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Lo siento, amables lectores, pero debo repetir mis críticas, mis reproches y calificativos hacia un personajillo que, a pesar de su edad, tiene perdido, junto a sus facultades mentales, el derecho al respeto. Me refiero a Heribert Barrera (viejo republicano, separatista eterno y xenófobo oportunista). De él ya escribí en estas mismas páginas, en marzo de 2001. Hablé de la xenofobia y del racismo y ya, por entonces, afirmé que el fulano arriba citado, estaba aquejado de una terrible e incurable demencia senil. Hoy digo más, es un estúpido, un cretino (para aplicar el significado exacto les remito al diccionario de la lengua) y lo afirmo en descargo del propio individuo pues, sólo desde la estupidez supina, pueden entenderse, que no admitirse, sus ultimas afirmaciones (ABC nueve de febrero de 2002).

El portero de un bar, amparado por un par de secuaces, apaliza y arroja al mar, malherido, a un hombre que, al poco, muere ahogado en aguas del puerto de Barcelona. Todo fue dramático: el hecho, el como, el vídeo grabado por cámaras de vigilancia, pero más dramatismo sensacionalista se sumó al suceso por el hecho de que la víctima fuese un emigrante más o menos violento, con o sin una copa de más, con o sin un talante agresivo quizá por autodefensa. El resultado fue la muerte de un hombre apalizado y lanzado al agua con pocas posibilidades de sobrevivir. Hasta aquí la noticia que ha sido maximizada y destacada en diferentes medios, dándole una sobrecarga de tinta según la tendencia o el criterio del difusor.

Y hoy aparece el insólito personajillo, que se resiste a ser nadie, y poco menos que defiende a los corpulentos porteros y seguratas afirmando, públicamente, para vergüenza de propios y extraños, que todo lo sucedido se acabaría con el cierre tempranero de los locales de diversión. Si quieren, de los horarios de bares y discotecas, de la cultura del botellón, de las costumbres noctámbulas de nuestro jóvenes, hablaremos otro día, pero hoy tengo que hablar de Heribert Barrera.

¿Es o no un cretino? ¿Es o no un estúpido quien afirma semejante estupidez?

Absuelvan a los matones, la culpa es del alcalde que no acorta los horarios. La culpa es de quien acude a un local, con calzado deportivo, para divertirse. La culpa es de los ecuatorianos que osan venir a nuestra patria. La culpa es toda nuestra si pensamos como Heribert.

Que el demonio se apiade de él.





 

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