Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Ahora, algo más serena aunque todavía tremendamente dolorida, puedo dar rienda suelta a mi pesar sin ese terrible remordimiento que corroía mis entrañas día y noche sin dejarme un momento de sosiego y paz.

Indescriptibles fueron aquellos momentos en que nuestro entorno familiar se desmoronó de manera vertiginosa, y demasiado tarde para darnos cuenta de los intransigente que fuimos con nuestra querida y única hija, que de haber sido un poco más tolerante lo que ocurrió podría haberse evitado.

Fue un domingo lluvioso, y por consiguiente triste, cuando me enteré del serio problema en el que Camila se veía envuelta, un conflicto que en un principio no era de fácil arreglo y que después no podía compararse a todo lo que ocurrió después.

Hacía varios días que algo extraño estaba ocurriendo en nuestro entorno, diferente a nuestro habitual modo de vivir. Los horarios de Camila no eran los mismos, y su manera de comportarse, esquiva y silenciosa, me hizo pensar que algo le estaba sucediendo. 

Mi intranquilidad se hacia cada vez más insufrible cuando veía como el día de la boda se iba acercando y la pasividad de mi hija era cada vez mayor . Su falta de interés por los preparativos era ya bien visibles y a pesar de la proximidad de la fecha ella seguía ensimismada en sabe Dios que problema. Lo que más me preocupaba de todo esto es ver como Camila me evitaba como si lo que tuviera que decirme lo quisiera aplazar para más tarde. Ese pensamiento fijo en mi cabeza no podía desecharlo, y sin embargo no tenía motivos para pensar que los últimos detalles no estuvieran por su parte siguiendo su curso normal. Ni yo misma comprendía por qué me torturaban con cosas que no eran más que fruto de una imaginación alterada.

Calma, me dije a mí misma. De nada serviría aturdir a Camila ahora, que tenía que hacer frente a una boda que había sido postergada ya dos veces, y que según las palabras de su padre no se retrasaría un solo día más. 

A pesar de que a mi hija le disgustaba que me metiera en su vida, no podía esperar más, y aquella misma mañana decidí hablar con ella y de una vez salir de las dudas que me atenazaban.

Fui a su cuarto y llamé a su puerta suavemente, dentro el silencio era absoluto. La empujé despacio y entré. La vi en medio de la habitación ya vestida; estaba claro que estaba a punto de salir. 

Me miró con cara de poco amigos y sin esperar a que yo hablara me dice: "Es tan importante, madre, lo que te ocurre, que a estas horas tempranas vienes a mi habitación como si no pudieras esperar hasta la hora de comer para decirme lo que al parecer no tiene espera . Mira, Camila hija mía, me parece que no te das cuenta que el tiempo apremia y no podemos dejar ni un minuto más sin que hablemos de los preparativos de tu matrimonio. Como sabes hay todavía muchas cosas que organizar y sobre todo saber a quién vamos a invitar y en dónde se va a celebrar. Camila me vuelve a mirar con ojos desorbitados que me sorprenden y acto seguido casi en un susurro me suelta " Madre no te calientes más la cabeza con esta historia de los preparativos. No voy a casarme con Adrián y espero que lo entendáis. No es el hombre de mi vida, y sólo por daros gusto no voy a sacrificarme. Quiero romper con él y sois precisamente vosotros los que tenéis que sacarme de este atolladero, porque no fui yo la que me metí en el por mi propio gusto. Casi sin pausa y atropelladamente continua: en verdad madre, he encontrado la persona que estoy segura me hará feliz y sólo espero que lo aceptéis sin disgustos. No voy a negarte mi preocupación al pensar que a mi padre no le gustará la idea de que sea un senegalés el hombre que he elegido para compartir mi vida".

Mi asombro además de una cólera mal contenida apenas me permitió articular palabra y sólo se me ocurrió decirle que no contara con su padre ni con ella para semejante locura. Espero que esto que me dices sea solamente algo pasajero, una locura momentánea, y que una vez que hayas reflexionado entrarás en razón. Además, no quiero ni pensar que ese hombre del que me estás hablando sea de color, y al pronunciar esta palabra todo mi cuerpo tiembla sólo de pensarlo tiembla. 

