Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Pues sí, señores. Si es su deseo reivindiquen. Hoy todos reivindican y reivindican de todo. Los trabajadores, en sus centros de trabajo y por las calles, reivindican. Reivindican, también, los adolescentes, y las chicas de servicio que, aunque ya escasas, saben reivindicar al dictado de sus novios. Se reivindican o se piden, e incluso se exigen, mejoras salariales, disminución de jornadas laborales, pensiones justas, prestaciones sociales que ayuden a sobrellevar ésta dura e ingrata vida. Se piden dimisiones sabiendo que nadie dimite ni dimitirá. Se exigen ceses convencidos de que el superior del cuestionado nunca le cesará. Se grita y se alborota y se rompen cristales y papeleras y escaparates de bancos, que nada tienen que ver, para que se supriman exámenes pretendiendo, quizá, que se regalen algunos titulillos universitarios que de otra manera, a base de horas y codos, algunos no conseguirían. Se reivindica el uso de un pañuelo para la cabeza montando tal algarabía nacional que los medios, durante una semana, no encontraron mejor noticia para sus portadas y, al hilo del famoso pañuelillo que ha de ocultar bellos rostros, me pregunto yo ¿no sería mejor que consentir obligar? No se preocupen, no pretendo que toda la población salga a la calle con sus cabezas cubiertas, para eso se inventaron los elegantes sombreros de señora y caballero y, para estos, además las boinas. Me refiero al pequeño, limpio (siempre debe ser blanco) y bien doblado pañuelo de bolsillo cuyo uso debiera ser obligatorio para no vernos en la contemplación de asquerosas extracciones nasales a la sombra de un semáforo en rojo.

Ahora bien, siendo respetuoso con las peticiones de las gentes y buscando siempre en ellas la parte de justicia y derecho que les asiste, debo decirles que, de entre todas las reivindicaciones que en estos tiempos se claman, una, especialmente una, me tiene sumido en una mezcla de sorpresa, expectativa y temor por su posible concesión. Ya lo suelto.

He oído decir que el gobierno analizará la conveniencia, tras múltiples peticiones en ese sentido, de adecuar los planes académicos de institutos y centros públicos de enseñanza para dar cabida al estudio del Islam. Pues que venga Mahoma y lo vea. Y sepan ustedes que ni me parece bien, ni me parece mal. Un poco más arriba les decía, sin mentir, que admito casi todo y me opongo a pocas cosas, pero siempre quiero saber lo que está bien o mal y eso es más fácil de discernir si el asunto, o el acto, o la actitud, o lo que sea cuestionado en cada momento, puede ser comparado con algo.

Para saber si algo es más bonito o más feo, debe tenerse una referencia, pues algo es más bonito o más feo que aquello otro. O más alto, o más malo, o más barato, o menos apetecible que... En lo tocante a la enseñanza del Islam a cargo de nuestro ministerio, tengo notables referencias para comparar su oportunidad y saber que esa decisión, de tomarse en positivo, sería políticamente incorrecta, frase que, como ya he dicho en otras ocasiones, me parece una auténtica gilipollez.

Lo aclararé. Yo soy madrileño y por tanto español, tan español como lo son los andaluces, extremeños, gallegos o vascos. Llevo muchos años viviendo en Cataluña, por tanto vivo en España y mis hijos, que nacieron aquí, son catalanes y por tanto españoles pero no han recibido educación escolar en español, bueno, que no se enfade nadie, no han recibido educación escolar en castellano.

Grupos enteros, asociaciones de padres, plataformas de todo tipo, signo y color han reivindicado en los últimos quince años el uso de la lengua española, bueno, castellana, y no se ha conseguido. El país es, constitucionalmente, aconfesional y ahora me vienen con milongas islámicas, pues no, a la mierda esa reivindicación mientras a mí no me demuestren que en Cataluña -que es España- se puede estudiar y hablar en español. Bueno, en castellano.

Qué quieren, ¿que monte una manifestación?





 

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