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LA VOZ DEL CANTOR DEL ALMA POPULAR

"Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura, castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, cariñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta."
     Gabriel y Galán. "El ama"

 Gabriel y Galán

La vida del campo castellano o extremeño, no entrevista a través de la literatura y en visión fugaz, ni desfigurado por los bucólicos del clasicismo, sino palpada directamente, respirada, vivida en toda su plenitud, ofrece en Gabriel y Galán un inolvidable intérprete de inspirada vena, que alcanzó a principios de siglo amplia popularidad, siendo todavía uno de los poetas favoritos del gran público. 

José María Gabriel y Galán nace en Frades de la Sierra, provincia de Salamanca, el 28 de junio de 1870, y muere en Guijo de Granadilla, provincia de Cáceres, el 6 de enero de 1905. Hijo de labradores, hizo con singular brillantez la carrera de Magisterio, que ejerció desde los dieciséis años en Guijuelo, pueblo de Salamanca, y en Piedrahita, pueblo de Ávila. El 26 de enero de 1898, en una iglesia de Plasencia, contraía matrimonio con Desideria García Gascón ("mi vaquerilla" como solía llamarla cariñosamente). A partir de ese instante, la vida del joven poeta cambia radicalmente, abandona su dedicación a la enseñanza, y se traslada al pueblo cacereño de Guijo de Granadilla, en donde toma la dirección y administración de una gran dehesa extremeña denominada "El Tejar", propiedad del tío de su esposa, dedicándose, en sus ratos de ocio, a la literatura. 

El nacimiento de su primer hijo inspira a Gabriel y Galán para componer el poema "El Cristu benditu" con el que inicia sus famosas Extremeñas en las que el empleo de la lengua vernácula, "el castúo", aroma y vivifica la musa del poeta. 

Con 35 años no cumplidos, a consecuencia de una pulmonía no curada, fallece nuestro joven poeta. Cuando murió, en plena gloria y juventud, era probablemente el poeta más leído de España. "Era más bueno, sencillo y sincero que sus mismos versos, con serlos éstos mucho...", afirma Federico de Onís. Según cuenta la tradición, cuando falleció el poeta, quisieron trasladar sus restos para que reposaran junto a los de su esposa. Los mozos de Guijo de Granadilla, enterados de ello, montaron guardia día y noche con sus viejas escopetas para evitar se llevaran los restos de aquel hombre a quien idolatraban. 

A Gabriel y Galán le bastó una poesía, "El ama", premiada en los Juegos Florales de Salamanca (1901), para alcanzar las cimas del éxito. Preside el jurado del certamen el insigne rector de la universidad salmantina, pensador y poeta, Miguel de Unamuno, a partir de aquel momento, Unamuno y Gabriel Galán comienzan una asidua correspondencia epistolar. La crítica le saludó como lo que era un poeta de primer orden, capaz de sentir y de expresar las mil emociones de la vida campesina con un acento tan hondo como nadie lo había hecho entre nosotros hasta entonces. Supo cantar como nadie, la belleza del alma sencilla de los campesinos extremeños y salmantinos. Luego esa misma crítica, o la que inmediatamente le sucedió, se dedicó a buscarle puntos vulnerables y se puede decir que el juicio de los que se dan por enterados le es hoy totalmente adverso. Se le censura de ser demasiado ingenuo. Esto de la ingenuidad interpretado como defecto no deja de sorprender, censurándole también de no haber sabido salirse de las formas métricas consagradas -quintilla, redondilla, silva, romance-; lo cual no es exacto, porque, sin la variedad de un Rueda o de un Villaespesa, su versificación no cede en riqueza a la de cualquier otro poeta de su tiempo. 

En 1902 triunfa en los juegos florales de Zaragoza, al año siguiente obtiene los galardones de la flor natural, en los juegos florales de Murcia, de Lugo y de Sevilla. Ese mismo año es premiado por el ayuntamiento de Guijo de Granadilla, con el galardón de Hijo Adoptivo del municipio. En el solemne acto, celebrado el 13 de abril de 1903, Gabriel y Galán recita su poema "Sólo para mi lugar", compuesto para la ocasión. 

Los versos de Gabriel y Galán huelen a tomillo y a cantueso recién cortado; a pan recién sacado del horno; a brazadas de mies que se acaba de segar; a leche recién ordeñada, a sudor campesino... Los argumentos de sus poemas están arrancados del vivir cotidiano. en los medios rurales: el viejo que da consejo a la moza casadera; el vaquerillo que llora el desvío de la zagala; el rentero que, mientras empuña la mancera del arado, va calculando las rentas que debe al terrateniente; y "el ama" que al morir ha llenado de luto la alquería. 

El entronque de la producción poética de Gabriel y Galán responde tanto a la corriente romántica como al influjo de las obras de Campoamor y Núñez de Arce, caracterizándose por un nuevo enfoque de lo rural y aldeano, por un personal tratamiento del paisaje y por un acendrado carácter costumbrista. 

En la producción de Gabriel y Galán, hay dos aspectos distintos: los poemas escritos en castellano, que son los más y los redactados en dialecto extremeño. Al primero corresponden las series tituladas Castellanas, Nuevas Castellanas, Religiosas y Campesinas; al segundo, las agrupadas bajo el título de Extremeñas. Entre las Castellanas merecen citarse: "Lo inagotable", "Cuentas del tío Mariano", "Ganadero", "Mi montaraza", "Ana María" y, sobre todas, "El ama", que basta sola para prestigiar a un poeta. Algunas de las Extremeñas -"El Cristu benditu", "Varón", "El embargo"- se han hecho famosas con justo motivo.

Y como dijo el poeta: "Señor: no soy un juglar; / soy un sincero cantor / del castellano solar. / Canto el alma popular; / no tengo nombre, señor."





 

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