Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2003 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Acaba de salir en primera plana de un periódico de esta localidad el proceso de una mujer de nacionalidad albanesa que trabajaba en una fabrica de electrodomésticos en donde el jefe de la Empresa, un hombre desaprensivo y deshonesto, no tuvo el menor reparo de perseguirla hasta llegar a una situación que para la mujer estaba resultando insoportable. En un principio ella rechazó todas las insinuaciones y galantería con tacto y paciencia, siempre con ese miedo que se siente cuando se sabe que se tiene todo perdido y cualquier gesto inadecuado podía ser muy negativo para su trabajo. Pasaron algunas semanas y las cosas iban de mal en peor para Anne Sandosky que no sabía de qué forma rechazarle sin que pudiese perjudicarla seriamente.

Este hombre aprovechaba la menor ocasión para decirle que estaba dispuesto a ayudarla en todo lo que necesitara y que conociendo su difícil situación económica debería aceptar su ofrecimiento que sólo era motivado por un gesto altruista a una mujer que sentía desvalida y con poco recursos materiales. Anne, aunque dudaba de las buenas intenciones de este hombre, también le rondaba la idea que si aceptaba su ayuda sus problemas familiares cambiarían y su vida podría mejorar.
Anne estaba casada con un ingeniero técnico y tenía una hija de quince años. Tuvieron que dejar su país y emigrar por falta de trabajo. Al cabo de dos meses de incesante búsqueda el marido consiguió un puesto estable y la situación de la familia cambió ostensiblemente, por fin consiguieron una estabilidad que en su país no habían logrado.

Una noche de niebla que no se podía ver la cera de enfrente, el marido perdió el control de su coche y se estrelló contra un árbol. Salió con vida de puro milagro, pero desgraciadamente el golpe le dañó la espina dorsal y quedó paralítico, confinado en una silla de ruedas tal vez para el resto de su vida.

Anne que no tenia preparación alguna tuvo que aceptar un trabajo como obrera, con un sueldo que apenas les permitía cubrir los gastos que de ninguna forma sabían como reducir. Y para que las cosas fueran todavía más difíciles tuvo que estar debatiéndose constantemente con los avances de este hombre que no sabía de qué forma pararle los pies.

A los pocos días de la primera tentativa de acercamiento la mandó llamar a su despacho con el pretexto de cambiarla de sección y darle un puesto mejor, con un salario que la permitiría hacer frente a los gastos que le suponía la invalidez de su marido, ella para complacerle sólo tenía que aceptar salir con él a cenar, durante la comida podrían conversar sobre su situación en la que estaba dispuesto a ayudarla y le aseguraba una vida más descansada y más tiempo libre. Ella veía que las cosas no iban por buen camino y su ansiedad y preocupación no la dejaban descansar a ninguna hora del día ni de la noche, y sobre todo porque no quería decirle a su marido el problema tan serio que se le había presentado en el trabajo. 

Una semana después de sus tentativas de acercamiento el hombre en cuestión la mandó llamar a su despacho. Ella sin saber qué hacer y con una aprensión que la ahogaba llamó a la puerta que estaba entornada. El la estaba esperando delante de su mesa de despacho. Nada más entrar, y cuando intentaba decirle que tenia mucha prisa por llegar a su casa, él sin ningún miramiento ni preámbulo alguno se precipitó hacia ella abrazándola despiadadamente. Ana se debatía como podía y en el forcejeo, su brazo entró por el cristal de la biblioteca que le desgarró toda la piel. Aterrada y despavorida corrió a una casa de socorro para que le parasen la hemorragia que apenas la permitía mantenerse de pie. Cuando llegó a su casa, blanca como la pared, decidió contarle al marido todo lo que estaba pasando en su trabajo y le confesó que hacia muchos meses que el dueño de la fabrica no la dejaba en paz. Decidieron de común acuerdo que lo único que le quedaba por hacer era denunciar a este hombre y desenmascarar sus indeseables maneras, y que la justicia acabara con estos atropellos que siempre quedaban en silencio. La causa es el miedo que tiene siempre la mujer a ser incomprendida y que salga perjudicada en su situación laboral.

