Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Cómo serán de ahora en adelante los días repletos de sol sin la presencia de mi madre, ella que adoraba ese resplandor que iluminaba su estancia y la daba un vigor del que normalmente carecía. Días antes de su definitiva desaparición me confesaba que no sabía si soñando o despierta se veía muchas veces en una enorme superficie sin salida, siendo su confusión tan grande que en medio del silencio de la noche se ponía a gritar pidiendo que alguien la socorriera. Con aquella palabras tan espontáneas no había ninguna duda que algo serio le estaba trastornando. Tuve que pensar que mi madre padecía algún tipo de enfermedad mental de la que yo ignoraba la causa, tampoco sabía si mi padre era consciente de esos delirios que la ocurrían en la noche y no los mencionaba para banalizar su causa.

Sin embargo las palabras de mi madre no estaban dichas a la ligera, ella era una mujer poco dada a la tragedia y muy lúcida, ¿por qué iba a decir cosas tan extrañas sin algo muy profundo no la estuviera desquiciando?

Ilusoriamente yo pensaba que éramos una familia aparentemente feliz, sin hacerme muchas ilusiones sobre lo que cada uno de nosotros podía llevar dentro de sí sin expresarlo abiertamente. Y de mi padre, ¿qué podía decir si nunca lo conocí a fondo? Su carácter introvertido y poco dado a confidencias no daba pie a ninguna opinión si no eran puramente convencionales. Físicamente era un hombre apuesto y muy atractivo, con un encanto especial hacia los demás, a que resultaba fascinante. Llevaba una vida de la que no daba cuentas a nadie, aunque en verdad nada censurable, desde el momento que casi siempre llegaba puntualmente a la hora de comer y cenar. Con mi hermana y conmigo siempre fue tolerante y nos prodigaba un afecto tan superficial que apenas lo sentíamos. Con mi madre siempre fue atento y generoso, hecho que ella no apreciaba como un halago sino como parte de sus deberes conyugales, que a ojos de todos quería demostrar lo pendiente que estaba de ella.

La verdad es que yo ignoraba lo que pasaba en la vida de mis padres, solamente sabía que mi madre se sentía muy sola, siempre sumida en un abandono que no dejaba translucir, sufriendo en silencio. Y poco a poco se notaba cómo su salud se quebrantaba y su demacración era cada vez más visible.

Mi madre se fue en silencio como había vivido, sin recriminaciones ni nada que nos hiciera sentirnos culpables.

Había pasado una semana desde que nos dejó, cuando un deseo irreprimible e indiscreto me llevo a hurgar en su vida íntima, a la que no tenía ningún derecho de inmiscuirme. Y a través de una escritura uniforme, alineada y erguida supe lo que fue una vida agrietada por el dolor. En una agenda, vieja y manoseada, volcaba su decepción y sus poco deseos de vivir.

Abrí el cuaderno y en una página cualquiera leí éste párrafo que me dejó bastante sorprendida: "Miguel llegó cuando estaba amaneciendo, entró en la habitación de puntillas y se deslizó en la cama que está al lado de la mía, sin hacer el menor ruido. El creyó que yo dormía, pero no había pegado ojo en toda la noche."

En otra línea casi ilegible repetía: "Estoy segura que Miguel tiene en su vida otra mujer y por eso cada día inventa algo para justificar su llegadas tardías: Observo en su mirada a un hombre perdido de inquietud y en un mar de dudas. Conozco a mi marido y sé que está sufriendo al tener que tomar una decisión que le parece injusta. Debe sentirse muy descontento y le preocupa que sus hijas le juzguen mal, debería ser yo quien le deje libre y no se vea en la terrible situación de tener que elegir".

"Hoy -decía mi madre en otra página de su diario íntimo- he tomado una decisión que me parece la mejor para los dos. Al fin y al cabo Miguel no se siente feliz a mi lado, él necesita respirar otros aires, y ya no soy joven, y además me siento muy enferma y eternamente deprimida y poco asequible a sus deseos. ¿Por qué empeñarme en que malgaste su vida, si podría dejarlo libre y conseguir todavía que sea feliz. Pobre Miguel, que mal debe sentirse inventando siempre mentiras, y encima siendo tan desgraciado.

Quizás mis hijas piensen que soy demasiado condescendiente y tolerante, pero tampoco es así, yo no hice nada para que las cosas fueran de otra manera, y un hombre al lado de una mujer poco atractiva acaba hartándose y buscando algo diferente, que es sin duda lo que le ha pasado a él. Si yo soy infeliz, por qué tiene que serlo él también."

En las últimas páginas de su cuaderno decía: "Miguel me trajo un ramo de rosas amarillas de regalo por nuestro aniversario. Lo sentí tan afligido y a la vez tan nervioso, que tuve la impresión que quería decirme algo. Estuvo a mi lado más de media hora en silencio, y al cabo de un rato me pidió perdón por no llevarme a cenar y celebrarlo juntos. Tenía una cita importante con uno de sus colaboradores a las siete y no podía faltar. Esa noche volvió un poco antes, pero siempre pasada la media noche. Yo me hice la dormida y él a los poco momentos dormía plácidamente. He reflexionado muchas horas sobre lo mismo y pienso mucho en mi marido y de qué manera tan absurda vive la vida. Cada noche me viene con una justificación de sus llegadas tardías, apenas sabe ya qué decirme, el mismo se da cuenta que sus mentiras no las creo, y esto, estoy segura que le hace mucho sufrir. Sé que está pasando por un calvario con esos líos que se trae para poder ver a la mujer que ama, y sé que hace un gran esfuerzo para prodigarme atenciones que no siente, como ayer, que vino con una caja de bombones de los que él sabe que me gustan mucho; cuando me los entregó se puso las manos en la cabeza como acordándose de la cita que tenía pendiente y con disgusto tenía que marcharse; tenía mucha prisa… Hasta tuvo el valor de decirme que si me importaba que llegara un poco más tarde esta noche, y así terminaba tranquilo todo lo que tenía pendiente...""No puedo ver a Miguel tan sumamente tenso -decía en otra línea-, vive tan ajetreado que me hace sentirme egoísta por querer retenerlo a la fuerza contra sus deseos. Esto se tiene que acabar, es insufrible para mí saber que cada vez que llega a casa tiene que inventar algo nuevo, apenas tiene ya excusas para liberarse, y después de todo qué gano yo viéndolo tan desgraciado, si de todas maneras siento dentro de mí una soledad que me araña el alma, y parte de mi sufrimiento es porque sé que Miguel no esta contento de tantos subterfugios y mentiras. Soy yo la única que puedo acabar con esta situación que nos esta martirizando, y sé que todavía me queda algo de valor para hacerlo... Mañana será otro día, y si el sol no sale para mí, saldrá más luminoso que nunca para Miguel. Después de todo, vida no hay más que una..."






 

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