Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Acabo de salir de un sueño pesado, más bien una pesadilla con vivencias amargas, que acaba en una somnolencia que se disipa lentamente. La realidad salta en mi mente y con extrema lucidez vislumbro lo que me está ocurriendo... Cuando abro los ojos me siento viva. ¿Se le puede llamar vivir al desasosiego que yo siento? Mi derrota empezó en el momento que ellos habían decidido quererse apartándome de su existencia. Sobre todas las cosas querían ser felices. Podrán conseguir una felicidad duradera, sabiendo que me traicionaron apartándome de sus vidas sin pensar por un momento que destrozaban la mía? A ratos y con una congoja que me ahogaba me decía que seres de esta calaña no merecían una sola lágrima mía, y a pesar de estas reflexiones que a ratos me tranquilizaban, sentía miedo, miedo a no poder controlar mis sentimientos y soportar un dolor que no pueda resistir.

Las noches todas interminable. Van pasando las horas y sigo sin sueño. Al amanecer comienza mi letargo, adormecida y decaída empiezan a desfilar por mi cabeza abotargada y embrutecida de cansancio mis pensamientos acerbos, es entonces cuando la realidad impuesta aflora y ocupa toda mi mente que sumergida en una desesperación incontrolada me deja como un guiñapo todas las horas del día.

El despecho impide él dialogo que nunca existió y no hay duda que acabará siendo más fácil aceptar la batalla perdida que luchar por ella. Mi vida de ahora en adelante se convertirá en un mal sueño del que preferiría no despertar.

Cuando conocí a Rubén ya llevaba más de cinco años sola. Andrés, mi marido, murió en un accidente de coche cuando volvía de un viaje en Alemania de sólo dos días. Al parecer fue la velocidad y un cúmulo de factores negativos que provocó su muerte. Una tormenta se desencadenó cuando sólo llevaba media hora de viaje, el coche derrapó en la calzada por algún camión que dejó escapar un liquido grasiento, esto fue suficiente para que perdiera el control del coche y se estrellase contra un árbol que le dejó muerto en el acto.

Al amanecer me dieron la noticia. Y sin duda todo lo que ha pasado después no es nada comparable a lo que sentí cuando me dijeron que Andrés no habría sobrevivido al accidente. Lo demás sólo fueron vicisitudes y duros contratiempo. En fin... la vida. No hay nada que semeje a la muerte...

Entonces mi hija Lara tenía 15 años. Para ella la desaparición repentina de su padre fue un golpe tan fuerte que la sumió en una tristeza y dolor tan profundo que nada ni nadie podían consolarla.. Estuve a su lado ofreciéndole cuanto podía darle, y sólo recibí un rechazo y una indiferencia tan directa que acabamos en un mutismo insoportable. Que sufría y echaba de menos a su padre no había duda, pero no quiso ver que yo sufría tanto como ella, y con su actitud parecía darme a entender que yo era culpable de lo que había ocurrido. El dolor y la incomprensión acabó apartándonos hasta el punto que vivíamos sin tener el menor contacto y nada presagiaba que pudiera existir un cambio.

Los momentos que atravesábamos eran insostenible y fue Rubén un amigo fiel de la familia quien logró con sus visitas asiduas sacarme del cansancio moral y un aburrimiento que a duras penas podía soportar. No sé cuanto tiempo había transcurrido, quizás semanas o meses, el tiempo nada importa si se consigue que el malestar próximo al hastío se aplaque. Ni yo misma podía explicarme que me hacia sentir la presencia de Rubén, satisfacción, alegría o un bienestar que estaba sin querer inundando todo mi cuerpo. O todo a la vez. Desgraciadamente disminuía por la actitud de rechazo que mi hija demostraba cuando venia a vernos. No sabía cuál era la razón por la cual Lara sentía una repulsa total por este hombre al que siempre había considerado como un amigo, y que sólo venia para pasar un rato con nosotras y consolarnos.

Yo sin embargo era otra nada más verlo. Su presencia consiguió que mi soledad fuera más llevadera. El vacío que Andrés me dejó y apenas podía soportar se había aliviado con esos ratos de conversación amena y desenvuelta que distraían esas horas tediosas del día. El tiempo tenia que reconocer que había serenado mi espíritu y vislumbré nuevas perspectivas, sintiéndome más conciliadora y con mayor voluntad para afrontar los problemas que tiempo atrás me parecían irreversibles.

Con los días la presencia de Rubén fue cambiando mi existencia. Poco a poco sentía mis horas menos largas y aburridas, atisbaba algo más que sufrimiento y soledad que no podía disfrutar plenamente. Mi hija estaba empeñada en hacerme la vida insoportable Cuando Rubén entraba en casa no solamente no cruzaba una palabra con él, sino que se negaba a saludarle, era una intolerancia inaudita que no podía comprender.. Y por supuesto mis recriminaciones no le preocupaban en absoluto y hasta creo que acentuaba más su antipatía sólo para mortificarme. Llegué a pensar que esa actitud inadecuada era motivada por celos, no había duda que yo había experimentado un cambio, estaba más alegre y con unos deseos de vivir que no pasaban desapercibidos para nadie y menos para ella que me estaba observando de hurtadillas siempre que podía..

