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Tarde de jazz y lluvia
Llora un saxo. Se queja.
Tan blandamente gime,
que pone el contrapunto delicado
a la lluvia que, mansa,
acompaña la tarde
de un triste otoño
en que el hastío
se me quedó prendido, sin saberlo,
en las paredes
de mi frío despacho.
Otro tormento
que me castiga
en esta tarde fresca de domingo.
Aunque intento leer,
vuela muy lejos
el pensamiento.
Cierro el libro y prefiero
escuchar nuevamente
el lamento del saxo, que prosigue
y se derrama
sobre la estancia
como un bálsamo dulce que me cura
la permanente
nostalgia que rodea la tarde de domingo.
(Del libro inédito: «Las Perfidias del Domingo»).
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