Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

LA VOZ DE UNA ROMÁNTICA PROGRESISTA

¿Piensas que han de nombrarte suicida?
Tienes horrible y más exacto nombre;
teniendo madre, y madre buena, un hombre
que a la tumba se lanza, es parricida.
Concepción Arenal

Concepción Arenal

Concepción Arenal tuvo un alto sentido de la libertad personal, un deseo absolutamente conmovedor de ayudar a que la sociedad a la que perteneció fuera más justa, más generosa, más retributiva que el mundo que le había precedido. Nacida en 1820, moriría a los setenta y tres años, en 1893, cuando su siglo estaba a punto de expirar. Tan larga existencia fue, sin duda, una vida ejemplar. Llegó a ser la mujer más popular del siglo XIX. Encarnó las ideas filantrópicas cristianas y las rebeldías liberales.

Concepción Arenal nació en el Ferrol el 31 de enero de 1820. Quedó huérfana de padre a los ocho años de edad. El padre, Ángel Arenal, fue un militar de brillante expediente en la Guerra de la Independencia, pero debido a su ideología liberal, Fernando VII y su gente le hizo sufrir penosos contratiempos, sufrió meses y meses de prisión militar. Aquellas prisiones le hicieron caer enfermo y la familia sospechó siempre que aquel encarcelamiento sería la causa de su muerte. La madre con tres hijas pequeñas viven en el pueblo de Armaño en la montaña de Santander.

En 1834, marchan a Madrid, Concepción ingresa en un colegio. Siete años más tarde, Concepción Arenal se viste de hombre para asistir a clase en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. En 1848 contrae matrimonio con el abogado y periodista Fernando García Carrasco. El matrimonio proporcionará a Concha la oportunidad de escribir, publicar, de conocer un círculo de románticos progresistas.

De 1850 a 1860, Concepción Arenal escribe de todo: poesías, una novela, Historia de un corazón. También escribió el libreto para una zarzuela -Los hijos de Pelayo- y algunas obras de teatro -Un poeta, La medalla de oro, Dolor y misterio- y muchas poesías. En cuanto su vena poética lo más curioso, lo que manifiesta mejor su vocación didáctica es un tomito de poesías titulado Fábulas en verso, que publicado en 1854, fue de inmediato declarado texto oficial en las escuelas de primera enseñanza. Como sucede desde tiempo inmemorial, las fábulas se han ofrecido siempre con un sentido utilitario, fácil de comprender y asimilar su mensaje, siempre sencillo y aplicable a la vida diaria. Su oda La Esclavitud recibió el primer premio en el certamen convocado por la Sociedad Abolicionista de España en 1866.

Concepción Arenal dedicará su pluma a la reivindicación de las situaciones marginadas; es en semejante tarea a la que aplica su inteligencia, escribiendo libro tras libro, artículo tras artículo. En La mujer del porvenir, uno de sus libros más interesantes, dice cosas como ésta: «Si la ley civil mira a la mujer como ser inferior al hombre, moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal la impone iguales penas cuando delinque?»

Uno de los aspectos más progresistas -más modernos, diríamos hoy- de Concepción Arenal es su consideración de la mujer como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, no en rendiciones galantes, no en modales encantadores y protectores, sino educándola en la dignidad de su propia condición.

Poco menos de un año antes de su muerte, en 1892, viejecita y enferma enviaba al Congreso Pedagógico una ponencia titulada La Educación de la Mujer; en ese escrito se formulan juicios y se hacen comentarios que incluso hoy, casi un siglo después, son dignos de tenerse en cuenta, porque continúan vigentes y son necesarios: «No creemos que puedan fijarse límites a la aptitud de la mujer, ni excluir a priori de ninguna profesión, como no sea la de las armas [...] Es un error grave, y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre». El otro gran cuidado de Concepción Arenal fueron las cárceles -de hombres y mujeres- y los hospicios e inclusas. La mendicidad, la vejez abandonada y los manicomios reciben también su atención y sobre todos esos temas penosísimos escribe artículos inmejorables; no podría olvidar, y no lo olvidó, el espectáculo de las ejecuciones públicas, con el reo condenado a garrote vil, ofrecido como espectáculo en plazas ciudadanas o en el patio de la cárcel o el penal. De todas esas desdichas se hace eco Concepción Arenal, no solo para lamentarlas, sino, y sobre todo, para intentar paliarlas o suprimirlas.

Como escritora eligió el género y los medios más accesibles a los lectores: Género epistolar -Cartas a los delincuentes, Cartas a un obrero, Cartas a un señor-; folletos de no muchas páginas como El visitador de presos, El reo, el pueblo y el verdugo, o La ejecución pública de la pena de muerte. Siempre la utilización de la prensa: fundó La Voz de la Caridad, cuyo primer número salió el 15 de marzo de 1870.

Aparte de su actividad de escritora, Concepción Arenal fue activista de las ideas sustentadas en sus artículos y libros: conoció el horror de las cárceles de mujeres y hombres, la inmisericordia y miseria de hospicios y manicomios, y hasta la guerra civil carlista, como una Madre Coraje entró acompañando a las tropas cristianas en Miranda del Ebro y en esa población atendió a los heridos de ambos bandos y dirigió el adecentamiento del hospital de campaña que se montó para atender a tantos hombres moribundos y heridos de diferente consideración. En esa experiencia se inspiró para escribir sus Historias de guerra. En 1863 fue nombrada visitadora de prisiones de mujeres, y en 1868 inspectora de casas de corrección de mujeres.

La escritora murió el 4 de febrero de 1893 en Vigo, donde fue enterrada. En su tumba se gravó la inscripción que fue el lema de toda su vida: «A la virtud, a una vida, a la ciencia».





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep