Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

Todas las actividades de la vida, aun las más modestas, merecen nuestro respeto y simpatía, porque son engranajes indispensables en el complejo mecanismo de la humanidad doliente. Sin embargo, los trabajos que a primera vista parecen más llevaderos físicamente, a veces suelen ser más complicados, y, como ejemplo, podríamos aludir a ciertos "covachuelistas" isleños que nadan continuamente en papeles y que, más de una vez, preferirían trabajar despreocupados, con pico y pala, a vérselas con ciertas papeletas que les hacen sudar la gota gorda y envejecer prematuramente.

En relación con los papeles, es conocida una simpática anécdota de dos activos funcionarios, los señores Pérez y Heredia. El primero (buen carpetovetónico) aparecía con su mesa llena de papeles engorrosos, que le tenían atenazado casi las veinticuatro horas del día. Apenas tenía tiempo para comer el sufrido Sr. Pérez; no dormía; sus pestañas estaban calcinadas de tanto arrimarlas a la lámpara de la mesa; su cabeza era una bomba a punto de hacer explosión.

Por su parte, el Sr. Heredia (un calé a carta cabal) tenía la mesa ordenadita y limpia, siempre andaba por los pasillos fumando buenos habanos y contando chistes. No tenía problemas. Vivía como un verdadero marqués.

Ante esta situación de desequilibrio de dos funcionarios, que cobraban a fin de mes idéntica cuantía, el buenazo de Pérez se decidió a preguntar a su compañero el motivo de su inactividad, mientras él se hallaba a punto de explotar como un polvorín.

-Pues muy sencillo, amigo Pérez- le contesta Heredia envolviéndole en una gran bocanada de humo-. Todos los papeles que vienen a mi negociado los decreto con un "pase a informe del funcionario técnico Sr. Pérez", y esa es la clave de mi tranquilidad.

Desde aquel día, el gitano de Heredia tuvo que enfrentarse con la realidad y "meter el cuello" como mandan los cánones. Se acabaron los decretos...

Otra anécdota sobre papeles. Su Excelencia Reverendísima, titular de determinada diócesis española, necesitaba que uno de sus reverendos le solucionase una papeleta de altos vuelos, con movimiento de verdaderas montañas de papeles. Llamó a su vicario y le preguntó:

-¿Quién es el sacerdote del Obispado que tiene más trabajo?

-El reverendo padre Sánchez de la Escamilla -le contestó sin pensarlo-. Es un burócrata incansable, pero tiene todas las horas ocupadas.

-Pues a él le vamos a encargar esa difícil "papeleta", dispuso el prelado.

-Imposible, excelencia, no tiene tiempo!

-No hay nada imposible para el P. Sánchez de la Escamilla. Los otros, que tienen menos trabajo, no sabrían resolverme el problema. Su actividad reconocida es de por sí una garantía. Nosotros no añadimos nada. Que lo digan esos funcionarios que, a semejanza de Pérez y del P. Sánchez de la Escamilla tienen que sacar las castañas del fuego, mientras otros se dan una vida de verdaderos maharajaes, porque no ofrecen garantías.

Papeles, papeletas y personas perspicaces (las cuatro PES de la cuestión) son los elementos básicos en este mundo inquietante y problemático.






 

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