No fue nada fácil entablar un juicio por una causa que no había ninguna prueba y que muchas veces las mujeres denunciaban a sus jefes por despecho y celos. Al fin logró que su caso fuera tenido en cuenta y un juicio a puerta cerrada tuvo lugar para una confrontación en que cada uno podía exponer la versión de los hechos. 

Anne no contaba con la influencia y poder que esta clase de personas tiene a su alcance, y así fue como el acusado encontró un abogado hábil y sin escrúpulos que afirmo lo contrario de lo que ella alegaba en su defensa alegaba. Además de su brazo desgarrado que era una prueba evidente de lo que sucedió aquella noche del 19 de noviembre. 

No fue difícil para su abogado afirmar lo contrario. Según el letrado no era la primera vez que esa persona acudía al despachó de su defendido para pedirle un aumento de sueldo y proponerle alguna salida para cenar juntos. Como él se negara a los caprichos de su empleada porque tenía un matrimonio sólido que no quería romper sólo para pasar un rato con una mujer que apenas había cruzado dos palabra seguidas. Lo que sucedió aquella tarde fue porque dicha señora se vio rechazada y humillada y fue entonces cuando se abalanzó sobre él y vino a incrustarse con la biblioteca y su brazo se desgarró por la rotura de los cristales.

Deliberaron durante menos de una hora y el caso fue zanjado rápidamente. Fue absuelto el acusado por falta de pruebas y dado que era una persona honorable y muy seria no podían castigarle solamente por las acusaciones de una mujeres extranjera que además nadie conocía.

Al cabo de unas semanas sucedió lo inesperado. El patrón de la fabrica mandó llamar a su empleada, a la que por razones humanitarias no había dejado en la calle. Con enorme desconfianza acudió a su despachó y con una aprensión que le hacia temblar de arriba abajo se presentó a la hora establecida diciéndose así misma que no tenia ya nada que perder.

El señor en cuestión fue al grano. Le propuso que tenia que declarar públicamente que todo lo que había dicho era mentira. Tenía que dejar las cosas bien claras ante la opinión publica y de sus empleados para que su reputación quedara a salvo de las habladurías y comentarios que a diario circulaban por todos los rincones de la fabrica

Solamente tenia que confesar que había mentido. El motivo de haber mentido era por llamar la atención por todas las calamidades y penurias que estaba pasando. Después ha recapacitado del prejuicio que había ocasionado y quería devolverle el honor a su jefe que siempre se había preocupado mucho por ella.

Sólo por dejar el hecho claro, él le daría una gran suma de dinero que le permitiría llevar a su marido a Estados Unidos y operarle para que pudiese recobrar la movilidad perdida. Anne decidió aceptar la propuesta, tal y como ya estaban las cosas no podía salir mas perjudicada de lo que estaba ya. El dinero que le ofrecía este desaprensivo ayudaría a su marido a sacarle de su inmovilidad que el pobre hombre apenas podía soportar.

El patrón de la Empresa arregló que se abriera una segunda sentencia para que las cosas se aclararan de una vez para siempre.

A la hora que ella se dirigía al juzgado su hija de quince años le salió a su encuentro. Madre -le dice-, de ninguna manera debes declarar que eres la culpable de todo lo ocurrido, después de todo ese dinero nunca nos dará una verdadera satisfacción sabiendo que viene de una persona tan innoble y malvada. Sé valiente y mantente firme hasta el final y después ya veremos que ocurre con nosotros. Tú al menos tendrás el orgullo de que todo el mundo sepa que eres una mujer digna.
La sala de audiencia estaba llena a rebozar. El patrón o jefe de la fabrica dio permiso a todo el personal para que pudieran asistir a la confesión de la individua, como él la llamaba despectivamente y que clarificara todo lo que ocurrido el pasado 19 de noviembre.

Él entró en la sala del brazo de su mujer que, muy altanera, le echo una mirada de desprecio, su venganza era humillarla ante todos y que por fin confesara que había mentido y estaba arrepentida de haber inventado semejante historia.

El silencio en la sala era tan profundo que se sentía la respiración de todos los asistentes.

Llamaron a la mujer para que declarara. Tenía la palabra y se comprometía a decir toda la verdad .

Con una mirada perdida y con una voz que era un grito de dolor y de injusticia se puso de pie. Quería decir de una vez para siempre que lo que había sucedido aquel inolvidable y doloroso 19 de noviembre era la pura verdad.

