Manuel Arjonilla Terrero
Cádiz

 

 

               SAN JOSÉ



Era un hombre sencillo, carpintero,
que se quedó prendado de María
-hija de Ana y de Joaquín-, tenía
una quietud de hombre verdadero.

Con su vara de nardo fue el primero
que se acercó a rendirle pleitesía;
María lo aceptó porque sabía
que llevaba, al mirarla, un gran te quiero.

Fue el esposo cabal, justo, prudente,
con dimes y diretes entre la gente
al concebir a su mujer preñada.

Así lo quiso Dios. Era el Destino.
Nació Jesús de un parto cristalino
y José lo aceptó. No dijo nada.