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PANTEÓN DE MARINOS ILUSTRES 4Después de describir someramente los detalles constructivos y la disposición de la parte principal del Panteón pasaremos a lo más significativo del mismo y natural consecuencia para el que ha sido destinado: el homenaje que, bien en forma de placa conmemorativa o de sepultura, la Armada a tenido para sus hijos más preclaros. Por el sentido de la presente publicación sólo mencionaremos algunos de los mausoleos existentes, indicando a quien corresponde pero omitiendo sus vidas, al estar fuera de lugar, haciendo mención de algunas circunstancias cuando sea necesario, pues existen numerosos trabajos históricos y literarios a los que acudir para poder conocerlas y analizarlas en profundidad. 

Todos los monumentos funerarios están situados en las naves laterales, variando su ornamentación que van desde lo más sencillo como el de D. Juan Ruiz de Apodaca y Eliza, Conde de Venadito, que consiste en una simple lápida, hasta del Marqués de la Ensenada realizado por J. Ortell en estilo neobarroco.

PANTEÓN DE MARINOS ILUSTRES 8El total de mausoleos se eleva al número de cuarenta y cuatro, mientras son cincuenta y tres las lápidas conmemorativas. De los primeros destacan los realizados por el escultor valenciano D. Gabriel Borrás y Abella, el mismo autor del grupo escultórico que se encuentra situado en la plaza Font de Mora (plaza del Bacalao, frente al Castillo de San Romualdo) en recuerdo a los caídos en la guerra de Marruecos. Entre sus obras existentes en el Panteón podemos destacar el mausoleo dedicado a D. Pascual Cervera y Topete que está formado por el busto de este y una joven (la Patria) que enarbolando una bandera nos lo muestra sobre la lápida sepulcral, data de 1910 y está realizado en bronce. El de D. Juan Bautista Antequera y Bobadilla, el creador de la Revista General de Marina, el cual nos muestra una alegoría de la Tierra, ya que este bizarro marino en 1866 dio la vuelta al mundo con nuestro primer buque de guerra de acero: la fragata blindada Numancia.

PANTEÓN DE MARINOS ILUSTRES 9Otra de sus obras es la realizada en honor de D. Víctor María Concas y Palau, destacado marino y diplomático así como árbitro director en el litigio por el Canal de Panamá entre este país y los Estados Unidos. La urna donde reposan sus restos están escoltadas por dos figuras de mujer que representan a la Marina y a Minerva diosa del saber. Con todo la mejor de las obras de Borrás quizás sea el grupo escultórico llamado “de la Resurrección” realizado en mármol de Carrara en 1924 en honor de las Clase de Tropa y Marinería. Este monumento estaba situado en la confluencia del crucero con la nave central, y fue trasladado a su situación actual en la última de las capillas de la nave del Evangelio cuando se cubrió la central y se construyó el altar mayor; está compuesto por las figuras yacentes de un marinero y un infante a los que el Ángel de la Gloria, inclinado sobre ellos, lleva a la inmortalidad.

Otro mausoleo digno de admirar es el esculpido en mármol en 1924 por M. Garci González para albergar los restos de D. José María Lazaga y Ruiz, alférez de navío muerto en Melilla el 30 de julio de 1921. Se trata de un conjunto alegórico donde una mujer, la madre y la Patria juntas, lloran la muerte de su joven hijo. Se cuenta que cuando la reina María Victoria visitó el Panteón extendió sobre su tumba (provisional) el ramo de flores que llevaba como homenaje personal al joven e infortunado marino.

Entre los mencionados por su nombre no sólo se encuentran hombres heroicos sino una pléyade de diplomáticos, científicos, literatos, historiadores y descubridores que han brillado con luz propia en nuestra historia; así los nombres de Villavicencio, Cecilio Pujazón, Fernández Duro, Malaspina, Jorge Juan o Vicente Tofiño son nombres tan conocidos por nosotros que hasta nos asombramos de encontrárnoslos junto con otros menos conocidos como José Albariño Gaveiras fogonero del destructor Plutón y muerto en Santiago de Cuba en 1898.

PANTEÓN DE MARINOS ILUSTRES 10Tanto en los mausoleos como en las lápidas encontramos las causas por las que la Armada declaró como Ilustre, bien en forma gráfica bien en forma alegórica. Un detalle interesante que podemos encontrar en algunos enterramientos son las referencias más o menos escondidas a las ideologías de sus moradores como son la terminación en pirámide o en lacrimal, símbolos característicos de la masonería y tan en vigor entre la oficialidad a fines del siglo XVIII y principio del XIX; como ejemplo citaremos los de D. Casto Méndez Núñez y D. Gabriel Císcar y Císcar.

