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¿Fueron los románticos quienes pusieron de moda la sinceridad a la hora de escribir, escribir para los lectores muy en concreto? La historia de la literatura considera que el movimiento que se inicia con los prerrománticos ingleses, alemanes y franceses marca un hito importante, ya que a partir de entonces se exalta lentamente la libertad como divisa del escritor y del artista en general. En España, Mariano José de Larra le dio la bienvenida a la nueva moda en un célebre artículo, introducción básica que figura en los libros de textos de segundo curso de bachillerato, en el plan anterior a la Logse. (Me imagino que en los nuevos libros de enseñanza no estará ausente semejante artículo, llave maestra para comprender la nueva tendencia.) 

Muy pronto, los escritores hacen uso de esta libertad y adoptan la polimetría, la imaginación y el sentimiento como nuevas exploraciones literarias. Se rechaza la intención semididáctica de los poetas del siglo XVIII, como el caso de los fabulistas, así como el consejo de Jovellanos de que los que escriben se inclinen por temas más útiles y prácticos antes que los puramente recreativos. En las exigencias de los ilustrados, como hijos del Renacimiento y enemigos del Barroco que eran, se consideraba la literatura y las artes como medios de vislumbrar o de consolidar una nueva sociedad regida exclusivamente por la Razón (teniendo en cuenta en nuestro país ciertas condiciones sociales, políticas y religiosas que la diferenciaban de otros países europeos y debido a ellas la política reformista de los ministros de Felipe V y Carlos III encontró dificultades en los estamentos muy aferrados a sus prebendas tales como la nobleza y la Iglesia. Recuérdese la pragmática real por la que se prohibía que se atacara o molestara al benedictino fray Benito Jerónimo Feijoo, verdadera mente "avanzada " de la época). 

Como sabemos, el romanticismo viene ya tardío a España, traído, en parte, por los emigrados ( aparte de la influencia de Böhl de Faber). Cuando en Madrid triunfa el teatro de Martínez de la Rosa, del Duque de Rivas y de Zorrilla; cuando Larra se hace eco de esa novedad en los diarios en los que colabora; cuando Espronceda publica sus Poesías a comienzos de los cuarenta y cuando las primeras novelas de temas medievales -al estilo de Walter Scott- atraen el interés de la endeble burguesía española de entonces, ya Francia experimenta el realismo con Balzac e Inglaterra con Dickens.

Y bien, se preguntará el lector, y todo esto, ¿para que´? Todo esto es para explicarnos que los españoles hemos ido casi siempre a la zaga literaria de Francia y que esta dependencia se ve hoy en varios aspectos, como son el hecho de que los jóvenes poetas no sacian su sed de frívola poesía culturalista con caídas continuas en los Cernuda, los Cafavis, los Elliot, los Ezra Pound y Hollywood, con toda su secuela de vaguedades y evocaciones vacías de contenido humano; en la novela pasa otro tanto: la Historia se hace protagonista en los temas literarios en un país donde la gente apenas lee y rechaza esquemas culturales serios y de nivel europeo porque el subconsciente de esos hipotéticos lectores se deleita con el realismo tradicional, queramos que no, pero esto no es peyorativo, sino que deviene del carácter del habitante de Iberia, con todas las salvedades, según el rodaje de las lecturas de cada uno, claro. Para los lectores españoles siguen siendo, en definición de Antonio Machado, lo que ya es frase lapidaria: "Palabra en el tiempo". Pero se confunde esta sed de lo temporal y de lo espontáneo con esa sinceridad de la precipitación y la pereza que se afana en "crear" y publicar, en parte debido a la tentación que dan hoy tantas posibilidades de dar a la luz.

Vayamos al meollo de esta artículo. Si he citado la libertad romántica y también la sinceridad o la directez del que escribe es porque la gente que empieza a escribir, incluidos los jóvenes poetas aparecidos en antologías de tirada nacional, no quieren aprender preceptiva (no digamos nada de los poetas y escritores de provincia...). En otra época, los que hacían sus incursiones en literatura se atenían a unas normas que ya, por lo visto, no son necesarias, pues la libertad es madrina de todos los que quieran entrar en el templo de Apolo y las Musas a bautizarse como poetas y escritores...
Pero, ¿quiénes son Apolo y las Musas?, se preguntarán muchos de ellos. 






 

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