Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
En un paisaje truculento, por la conjunción de ambientes tan dispares, la Vida y la Muerte, cual dos tahúres oponentes, aventuran el caprichoso destino de los humanos en una eterna partida de naipes. 

Cada ser humano posee su carta, que, amontonadas en innumerables pilas según sus probabilidades de formar parte de la jugada, esperan, en cercanía a la Vida, les llegue su turno. Es curioso observar el incesante movimiento de naipes que, como ágiles o cansinos trapecistas, saltan de un montón a otro según sus más íntimas ansias de inundarse del vivir o del morir. A veces, los taimados zarpazos de la Muerte atrapan solapadamente al vuelo a muchos desventurados que emprenden cándidamente su marcha hacia la Vida. Cuando ésta suplica a la Muerte abandone a su suerte a algún inocente atrapado, vociferando con gritos autocráticos, la Muerte, que no quiere entrar en largos litigios porque su pensamiento mezquino supone que su oponente lo que desea es ganar tiempo, argumenta que ése es el destino de todo hombre desde sus comienzos, nacer hacia el morir; la forma, el momento, lugar o tiempo, carecen de importancia. Con su candorosa vocecita, la Vida ve el momento oportuno de arremeter con su doctrina en uno de esos ingenuos discursos que, ya, a nadie interesan por su simpleza. "El hombre nace para la Vida, pero tus maliciosos ardides lo hacen apartarse de mi sombra y caminar a la engañosa luz que ofrecen tus aliados. El egoísmo, el odio, la crueldad, la vanidad, el miedo, y tantos otros engaños con que acompañas sus andaduras, los hacen sentirse desdichados a tu cobijo mientras creen que son circunstancias corrientes en su camino. Y desembarazarse de ellos es la más dura prueba que encuentran en su vivir cotidiano. Pocos son los que lo consiguen..., pero cuando un hombre me encuentra, no vuelves a aparecer tú en la jugada..."

Mientras la Muerte se sirve de estos momentos para apresar a muchos que luchan ávidamente por ser y estar, la Vida sigue con su crédulo monólogo, ansiosa por convencernos de que a ella la tenemos que buscar aquí y ahora, de que es una pueril convicción el querer encontrarla escondida detrás de la Muerte, cuando, ella, por lógica natural, siempre le ha llevado la delantera.






 

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