El primer enterramiento en el Panteón corresponde al de D. Mariano Gil de Bernabé e Ibáñez, coronel de artillería y fundador de la Academia Militar del Cuarto Ejército en la Escuela de Suboficiales, pues al efectuarse unas obras en 1982 en la antecapilla de la izquierda y retirar la lápida que sus alumnos le dedicaron a su muerte (los llamados “gilitos”) aparecieron sus restos enterrados en el muro, por lo que se dio la orden de reponer la lápida en su mismo lugar de origen.

Además de los marinos enterrados en este Panteón están depositados en él los restos de “los Últimos de Filipinas”, pues cuando en 1904 los americanos pusieron a flote los cascos del Maria Cristina, el Ulloa y el Argos, buques que se perdieron en la batalla de Cavite (1898), se encontraron restos de la tripulación. Al acta que la comisión encargada de recogerlos levantó, se añadió otra realizada en Baler (Luzón) donde se recogía la exhumación de los españoles muertos en la iglesia de dicho pueblo (hasta julio de 1899). Al regreso de tan emotivo acto, se dio la orden de que ambos restos fueran depositados en el Panteón de Marinos Ilustres, cosa que se efectuó en una caja que se encuentra actualmente en la cripta en el centro del crucero.

Numerosas son las leyendas y anécdotas que se cuentan tanto de los enterramientos, visitas, apariciones, vidas y circunstancias de los marinos que propiciaron algunos actos significativos. Una de la más hermosa se refiere al descubrimiento de los restos de D. Santiago de Liniers y de D. Juan Antonio Gutiérrez de la Concha y demás compañeros, la cual podríamos resumir como sigue: Transcurría el año 1810 y los gravísimos sucesos que ocurrían en España, se reflejaban en toda Hispanoamérica dando lugar y pretexto a poder alcanzar su independencia política, tales hechos obligaron a Liniers con su estado mayor a abandonar Córdoba (Argentina) para alcanzar Perú y desde esa posición poder reconquistar para la corona las provincias insurgentes; traicionado y conocida sus ideas no pudieron alcanzar su objetivo siendo capturados por una partida enemiga que los maltrató y fusiló el 26 de agosto de dicho año, salvándose únicamente el obispo de Córdoba y su capellán que los acompañaban. Concluida la ejecución dejaron insepultos los cadáveres para que sirvieran de pasto a las fieras, cosa que no ocurrió por la piedad de algunos de los lugareños que, bien aleccionados, colocaron una cruz con la palabra CLAMOR que contenía en clave los nombres de los fusilados: Concha, Liniers, Allende, Moreno, Orellana y Rodríguez, y que más tarde sirvió de pista para localizar los cuerpos.

Otra historia cuenta que el joven que se aparece en la parte derecha del altar mayor, bien pudiera ser el hijo de D. Blas Salcedo Gutiérrez del Pozo, capitán de navío, que murió en el hundimiento de la fragata Magdalena junto con su hijo guardiamarina del mismo buque, y que busca reencontrarse con su padre ya que ambos cadáveres aparecieron en la costa unidos en un fuerte abrazo.

Seguir contando historias o cosas del Panteón daría motivo a otros artículos sin embargo todo tiene su limite, aunque no sería honesto por mi parte si como culminación de estos no pidiera a la Armada una especial dedicación para conservar, restaurar y ennoblecer tan señero lugar, comprometiéndose y exigiéndoselo a otras administraciones, si viene al caso, en cosas tales como las que se me ocurren: eliminar la pintura negra de las figuras de bronce y de los capiteles devolviendo a ambos su fisonomía original, restaurar y pulimentar los zócalos de toda la iglesia, repasar el manifestador principal teniendo en cuenta su composición, dignificar los últimos enterramientos no usando unas lápidas comerciales, sino una sepultura que esté a la altura de tan señero marino convocando un concurso de ideas etc.; y sin entrar en política, que respecto a los considerados ilustres a mí no me corresponde, propongo modificar la referencia a los caídos en el crucero Baleares por una leyenda que diga a todos los marinos muertos en defensa de sus ideales en la fraticida guerra 1936-1939.

No quisiera terminar sin agradecer a mis amigos José Carlos, Marcos y Luis Quintana por todo lo que me han enseñado del Panteón, y a mi padre que me ayudó mostrándome la verdadera Armada a la que tanto amaba.





 

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