-Vuelvo a declarar que el patrón de mi Empresa, este señor que está en el banco de al lado, estuvo acosándome sin tregua en todas las ocasiones que se le presentaban. Sé que tengo todo perdido y a pesar de ello hago esta declaración no sólo por mí, y mi familia, sino por todas esas mujeres que como yo se ven acosadas a diario por estos individuos que quedan siempre impunes. Si he aceptado a declarar nuevamente ha sido porque este hombre me mandó llamar hace dos semanas para ofrecerme una suma fuerte de dinero, que en un principio acepté por mi difícil situación familiar. Mi marido está parapléjico y la sola idea de pensar que podía devolverle la movilidad me hizo aceptar su propuesta y estaba decidida a declararme culpable sólo por sacarle de su silla de ruedas y tratar de que tuviera una vida mejor. Cuando me dirigía a la Audiencia, ha sido mi hija de quince años que me ha convencido para que dijera la verdad, porque el dinero no puede comprarlo todo, y menos la reputación de una mujer. El accidente del 19 de noviembre fue porque este señor me mandó llamar a su despacho y, sin que mediara una palabra entre nosotros, se abalanzó sobre mí y con todas su fuerzas me desgarró el vestido para violarme, en el forcejeo y lucha que hubo entre los dos fue lo que provocó el accidente que sucedió a continuación. Sé que no tengo manera de demostrarlo pero esta es la única y sola verdad de lo que ocurrió aquel día.

El silencio se hizo de nuevo en la sala, momentos en que una voz de mujer pequeña y asustada pidió que se la escuchara para hacer una declaración tardía.

Me llamo Liliane -dijo- y soy la mujer de la limpieza que hace el trabajo en la fabrica desde hace mucho años, todos lo días después de la cinco de la tarde. Siento haber tardado todo este tiempo en confesar lo que ocurrió el día 19 de noviembre pasado, pensaba hacerlo porque me sentía desgarrada cuando oí a esta pobre mujer como gritaba para deshacerse del hombre que despiadadamente la violentaba. Por la ventana del despacho que da al pasillo en donde yo estaba limpiando, vi como intentaba abrazarla y como ella se debatía y luchaba para deshacerse de él. Mi patrón supo que yo había visto la escena, y me mando decir que guardara silencio. Tengo un hijo minusválido que necesita de mi trabajo y para que no le falte lo esencial en su discapacidad tuve que aceptar el dinero que este señor me ofrecía... Además me prometió que le buscaría una institución en donde podría dejarme más libertad y más descanso. Esto es todo lo que tengo que decir y juro por Dios que es la pura verdad.

Cuando la mujer se quedó callada se oyó un aplauso leve casi sin fuerzas, para secundarle otro y otro hasta llegar ocasionar un ruido ensordecedor que el juez tuvo que dar un martillazo enérgico en la mesa para que los asistentes guardaran silencio.

En pocos segundos la sala quedó silenciosa. Una mujer también joven y apuesta como Anne alegó que ella tenía algo que decir. 

-Tengo que pedir disculpas a este tribunal y a mi compañera de trabajo por no haber hablado cuando se hizo el primer juicio. Yo me encontraba en las misma circunstancias que Lilian la limpiadora. También yo tengo problemas familiares. Estoy separada y con dos hijos pequeños que sacar adelante y por eso no me he atrevido a decir lo que me parece que es justo. También yo he sido acosada por este hombre y muchas cosas más de las que ahora no puedo decir en publico, También estuve sometida a un chantaje moral por mi mala situación económica. Ahora sin embargo no me importa perder mi trabajo y tener represalias. Hago esto por todas las mujeres que trabajan aquí y en otros lugares del mundo que están sometidas a ultrajes y abusos que nunca pueden acabar demostrando. Por ellas y por la futura generación declaro que este hombre nos ha maltratado moralmente de una forma tan indigna que necesitan un castigo ejemplar para que no vuelva a ocurrir nunca más.

Este caso ha hecho jurisprudencia y está ya establecido que tendrán cinco años de cárcel el hombre que incurra en abusos a la mujer en los lugares de trabajo. Y las animan a que denuncien sin preocupación hechos como éste.






 

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