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La sociedad en la que vivimos, nos movemos y existimos ha tomado unos nuevos roles sociales y la juventud de hoy en día camina desnortada y desorientada, heredando los vicios y los defectos de sus progenitores, que nunca pueden ser corregidos, si no es por la generación que viene empujando, que es educada con otros valores, con otras ideas más permisivas y desde que nacen van literalmente mamando los pros y los contras de ésta sociedad hedonista, consumista, clara, abierta, liberal, insolidaria y solidaria, con unos contrastes ambivalentes que la enriquecen y la hacen abandonar ese concepto globalizador de todo, de la economía, de las costumbres sociales, de las tradiciones que se olvidan y se abandonan y son la clave de nuestra existencia actual. Se percibe una decadencia en la sociedad actual de valores tradicionales, que los más jóvenes han ido rompiendo, aunque no por eso los nuevos modelos de convivencia puedan ser mejores o peores, son otros que han ido surgiendo, con la renovación de la sociedad, con savia nueva, como hacen los políticos de vez en cuando, que incluyen entre sus comités ejecutivos jóvenes con ideas renovadoras o con cuotas de participación política de la mujer para estar al día con el progreso de la sociedad y no perder votos en las elecciones, aunque lo ideal sería que la mujer se integrara definitivamente en todos los órdenes de la sociedad, sin cuotas de participación, como una persona más, sin discriminación de sexos y optara a los puestos sociales más relevantes por sus méritos profesionales y su curriculum, que por otra circunstancia ajena, como es obvio.

La capacidad de adaptación del hombre postmodemo a las circunstancias actuales no tiene límites y es que no queda más remedio que adaptarse, además a velocidades de vértigo, porque te vienen empujando y si tropiezas te machacan y nadie te va a echar una mano para que te vuelvas a levantar y vuelvas a discurrir por el nuevo camino, quizá ese tropiezo sea el último tren laboral que pasa por tu vida y le has desperdiciado, aunque nunca hay que perder la esperanza, porque como dice la canción «después de un día triste, nace otro mejor» y nunca se puede decir «de esta agua no beberé», porque aunque no quieras, mañana no sabes lo que ocurrirá y quizás tengas que cargar con ruedas de molino y rectificar tus afirmaciones pasadas y tragar lo indeseable

Los dioses del Olimpo me comentan mentalmente que no entienden al ser humano postmodemo, que pasa casi de todo y luego en realidad no pasa de nada, que camina tan deprisa, sin tener un destino fijado y se ahoga en sus miserias cotidianas y no vive a tope la vida, ve pasar los días, los meses, los años, decepcionado, sin ninguna ilusión, entre monotonías y rutinas, deseando que llegue el fin de semana para desfogarse y olvidarse de las prisas y del estrés y se mete en un viaje por carretera para darse un bañito en la costa, sufriendo las caravanas del regreso y siempre deprisa, sin parar y eso es descansar, no, eso es cansarse más. Descansar sería estar tranquilo en su ciudad o pueblo y disfrutar ahora en verano de la piscina, del campo, desplazarse a los lugares cercanos a su entorno, estar en contacto con la Naturaleza, pasear, leer algún libro, aprovechar los ratos de ocio creativo o simplemente sin dar ni golpe, sin hacer nada, descansando, como hacen algunas personas.

Las modas irrumpen en los jóvenes y de la cabeza a los pies van vestidos con ropa y deportivas de marca y se piensan que así destacan de los demás y es al revés, porque en cambio otros jóvenes, los menos, se adaptan a otra forma de vestir y así incluso ahorran dinero, son prácticos y acceden igual que los demás jóvenes a los servicios que la sociedad prodiga y facilita, pero sin inmiscuirse en ese consumismo galopante y éstos sí son únicos, porque no se dejan regir por la masa aborregada o por las multinacionales que inducen al comprador a que con suma desaforadamente, con una publicidad endiablada y subliminal, que a todos nos entra por los ojos, a través de los anuncios publicitarios televisivos y el individuo que va contracorriente y no es políticamente correcto es una persona a observar, un espécimen único, que hay que vigilar para que no se salga del redil mediático, donde todo está dirigido y organizado por unas sombras y unos ojos orwelianos desconocidos, por unos grandes hermanos que nos sugieren sibilinamente lo que debemos vestir, comer, consumir, aunque el hombre es libre para «elegir» lo que le conviene, si va contracorriente y saca a relucir una fuerte personalidad, quizá no sea arrastrado por la maraña social imperante y siga imperturbable ante las corrientes de opinión dirigidas por los poderes fácticos, algo sumamente difícil de llevar a la práctica, aunque nada es imposible, hasta que no se demuestre lo contrario.






 

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