Un año había pasado entre malos momentos y pequeñas alegrías y a nadie podía sorprenderle que yo quisiera rehacer mi vida. Tras pensarlo muy detenidamente había decidido casarme de nuevo.. Muchas horas estuve cavilando la forma en cómo le daría la noticia a Lara. De antemano sabia que no aprobaría que me casara y entonces tenía que tomar una difícil solución. Casarme de todas las maneras, o por no perderla renunciar a la persona que me había hecho sentir de nuevo vivir. Unas ilusiones que hacía muy poco me parecía imposible sentir nuevamente.

Como había previsto la noticia la sentó muy mal y me amenazó con marcharse si esta unión se llevaba a cabo, de ninguna manera iba a tolerar que este hombre viviera bajo el mismo techo en el que había vivido su padre.

Me sentía confusa y muy alterada. Quizás fue la razón por la que a Rubén se le ocurrió la idea de hacer un viaje los tres juntos antes de la boda. Quizás la convivencia después sería más fácil. Él creía que así se iría acostumbrando a su presencia que al parecer le era muy difícil de aceptar.. Y cual sería mi enorme sorpresa cuando mi hija aprobaba esta invitación satisfecha y esta me parecía ver que estaba encantaba. 

Fueron días de preparativos y tensiones. A mí desde luego esta idea que tuvo Rubén no me entusiasmó demasiado, por la simple razón que este viaje a una playa del Caribe lo teníamos proyectado para ir nosotros en viaje de boda. Rubén me hizo ver que lo más importante era arreglar el mal entendimiento que existía entre los dos, para nuestro viaje podríamos buscar cualquier otro lugar. La verdad es que me inquietaba ese afán de Rubén de hacer este viaje los tres poco antes de mi boda que lógicamente debería tener la prioridad. Esta insistencia en las continuas atenciones que a cada momento tenía con mi hija me hacia pensar que algo estaba pasando. Sin ningún reparo evidenciaba que dejaba a un lado mis deseos y preferencias.

Accedí porque no tenía otra alternativa y también era verdad que las cosas entre los dos podrían mejorar, lo que seria al final mucho más positivo para una tranquila convivencia 

El tiempo había transformado a mi hija en una mujer muy atractiva e inteligente, e intuía que Rubén se complacía enormemente cuando la miraba. Esa idea ya no podía alejarla de mi pensamiento a lo largo de todo el viaje que tengo que confesar fue una pesadilla. Me sentí mortificada desde el momento que subimos en el avión. Rubén estuvo todo el tiempo pendiente de sus menores deseos y los veía tan felices y despreocupados cuando estaban juntos que no podía dudar el cambio repentino de mi hija que por supuesto no trataba de disimular...

A veces salimos los tres juntos a cenar y dar paseos en barca por aguas tranquilas y lugares bellísimos que para mí eran de pesadilla constante. Rubén se desvivía en atenciones con ella y disfrutaban juntos sin quererse percatar que yo estaba con ellos.

Nunca sabré si cuando proyectó este viaje ya estaba enamorada de mi hija y lo que pretendía con este acercamiento que ella se enamorase de él, sin preocuparse lo más mínimo del daño que esta traición me estaba causando.

Cuando por fin me encontré en casa me sentí mejor a pesar que la obsesión que era irreprimible y me martilleaba todas las horas del día. Tuve tiempo suficiente de observar como Rubén intentaba conquistar a Lara, y desde muy temprano la llevaba a visitar paisajes según ellos paradisíacos en las que ella, había recobrado la alegría. Tenia que rendirme a la evidencia y aceptar que los dos eran muy felices.

Lo que sucede con los sentimientos no se puede ni detener ni juzgar- En el amor y pasión no hay resistencia. Así sucedió lo inimaginable y ni la pesadilla más espantosa podría haberme hecho sentir una amargura que me desgarraba el alma y los sentidos. Tuve momentos de enorme dolor, dolor de saber que mi propia hija me estaba engañando con el hombre que pretendía odiar y que al poco tiempo llegó a ser el amor de su vida...

Pasó la semana que teníamos programada para este viaje que yo por mi parte estaba deseando que acabara y comenzar con los preparativos de la boda de la que Rubén no decía una sola palabra.

Una vez en casa observaba el cambio de Lara que estaba con mejor humor que nunca. Por la tarde cuando llegaba Rubén ella se había emperifollado hasta la exageración y sin ningún recato coqueteaba con él descaradamente y faltaba muy poco para que se echara en sus brazos y decirle que le amaba abiertamente. Y todo esto estaba ocurriendo a menos de dos semanas de nuestro matrimonio.

Una tarde que Lara había salido con unos amigos le dije a Rubén que tenía que hablar con él seriamente, intento esquivar mi mirada y acabó diciéndome que debería estar contenta de ver como la situación había cambiado en la casa. Habrás observado me dijo; lo diferente que es ahora el ambiente que hay en la casa. Se acabó esa hostilidad que afortunadamente se había distendido y ahora sabía que cuando llegaba era siempre bien recibido.. No supe que decirle. Comprendí sin palabras que Rubén había dejado de quererme y deseaba dejarme. Lo que pasó después no tardé mucho tiempo en saberlo. Todo se precipito dé tal forma que no tuve tiempo de poner mis ideas en orden y tenía que aceptar lo que para mí era una puñalada trapera. Dejaba el campo libre para que ellos organizaran su vida como mejor les conviniera.

El fin de mi historia es como se podía imaginar. Rubén acabó confesándome que inexplicablemente se había enamorado perdidamente de mi hija, ella también, y habían decidido vivir juntos, lejos, muy lejos, para que al menos su felicidad no me hiciera mucho sufrir.






 

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