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Llega el verano y a muchos de nosotros nos asalta el irrefrenable deseo de viajar. Es ese capricho por salir de la rutina cotidiana, vivir nuevas experiencias, visitar a nuestros familiares que viven lejos, conocer gente y paisajes diferentes, poner a prueba nuestra mundología... Resultaría interminable enumerar las razones que nos invitan a cada uno a dejar nuestro hogar, nuestra rutina de vida y nuestras más secretas costumbres para abandonarnos a otras vivencias que nos pueden deparar las más insospechadas situaciones. Pero pocas veces admitiríamos intercalar en esa larga lista de motivos para viajar, que también deseamos hacerlo para experimentar el escondido deseo de regresar.

Este gusto por el regreso suele permanecer oculto aunque se esconde tras cada una de las distintas razones que nos incitan a desear el viaje. Queremos abandonar nuestra rutina, pero no por mucho tiempo, porque en esa monotonía ya están asentadas las cosas que ayudan a realizarnos, nuestras amistades, nuestras aficiones, nuestras comidas preferidas y lo que nos sienta mejor. Deseamos vivir nuevas experiencias, pero los viajes a tierras extrañas también pueden deparar momentos no apetecibles. Añoramos visitar a amigos y familiares lejanos, pero es la lejanía la que aumenta nuestra añoranza, mientras que la convivencia larga puede resultar pesada e incluso provocar tiranteces. Queremos conocer gente y paisajes diferentes, pero también echamos de menos a nuestros amigos de siempre y necesitamos tiempo para asimilar y saborear los lugares que hemos conocido. Sentimos deseos de ponernos a prueba, pero sin que las situaciones desborden nuestras expectativas. En los viajes no queremos enfermedades ni largas esperas ni accidentes ni robos ni perdernos, pero en casi todos encontramos alguna circunstancia no deseable. Por eso, afirmo, sin temor de ofender a nuestros anhelos, que detrás de casi todos nuestros deseos de viajar está encerrado ese último deseo de regresar, de mirar con otros ojos la rutina que, a veces, nos atormenta, de sentir el regusto de la comodidad, de contar a los amigos tus peripecias y revivir los mejores momentos enseñando fotografías para hacerlos más memorables.

Puede parecer paradójico, pero estamos en verano y deseo con todas mis ganas viajar para experimentar ese escondido deseo por regresar.







 

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