Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2002 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces

San Fernando, como ya hemos dicho, está considerada como la población más cosmopolita de la provincia gaditana, dada la diversidad y procedencia de sus cerca de cien mil habitantes. Alrededor de las Fuerzas Armadas (especialmente de la Marina de Guerra) y de las empresas industriales, en la Isla viven personas de todas las regiones españolas, conservando cada una de ellas las características heredadas de sus antepasados y las costumbres de aquellas cosas entrañables que constituyeron el eje de su niñez. Sin embargo, la armonía y convivencia entre unos y otros es perfecta, aunque también existen algunos "energúmenos". 

Pero dentro de todo este conglomerado -como ocurre en todas las ciudades- pueden observarse, al propio tiempo, representaciones de la diversidad de razas que se extendieron a través de los siglos por toda nuestra geografía, recordando especialmente a los fenicios, romanos, suevos, vándalos , alanos, judíos, árabes... Y, naturalmente, los gitanos, esa raza errante, sin domicilio fijo, que parece proceder del norte de la India, aunque algunos no descartan su descendencia de los egipcios. Bien. Pues en la Isla tenemos de todo eso, sin menoscabo de su laboriosidad. En la representación de los fenicios vemos al oriundo de Siria, inquieto, con aficiones comerciales; en los de origen árabe, a los de aspecto solemne, con empaque de jeques y tipos propios para vestir chilabas y trabajar poco; en los judíos, los que no se gastan un real y procuran regalar su estómago a costa de personas espléndidas; en los gitanos, los que andan desmadejadamente y aspiran a vivir una vida regalada con el mínimo esfuerzo; en los romanos, a los artistas y personas comedidas... Y en los vándalos y alanos, a eso chicarrones altos y forzudos que dan la impresión de perdonavidas, pero que en el fondo no son ni más ni menos valientes o tímidos que los demás.

Tipos fuera de serie

Dentro de esta amalgama de personajes, entre los que predominan los de buenos sentimientos, sentido de la responsabilidad y nobles propósitos de convivencia y hermandad, existen algunos fuera de serie que pudieran entrar en la catalogación de saltarines, bufones y mandarines, porque procuran ser el centro de atención de los demás, creyéndose el ombligo del mundo sin otros méritos que los de su osadía y su irresponsabilidad, y alguno hasta se permite "filosofar" públicamente en términos propios de un sainete del finado Muñoz Seca En fin, señores, que esta variedad de casos y de cosas son el eje de la vida cotidiana.

Hechos singulares

En el sentido expuesto vienen a la memoria de quien esto escribe, tres hechos singulares. humorísticos, que tuvieron lugar en la antigua Villa de la Real Isla de León. Uno de ellos, de perfiles necrológicos, ocurrió junto a las tapias del recinto final de nuestras vidas. Una viuda (que había prometido a su finado en el último momento eterna fidelidad) andaba merodeando por el lugar con un nuevo galán. Uno de los empleados del recinto funerario, conocedor del caso, recordó a la viuda desde el interior -al lado de un grupo de mausoleos y con voz de ultratumba semejante a la del fallecido- aquella solemnísima promesa de última hora. La espantá de los galanes fue memorable, porque en su huida chocaron contra las tapias en una noche oscura, que no olvidarían a lo largo de sus vidas.

El otro, con ocasión del casamiento de un viudo, que emprendió su viaje de luna de miel en tren desde la estación isleña. En ese preciso momento, sobre las ocho de la tarde, se daba la circunstancia de que, al término de un partido de fútbol del C. D. San Fernando, el árbitro del encuentro -que debía coger el mismo tren- fue seguido con amenazas por centenares de cañaíllas indignados por su actuación con el equipo local. El novio, creyendo que la manifestación era contra él, por su avanzada edad y antecedentes de viudez, se enfrentó al público con un discurso justificativo de su actitud de "Romeo", mientras que el árbitro, a cubierto de la tempestad, se solazaba en uno de los vagones próximos.

El tercer hecho fue protagonizado por un soldado al que habían concedido varios días de permiso con motivo de la muerte de un familiar. A su regreso al destino se presentó con el uniforme teñido de negro, como la cosa más natural del mundo, causando la hilaridad de sus compañeros y un gesto de sorpresas en sus jefes, a los que se presentó todo compungido, alegando que la familia tiñó todos los trajes (incluso su uniforme militar) la noche del velatorio. El soldado era de una aldea de la alta meseta de Castilla. 

Y esto es todo, por hoy, mis queridos isleños.






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep