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La inmigración es hoy tema habitual de cualquier charla o tertulia que se precie de vivir la actualidad. Quizás se da demasiado ruido a un fenómeno que ha existido, prácticamente, desde que el hombre se hizo sedentario. La peculiaridad de la inmigración contemporánea es que es una consecuencia de la tan traída y llevada globalización y que es Europa el lugar de destino del inmigrante, en lugar de ser la que produce emigrantes y expulsados políticos y religiosos. En España, es un hecho relativamente reciente.

Álvarez Dorronsoro afirma que "nuestro mundo se ha convertido en un mundo abierto a los flujos de tecnología, a la comunicación, a los movimientos de capital y de mercaderías. Pero los imparables movimientos migratorios que ese sistema económico mundial, unido a la presión demográfica, genera, chocan contra las barreras que levantan los países del Primer Mundo para proteger su prosperidad de la afluencia "incontrolada" de inmigrantes". Ponemos en juego nuestro estado de bienestar y nos parece que no es justo que perdamos lo que hemos tardado tanto tiempo en conseguir. Aun teniendo en cuenta que nosotros acudimos en el pasado al Sur como aves de rapiñas a traernos sus riquezas, no podemos considerar viable una inmigración masiva que no sería bueno ni para nosotros ni para ellos.

Juan Goytisolo habla de la "marea que no cesa", en relación a la llegada de inmigrantes del sur a las costas del norte, y señala que esto no parará si no hay la menor intención de poner freno a la mundialización económica, porque los grandes organismos internacionales con papel en la misma, el FMI, el Banco Mundial, etc., actúan sólo bajo las órdenes de los estados más poderosos y de las grandes firmas internacionales. La solución no puede estar en controlar el fenómeno migratorio mientras los bombardeamos con nuestro "way of life" y los abandonamos en su pobreza. Urge hablar de la necesidad de una ética global que ayude a remediar la catastrófica situación de los países del Tercer Mundo, porque los que conocen allí la prosperidad de Occidente ansían, como es natural, llegar aquí como sea. En Monterrey, México, los principales gobernantes del mundo han hablado del 18 al 22 del pasado mes de marzo de la posibilidad de un reparto de la riqueza para conseguir una situación sostenible, y se han podido escuchar noticias tan aberrantes como que los tres hombres más ricos del mundo poseen tanto como los cuarenta y tres países más pobres. Hubiera sido justo y deseable que se hubiera llegado a un acuerdo viable para solucionar esta clase de injusticias, pero imagino que los intereses nacionales no lo permitieron, porque cono afirma, tristemente Gumersindo Ruiz: "La realidad muestra que el capital es prácticamente intocable en las economías de mercado... Las medidas de redistribución del capital más eficaces han sido las violentas". 

Muchos de los que llegan a suelo español han de ver el derrumbe de sus expectativas al observar que esto no es lo que esperaban. El trabajo, ese bien tan preciado que todos desean conseguir, no llega y se ven obligados a malvivir donde pueden y , algunos, hasta a delinquir. Los que consiguen asentarse tienen muchos que luchar contra la miseria y un racismo que emerge, según Carbonell, en una clase trabajadora que ve amenazado y en peligro su estatus social. Por otra parte, es lógico, al ser ellos los que tienen que trabajar y convivir en la cercanía con los poseedores de otras costumbres culturales que pueden atentar contra sus principios. Es de demagogos estar de acuerdo con todo desde las grandes zonas residenciales.

Mas nuestra sociedad necesita de ellos porque requiere mano de obra para trabajar y es justo y humano convivir y enriquecernos de su diversidad. La única solución es el educarnos ambos en la igualdad aceptando nuestras diferencias y manteniendo un mismo comportamiento cívico que haga posible nuestra convivencia. Arnold Toynbee abogaba ya en 1973 por un "gobierno mundial" y esperaba que la herencia cultural de cada pueblo se incluyera en la cultura de cada niño para que luego "las elecciones individuales en materia de religión y de ideología puedan hacerlas cada uno a su debido tiempo". Yo, en el año 2002, también apuesto por esto aunque atisbo su dificultad. La EDUCACIÓN es nuestro único salvoconducto.






 

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