Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
¡Pasen y vean, señores, pasen y vean!, clamaba a voz en grito delante de la caseta de feria el animador del espectáculo.

¡Pasen y vean, señores!: sufrirán con el celoso y rabiarán con el histérico. Y no se pierdan al envidioso y al pleitista contumaz. Disfrutarán con la lánguida emotiva y saltarán de gozo o de impaciencia con el hombre de las dos caras superpuestas. ¡Pasen y vean, señoras y señores!

La caseta de feria estaba rodeada de nada. Tenía una carpa de colores que cambiaba armoniosamente según las condiciones climáticas, y un enorme escenario en movimiento. La gente se arremolinaba alrededor del vociferante animador del espectáculo.

¡Pasen, pasen, no tengan miedo!: el polémico montaraz hará su combate exclusivo con la tímida doncella de dulces desengaños, y los removedores de mierda os mostrarán su exquisita hegemonía en el manejo del circo cotidiano. Y no dejen de disfrutar con el hombre de los sueños ni con las mujeres que acometen y relinchan.

La multitud, salida quién sabe de dónde, comenzaba a inquietarse en torno al vociferante reclamo del animador del cotarro. Los niños tiraban del brazo de sus padres para que les condujeran hacia la entrada. Los padres andaban indecisos llenos de preguntas sin respuestas.

¡Todo gratuito, sólo la voluntad si ustedes consideran que el espectáculo lo merece!, desafiaba el animador vociferante.

Podrán admirar al amargado solitario en una disputa dialéctica sin par con el intelectual resabiado y ofensivo. Experimentarán, sin cortapisas, las últimas novedades del mago de la envidia en combate sin igual con el ingenuo de turno. Y admirarán a los políticos y a los hombres de negocio con sus trajes de faena y sus inquebrantables actitudes solidarias.

¡Pasen y vean, pasen y sientan, señores!: hay negros y amarillos, pobres y ricos, timoratos justicieros y vengadores asesinos. Y muchos, muchos mentirosos compulsivos...

Parte del público había comenzado a desfilar hacia adentro de la carpa, y todos se preguntaban de dónde habría surgido aquella caseta de feria intempestiva y gratuita.

Un adolescente, con cara de idiota, le preguntó al animador vociferante:

 -Oiga, buen hombre, ¿cómo se llama el espectáculo?

El hombre volvió la mirada hacia el idiota y, sin perder la compostura, le dijo:

-El gran espectáculo del mundo...






 

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