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Ya no me hará falta estudiar los libros de sicología que me regaló mi amigo para saber de mujeres, ni tampoco las revistas que coleccionaba él en sus años de adolescencia, esas que traen un conejito con corbatín y son a todo color (color piel) y que dicen en sus portadas "penjáus" o "pleiboi" (por si no lo notaron, he mejorado mucho mi pronunciación del inglés).

Los periódicos y la televisión, medios transformadores de lo real, no sólo me mantienen informado del rico y denso mundo femenino, sino que día a día, a fuerza de insistir, me "instruyen".

Yo, que empecé ardientemente la carrera cuando estaba soltero y que ahora casado comprendo que nunca llegaré a graduarme en el arte de entenderlas... yo, ese vergonzante fugitivo de comprender al sexo fuerte, me considero hoy un hombre ducho en ciertos pormenores nada fáciles del encanto femenino.

Y no lo logré por ponerme a seguir apasionadamente en los medios de incomunicación los programas de televisión, las telenovelas y sus comerciales, o las entrevistas al Jet Set y las fotografías de pasarela, ni mucho menos por el hecho de recibir diariamente miles de mensajes con hermosas mujeres tratando de venderme desde un alfiler, hasta un auto.

Esos mensajes que me han llevado a desear adentrarme en los jardines no por enmarañados menos placenteros de conocer a las mujeres, y me ha sido tarea imposible, pues siempre el erótico destino me ha negado el placer de conocer personal e íntimamente a Natalia París, Jennifer López, Penélope Cruz o Nicole Kidman (bellas exponentes de los encantos femeninos).

Pero no todo es mala fortuna, el destino me ha compensado con creces y me ha dejado penetrar (no tomen esta última palabra de manera muy literal ) en la espesa vegetación femenina que tanto florece en mi ciudad; y de tanto verlas hacer bien sus cosas he comprendido que, además de su belleza física, lo mas hermoso que tienen las mujeres de mi ciudad es su espíritu emprendedor, y sus ganas de salir adelante. Por algo a Medellín la llaman la ciudad de la eterna primavera, no porque el clima de la ciudad sea siempre primaveral, pues eso se lo debemos a un decreto del alcalde, sino porque la ciudad siempre está florecida de mujeres que sueñan, estudian, trabajan y aman de corazón, del que se desprende un aroma intenso de belleza.
  






 

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