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Historia
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EL PANTEON DE MARINOS ILUSTRES (I)
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por Jesús Jaén
Serrano |
En la plaza del Hospital de las
Anclas, situada al final del paseo
Capitán Conforto y
flanqueado por la Escuela de Suboficiales y el Hospital Naval, nos
encontramos con lo que tendría que haber sido la iglesia de la Purísima
Concepción Patrona de España y de las Indias, advocación a la que tenía
gran devoción el monarca reinante, Carlos III, que ya el 17 de julio de
1760 la había propuesto para su aprobación a las Cortes del Reino.
Esta iglesia formaba parte de los edificios a construir
en la población de San Carlos y que por falta de presupuesto quedó, como
tantas cosas, en agua de borraja.
Se puso la primera piedra de la iglesia el 2 de julio de
1786, por el Capitán general del Departamento D. Luis de Córdova y
Córdova, y en cuyo interior se depositó un plano de la citada población,
una vista general de ésta desde la Carraca, un estado general de la
Armada
y varias monedas en oro, plata y bronce. El día anterior se bendijo una
tosca cruz de madera por el Teniente Vicario D. Domingo Villanueva que,
partiendo de la capilla del Cristo con la cruz alzada y acompañado en
procesión por las autoridades correspondientes, la comunidad de
franciscanos de la iglesia castrense, y cubierto el recorrido por fuerzas
regulares, depositó dicha cruz en la nave central del futuro templo en el
lugar que debería ocupar el tabernáculo. Al día siguiente, el 3 de julio,
comenzaron las obras a las órdenes del Capitán de Navío D. Vicente
Imperial Digueri, el teniente de fragata y arquitecto D. Antonio de Bada y
los alarifes Ramón Estrada y Antonio Barrionuevo. Los primeros trabajos se
hicieron con rapidez, pero pronto llegó la falta de caudales y la
ralentización de las obras.
A finales de septiembre de 1789 fue relevado Imperial
Digueri por D. Gaspar de Molina, tercer marqués de Ureña, continuando las
obras con más o menos prisa en función de los caudales y de las
necesidades del departamento, hasta que se suspenden en 1794; pero una R.O.
de 28 de abril de 1795 obliga a la terminación del sagrario para que
sirviera de iglesia provisional y se continuaran en lo preciso para
conservar lo realizado. Con motivo del desastre de Trafalgar en 1805 pararon
del todo las obras y puso en olvido lo construido con tanto esfuerzo.
La apertura del Colegio Naval Militar en 1845, y al no
disponer éste de capilla propia,
fue el motivo de la reanudación de las obras, pues la dirección del
colegio, y a sus expensas, adecenta y reconstruye la capilla del sagrario,
ya que el lugar se había convertido en un muladar con escombros, basuras y
hasta cadáveres del cercano Hospital. Tienen que pasar cinco años más
para que una R.O. de 10 de octubre de 1850 disponga que la iglesia que no se
había construido " fuese lugar decoroso de perpetuo y religioso
descanso de los ilustres marinos que sirvieron denodada y fielmente a la
Patria", y, además, capilla para el Colegio Naval.
Para dar cumplimiento a la citada ordenanza, se procedió
al saneamiento del lugar y a la demolición de lo construido sobre cornisas
y, por hacer menos gravosas las obras, se utilizaron como mano de obra
barata a los confinados y reclusos del departamento y se modificó el plano
original haciéndolo más sencillo, de tal forma que en ese mismo año se
terminaron las dos capillas circulares y que originalmente eran la
sacristía, una para el colegio naval y la otra para el culto diario.
El 15 de noviembre de 1854 se dan por terminados los
sepulcros de Jorge Juan, Navarro, Gravina, Córdova, Álava, Valdés y
Rodríguez Arias y el día 19 de dicho mes, onomástica de la reina Isabel
II, se procede a su bendición; pero la penuria económica por la que pasaba
el país en esos momentos continúa haciendo estragos, por lo que los
trabajos en el Panteón se lentifican hasta casi su paralización. A pesar
de todo, el 2 de octubre de 1858 son llevados los restos del capitán
general de la Armada D. Cayetano Valdés, quizás el primer marino que se
deposita en el Panteón, y en meses sucesivos los de D. Gabriel Ciscar, D.
Santiago Liniers, D. Juan Gutiérrez de la Concha y D. Andrés Reggio,
depositándose provisionalmente en una de las capillas.
Nuevos arquitectos como D. Isaac Nessi y D. Manuel
García del Álamo continuaron, mal que bien, con las obras, de tal forma
que en 1869 estaba cubierta las naves laterales, pero no así la central ni
el crucero. La inauguración oficial del Panteón se debió a la insistencia
del capitán general del Departamento D. Manuel Mac-Crohon Blake y tuvo
lugar el 2 de mayo de 1870 siendo el primer capellán del Panteón D. Juan
de Palma Isola.
Poco se tocaría más a este monumento si no fuera para
reparar los daños que se produjeron en 1873 cuando despojaron a la Virgen
del Rosario de sus atributos de plata, o el robo en ese mismo año de sus
piezas de altar, por lo que se tiene que esperar hasta 1942 cuando, a
instancias del Ministro de Marina D. Salvador Moreno, la Armada se decide a
terminar el lugar de reposo de sus más ilustres varones. El 31 de diciembre
de ese año se presenta un proyecto de obras a realizar, aprobándose el
comienzo de éstas y su ejecución por la Empresa Nacional Bazán en junio
de 1943; pero... proyectos van y proyectos vienen, hay que contar con la
Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos y que sus
apreciaciones se aprueben en el ministerio y son muchas las puntadas tales
como el cubrimiento de la nave central, altar mayor, retablo, lapidario,
cúpula, pinturas, monumentos funerarios, lámpara, óculos, imaginería...
etc. Por lo que no es hasta el año 1959, y con un coste desde el año 1943
de 8.149.286,85 pesetas, cuando se dieron por finalizadas las obras.
Continuará.
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