Quiero que sepáis me dijo con un aire de suficiencia .-que todavía me exasperó más- que no es un hombre de color. En la raza humana no hay más que negros o blancos pero colores intermedios no conozco, y para precisar y que quede bien claro, te diré que es negro. Pero si eso es lo que te preocupa por el que dirán vuestros amigos tengo que decirte que no voy a dejar al hombre que quiero por convencionalismos raciales. Lo que siento de verdad es que a mi padre pueda afectarle en su enfermedad, que de sobra sé que es algo serio.. Sin embargo si él quiere que su hija sea feliz debe aceptar mi decisión sobre la que he reflexionado largamente.

Ni que decir tiene que cuando hablé con su padre la misma noche de tan desagradable noticia se quedó blanco como la pared y tuvo que apoyarse en la esquina de la mesa; estaba al borde de un amago de infarto, el tercero que le daba en menos de un año. Lo llevé a urgencias del hospital más próximo donde afortunadamente no le diagnosticaron nada serio. Me lo traje a casa y se quedó una semana en reposo absoluto.

De aquello no se habló más y la paz y la tranquilidad volvieron de nuevo al hogar después de dos disgustos seguidos que me dejaron muy deprimida . Pasaron algunos días, no sé si fueron dos o tres semanas, pero desde luego se me hicieron muy largos sin saber exactamente la decisión que Camila había tomado. Yo no quería remover el asunto, siempre con la esperanza que mi hija entrara en razón y lo dejara. Y tenía la plena convicción que después del abatimiento y malestar que sintió su padre había por fin cambiado de parecer.

Fue al mes y medio de la primera conversación que provocó el enorme disgusto cuando una noche entra Camila en el cuarto de estar y nos dice como si tal cosa, que quiere presentarnos a Kamal, ya su novio formal. Quiero deciros, mis queridos padres, que no porque no acceda a vuestro deseo os quiero menos, sería una grave equivocación que para daros gusto a vosotros, yo fuera desgraciada para el resto de mi vida.. El deseo de unirme a éste hombre es tan fuerte que no puedo obedeceros. Para mí Kamal es la serenidad, la comunicación espiritual, el descubrimiento del verdadero amor. No puedo destrozar mi futuro sólo porque no quiera casarme con un blanco, para mi el color de la piel no significa nada, el ser humano es algo más que eso y aunque sea otra raza, igualmente podemos ser muy felices.. Os pide que hagáis un esfuerzo y aceptéis que lo traiga para conocerle mejor. Después me deis vuestra opinión una vez que os lo haya presentado y hablado con él.

Dentro de una semana Kamal se marcha a su tierra, terminó los estudios y no puede continuar aquí sin dinero y sin posición alguna. Yo iré a reunirme con él dentro de un mes o dos, el tiempo que necesite para que pueda arreglar los papeles y podamos casarnos civilmente. Kamal es musulmán, pertenece al Islam y es practicante profundo, y de común acuerdo ninguno de los dos cambiará su religión. Ambos respetaremos nuestras creencias por encima de todo. Nuestra unión será sólo civil y pienso que estaréis de acuerdo con tan sensata decisión. Cuando lo conozcáis estoy segura que me comprenderéis mejor. No hay duda que os gustará porque es una muy culto además de excelente persona. No juzguéis antes de verle, ya llegará el momento en el que os deis cuenta que este hombre que he elegido tiene todas la cualidades del mundo. 

Ni su padre ni yo pudimos decir nada. El silencio hablaba por si solo, era como darle nuestra negativa más profunda. Yo sentí que se me helaban los huesos y me puse a temblar hasta tener que cubrirme con una chaqueta, a pesar de que el calor en este mes de agosto era más que insoportable. Fernando, su padre, estaba todavía más pálido que la vez que le dio el amago de infarto. Lo vi transparente, violáceo, a punto de desmayarse, no sé si de pena de que la hija se nos fuera o por su intolerancia de no aceptar nuestro deseo. No dijimos nada y Camilla se fue a su cuarto con lágrimas en los ojos.

