo el cuerpo que hace temblar mis piernas.

Mis piernas temblorosas se resbalan del embrague y el auto emite un sonido extraño al entrar el cambio de marcha, tomo aire para lograr calmarme y disminuyo un poco la velocidad buscando un objeto en que clavar mi mirada, veo pasar progresivamente los postes de las redes eléctricas y siento la brisa en la cara que me alivia la ansiedad por llegar a ese barrio donde tantos años pasé, donde tantos amigos dejé y donde un amor me espera para que intercambiemos ritmos y pasiones.
He llegado mas pronto de lo previsto y eso que conduje con precaución, ella abre la puerta y se asusta de verme tan temprano, nos damos un largo beso en la boca y me permite pasar a la sala, me siento mientras se aleja hacia el interior de la casa.

Ella regresa y se acerca al sofá, no se sienta en él porque prefiere hacerlo sobre mis piernas, rodea mi cuello con sus brazos y echa hacia atrás su negro y largo cabello; acerca su rostro al mío, frota su nariz contra la mía, sus mejillas contra las mías y comienza a besarme en cada espacio de mi cara y en cada segundo de mi cuello; siento la sangre rebosar en cada arteria, en cada vena; nuestros corazones además de enamorados están agitados y las manos buscan recorrer cada fragmento del otro, algo suena, tal vez han regresado sus padres y ella salta de entre mis piernas.

Algo suena y es la bocina del auto de atrás para indicarme que él vio cambiar el semáforo una milésima de segundo antes que yo y que eso le da autorización para acosarme, aprieto el embrague, aprieto la palanca de cambio con firmeza, aprieto el acelerador con suavidad y aprieto los dientes con rabia. Media cuadra mas arriba veo por el retrovisor como maniobra el auto de atrás para pasarme, le dejo espacio y lo veo acelerar y adelantarme mientras dice algo con su boca, algo que no alcanzo a escuchar pero que me imagino de qué se trate, acusa a mi madre de una profesión que no ejerce o a mi de una enfermedad que no tengo. Sigo impasible mi ruta y voy entrando en los lugares tan conocidos y tantas veces recorridos.

He llegado mas pronto de lo previsto y eso que conduje con precaución, ella abre la puerta y se asusta de verme tan temprano, yo la abrazo, la tomo con fuerza y la hago girar sobre sus pies hasta dar una vuelta completa, está tan preciosa que parece hecha de ilusión. La miro directo a los ojos y descubro de nuevo esa sensación que me cautiva; que tiene nombre y sabor a Gloria, es tanta su gracia que no me atrevo a hacer nada más que tenerla entre mis brazos, no sé si es ella la que me cautiva con su mirada o si soy yo quien lo hago, pero eso no importa. Comienza a acariciarme, a besarme, mientras yo hago lo mismo, empiezo a recorrerla lentamente y de pronto me detengo.

Me detengo, apago el automóvil, cierro la ventanilla del conductor y tomo una bocanada de aire, bajo del auto despacio como quien no tiene prisa, lo hago así no porque no lleve urgencia si no porque necesito tranquilizarme antes de tocar a esta puerta, en esta casa tantas veces visitada, en este barrio que ya no habito. Hoy es el día.
  






 

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