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Rincón de la Poesía

Rosa José Mª Álvarez Galván
Cádiz



  



 



NACÍ RAÍZ


Nací raíz... Como los cuerpos nacen.
Y de su bulbo fueron las hojas que crecieron.
Dejé volver en ancestral abrigo,
aquel lívido cuerpo que renació mendigo
con trenzas de una savia que ajenas me envolvieron.

Llegué a la cima lleno de esperanzas,
armado de sonrisas, de otoños y de lunas.
Llegué a la cumbre manso y encendido,
con unas ramas blancas, de peregrino nido,
para las aves madres que van a las lagunas.

Fijé la tez, feroz y poderosa,
de recio tronco, asido al seno de la vida.
Me erguí lleno de amor. Los labios yertos
besaron tantas veces los tallos descubiertos
que despertaron ecos de soledad perdida.

Fundí mi cuerpo al aire de la tierra.
¡Dormidos hontanares! ¡Cristales de la fuente!
Espejo de otra luz, lágrimas rotas,
que inundaron las ramas de semillas ignotas
y de pájaros blancos en la niebla insistente.

Lloré cuando el rocío heló la luz
y de su nieve, lánguida, bebiera mi dolor.
Oí gritar al sol, hermoso, puro,
cuando su piel florida calmó mi llanto oscuro
con un beso de fuego, ¡sí!, con un beso de amor.

Dejé yacer el sol entre mis brazos.
De su florida llama brotaron los destellos
como lianas verdes que lloraban.
Se oyeron valses bellos que al cielo coreaban
curvando en el espacio la luz de mis cabellos.

Se fue la hierba sola con la sombra,
como el suspiro triste que impávido se pierde.
Se fue porque el lucero lo aprisiona.
Y cada noche escapa, se escapa, se apasiona,
cuando del tronco nace un nuevo aliento verde.

La luz, pálida y vieja, me acogía
con el azul dormido del último rocío.
Olor de mieles blancas me cegaba,
y el tronco que se erguía de rosas se llenaba,
con los respiros claros de aquel embrujo mío.

No sé si he de volver entre los troncos
de donde viera el mundo. Yo solo seré leña
en la leyenda hurtada de la mente.
Igual que un soplo huyendo que oculta ciegamente
el eco de esa vida que olvida cuanto sueña.

Así nací. ¡La noche en que me exhibo!
Cegado por el polvo, mordido por la aurora.
Crecer, reinar, ¡ingrávidos lamentos!
He visto entre mis manos rozar los sentimientos
y ya vigilo al alba, con Dios, hora tras hora...












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