Ni que decir tiene que cuando a Fernando se le pasó el momento de asombro y pudo reponerse con una cólera mal reprimida me dijo que no sabía como se iba a enfrentar a una situación tan sumamente embarazosa. Cómo le diría a su jefe y director del banco en el que trabajaba, y a quien debía su posición y el bienestar del que disfrutaba, que su hija había decidido dejar a su hijo y suspender la boda. Y no sólo eso sino que además, lo hacía para casarse con un senegalés, que al parecer era negro. ¿O es que en Senegal son también blanco? -me preguntó con un átomo de esperanza.

No, no y no de ninguna manera quiero conocer a ese hombre. Mi hija no tendrá nunca el consentimiento para casarse con alguien que no es de nuestra raza y no tiene tampoco ni nuestros principios ni menos nuestra religión. Mi hija no se casará con él si es que yo soy capaz de impedirlo.

Al día siguiente todavía muy excitada por la negativa firme de Fernando de autorizar esa unión que la consideraba aberrante, y cuando estábamos terminando de comer en un silencio que se hacia insoportable: Camila nos dice sin ni siquiera mirarnos que se va al aeropuerto en su moto para despedir a Kamal. El va en un taxi con unos amigos que le van a ayudar con el equipaje, yo he preferido irme por mi cuenta para volver a casa antes de que se haga de noche.

Yo sólo tuve tiempo de decirle. Camila ten cuidado hija, vete despacio que el tráfico es muy denso por esa zona y la moto es muy peligrosa en la carretera con tantos coches como hay a esas horas.. No madre seré prudente. Solamente dijo adiós y se marchó sin darnos un beso como era su costumbre. 

Eran la 10 de la noche y Camila no daba señales de vida. Mi intranquilidad era tan grande que cada cinco minutos salía al balcón para ver si la veía venir, pero por desgracia no se vislumbraba ni rastro ni de la moto ni de Camila que pensaba bajaría la calle a pie. Pensé convencida, aunque a Fernando no le dejé translucir estos pensamientos tan negativos, que nuestras hija se había marchado con el novio sin decirnos la verdad, tal vez para evitar un nuevo escandalo.

Y ojalá hubiera sido así y no lo que ocurrió unas horas más tarde.

A las 2 de la mañana sonó el teléfono de la Comisaría de tráfico. Durante unos minutos quedó en silencio sin poder reaccionar. Al fin colgó el teléfono y dijo: yo soy culpable de que esto haya ocurrido y estalló en un fuerte sollozo.

Al volver del aeropuerto piensan los expertos que un reflejo del sol la deslumbró, y en un momentos de inatención se metió en la ruedas de un inmenso camión que venía en sentido contrario. Murió en el acto.

Al día siguiente a las 11 llamó Kamal y se puso Fernando.

-¿El Sr. Aguirre?, soy Kamal que llama desde Dakar, quería decirle a Camila que he llegado bien, puede por favor decirle que se ponga.

-Siento decirle que Camila tuvo un accidente mortal cuando ayer volvía del aeropuerto murió en el instante y permanece en la capilla ardiente del hospital hasta pasado mañana que será el entierro.

-Vuelvo inmediatamente -dijo Kamal- y colgó sin decir nada más.

La iglesia estaba repleta de gente. Cuando el sacerdote estaba hablando de la igualdad de los seres humanos ante Dios. Unos pasos firmes avanzaban por el pasillo central de la nave donde se celebraba el funeral. Un hombre alto, elegante, bien parecido se acercó al lugar en donde los padres de Camilla permanecían de pie llorando desconsoladamente. Kamal se acercó primero a Fernando que le abrazó efusivamente, acto seguido se acerca a su mujer que lo estrechó contra sus brazos en un profundo sollozo.

-Hijo mío -le dijo con un dolor que desgarraba el alma-, somos nosotros culpables de que este terrible drama haya sucedido y no creo que Camila haya tenido un momento de lucidez para perdonarnos.






 

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