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Como sabemos, Luis Cernuda, sevillano (1902-1963), perteneció a la Generación del 27. Hoy día es junto a Antonio Machado y Miguel Hernández, el poeta que más ha influido en las nuevas promociones. Con motivo de su primer centenario, se le han dedicado numerosos homenajes en toda España, pero especialmente en su Comunidad andaluza, en la que la Junta ha editado una pequeña antología como texto de divulgación, muy en concreto para los colegios e institutos. Cernuda ha sido también poeta de gran influjo en los poetas del grupo cordobés Cántico, como Juan Ramón Jiménez., Por esta misma vía, los poetas Novísimos y los posteriores a éstos lo han recuperado como de un ostracismo literario. Bajo el título La realidad y el deseo, se recoge todos los poemarios publicados hasta 1936. A éstos se añadirán otros hasta su muerte. Escribió, además, un precioso libro en prosa titulado Ocnos, que algunos críticos consideran hermano menor de Platero.

Hay en su poesía dos temas permanentes: la soledad y el amor, si bien el primero podríamos desdoblarlo en el exilio y la soledad propia de un hombre que por unas circunstanciales personales de "inadaptación social" se siente marginado. Por lo tanto, el amor, su otro tema constante, está implicado en el anterior de una forma especial. 

El exilio es ya una poderosa razón para que la tristeza ponga unos tonos morados y suaves en sus versos. Cernuda jamás renunció a ser español, a pesar de que tuviese dificultades en la comprensión y en la amistad con españoles respecto a la buena acogida de sus libros. "No me queréis -lo sé- y es que os molesta cuanto escribo..."

Cernuda había heredado del romanticismo becqueriano una rebeldía contra la realidad, detalles éste que no se repite en sus compañeros de generación con la misma fuerza con que se da en él. Donde habite el olvido es precisamente un título tomado de un verso de una rima (por cierto, profunda y de tono trágico) de su paisano Gustavo Adolfo, cuya delicadeza y contención están presentes en gran parte de la obra de este poeta emigrado, como otros tantos, a raíz de nuestra guerra civil. La presencia de la naturaleza es continua, tal como en su magnífico poema Violetas o en Pájaro muerto, por citar dos muestras antológicas de su poesía.

Pero al hablar de la melancolía de un poeta, se dirá que ese rasgo es común en los poetas y que esta observación mía no tiene apenas novedad y es por ello innecesaria. Sin embargo, leyendo la obra cernudiana nos sobrecoge el tono alicaído de su verso, invitándonos a una reflexión, porque se trata del drama de un hombre condenado al aislamiento: "En medio de la multitud le vi pasar con sus ojos tan rubios como su cabellera... / Una mujer se arrodilló a su paso... / Me pesaba la vida como un remordimiento: quise arrojarle de mí. / Mas era imposible porque estaba muerto y andaba entre los muertos."

Ahora bien, no se piense que la herida que sangra en la poesía de Cernuda está provocada por su problemática íntima. Hay en él una motivación persistente que es la evocación de su tierra natal, la región que le enriqueció su retina de una policromía inolvidable: "Quizá mis ojos no vean más el Sur / de ligeros paisajes dormidos en el aire... / En el Sur, tan distante, quiero estar confundido. / La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta..."

Tanto por su insatisfacción amorosa como por su añoranza, la melancolía de Cernuda es sincera y legítima, cosa difícil en la poesía, aunque parezca lo más corriente.  






 

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